Críticas

Cementerio de animales: Algo irregular, pero un digno remake.

3 de abril de 2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

En el 30 aniversario de la mítica adaptación cinematográfica de Cementerio de Animales de Stephen King –dirigida por Mary Lambert en 1989 y traducida locamente al español, en el clásico movimiento absurdo de aquí, como “El cementerio viviente”-, Kevin Kölsch Dennis Widmyer nos traen una nueva versión del clásico de la literatura de terror, realizada con mucho más presupuesto y calidad de medios de producción.

El resultado de la obra es el de un producto que, si bien irregular, deja un buen sabor de boca. La primera mitad de la película se hace pesada, es demasiado lenta, está llena de clichés innecesarios –le falta un abuelo con gorra en una gasolinera diciendo “no vayáis por ahí, os llevará a una muerte segura” para que podamos cantar bingo– y los sustos son fáciles y gratuitos. Recuerda a cualquier slasher genérico de los 90 –que no fuera la magistral saga Scream, por supuesto– en el que cada vez que pasa un coche suben mucho el volumen para que te asustes y no se te olvide que estás viendo una peli de miedo durante los ratos en que no pasa nada interesante.

Pero esta dejadez de la primera parte queda compensada con creces cuando, a partir del potente plot twist a mitad de la historia, la dirección da un giro y se convierte en una verdadera película de terror escalofriante que ya no recurre al truco fácil, sino que es capaz de generar una atmósfera terrorífica por sus propios medios –¿Quizás tenga que ver con que haya dos directores? ¿Habrá dirigido cada uno una mitad?-. De modo que al principio puede resultar un tanto aburrida, pero la segunda mitad es tan infartantemente siniestra y demoledora que todo fan del buen cine de terror saldrá de la sala con un buen recuerdo e ignorará la falta de tino del comienzo. Si te gusta pasar miedo, aquí vas a disfrutar.

La fotografía y la dirección son impecables, muy al estilo del cine de terror de los 80, contribuyendo a generar ese ambiente tétrico y espeluznante que tan necesario es para apoyar las historias de Stephen King, en que lo bucólico y entrañable se mezcla de forma indisoluble con lo escalofriante y demencial. En ciertos aspectos estéticos, recuerda mucho a la adaptación de 1989 de Mary Lambert –de hecho, el crío es tan clavado al de la película original que me pregunto si será un clon de éste-.

Los actores son en su mayor parte relativamente desconocidos, lo cual lejos de restarle atractivo a la obra, ayuda a otorgar veracidad a la historia y a que nos metamos más en ella. Los vemos como a una familia de verdad, nuestros vecinos de al lado, nos los creemos. Jason Clarke –ese extraño cruce entre Mark Ruffalo y Woody Harrelson al que he decidido apodar Work Ruffarrelson– está espléndido, pero Jeté Laurence, la niña que interpreta a su hija de 8 años, es tan brillante que se come al resto del reparto con patatas. Excepto quizás a John Litgow, el mítico protagonista de Cosas de Marcianos, que aquí interpreta al vecino redneck y nos deja con la boca abierta en su interpretación dramática.

Hay cambios drásticos –que no mencionaremos a fin de evitar spoilers– con respecto al libro original, pero no molestan, sino que le añaden credibilidad a la historia y la hacen más interesante, además de que así logra sorprender incluso a los fans acérrimos de Stephen King que se sepan el libro de memoria.

Sospecho que el gato elegido para la película, de raza Maine Coon –en el libro era un gato británico de pelo corto-, ha sido un guiño hecho aposta hacia el propio Stephen King, que siempre suele situar sus historias en el estado de Maine.

La película tiene algunos defectos, no nos engañemos. El principal es el abuso de la banda sonora tétrica, que si bien está muy bien compuesta, suena tan continuamente que agobia. Ese zumbido de fondo a lo David Lynch que no calla más que un par de minutos durante todo el metraje parece estar ahí diciéndonos “eh, no os olvidéis de que estáis viendo una película de terror, ¿vale? No vaya a ser que veáis una escena de emotivo drama familiar y se os olvide”. Llega a hacerse repetitivo y pesado, al menos durante la mitad de menor calidad de la cinta.

Otro detalle que provoca cierto dolor al espectador es el nivel de estupidez del personaje protagonista. Sabemos de sobras que los personajes principales de una peli de terror deben ser un tanto idiotas –Abed de Community ya nos dejó claro que, si los personajes fueran inteligentes y supieran cómo reaccionar de forma coherente, no habría historia de miedo-, pero el bueno de Louis alcanza unos niveles de imbecilidad que rayan lo absurdo. En parte, esto es algo bueno, porque justifica la abrumadora cantidad de cagadas que comete y elimina cualquier posible agujero de guión –vale, ha pasado una cosa muy poco creíble, pero no ha sido un diabolicus ex machina gratuito, sino simplemente que el protagonista es tonto-. Por otra parte, cuesta creer que un señor con tan escasa capacidad cognitiva como Louis haya llegado a los cuarenta años sin morir atragantado por un plátano y mucho menos que haya logrado criar a dos hijos sin que se le ahoguen en la bañera.

Dejando de lado estos desafortunados errores –la irregularidad de la calidad según el momento del metraje, el abuso de banda sonora y lo idiota que llega a ser Louis-, la película es digna y una estupenda adaptación de un clásico del terror de King.

Como apunte curioso, la mayoría sabréis que lo más mítico que tuvo la adaptación de 1989 fue la canción homónima de The Ramones que sonaba en los créditos finales. En esta nueva adaptación, tenemos una versión de la misma canción también en los créditos, cantada por alguien con una voz que recuerda vagamente a la de Courtney Love. Pero lo curioso –y altamente enervante– es que, por más y más búsquedas que he realizado por internet, me ha sido imposible encontrar quién ha hecho este cover, no aparece por ninguna parte. No lo vais a encontrar en la ficha de IMDB de la película, ni en su página de Wikipedia, ni en ningún otro sitio. Si, al igual que yo, sois de esas personas que cuando oyen una canción que les gusta necesitan saber quién la está cantando, solo puedo recomendaros que os quedéis a ver los créditos, al menos hasta la sección que suele venir casi al final de éstos en la que se detallan las canciones que aparecen, y ahí os fijéis en quién cantaba esta versión, porque no vais a poder encontrar esa información en ningún otro lugar. Tampoco será difícil de identificar en los créditos, al fin y al cabo es la única canción que suena en la película además del irritante zumbido lynchiano.

Cementerio de Animales puede ser algo irregular, sí, pero es un buen producto. No será tan redonda y perfecta como fue el remake de It de 2017, por supuesto, pero es una película de terror digna y entretenida. Zombis, casas bonitas en medio de bosques siniestros, protagonista medio lelo y niños que dan escalofríos. Tiene todos los ingredientes que necesitamos para pasar un buen rato de sustos.

Artículo de Jöse Sénder.

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Reseña | Flash de Mark Waid: Relámpago expansivo

19-3-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

El nuevo tomo recopilatorio de Flash que ha lanzado ECC, titulado Relámpago Expansivo, recopila un largo y complejo arco argumental escrito nada menos que por el mismísimo Mark Waid. Este tomo de gran formato en tapa dura consta de la friolera de 568 páginas –aseguraos de llevar una bolsa bien gruesa cuando vayáis a comprarlo- y podéis encontrarlo en vuestra tienda de cómics al módico precio de 46,50 €.

Nos encontramos en la etapa de Wally West y asistimos al principio de todo a su esperada boda con Linda Park, en la cual la propia Linda es secuestrada por un misterioso villano y extraída de la corriente temporal, borrando todo rastro de su existencia hasta el punto en que nadie –excepto, por algún motivo que no he acabado de entender, Impulso- recuerda haberla conocido.

A raíz de este interesante punto de partida, comienza un complejo arco narrativo con montones de ramificaciones, en el que se suceden viajes en el tiempo y paradojas cuánticas como toda buena historia de Flash debe tener. Ríete tú de Doctor Who o El Efecto Mariposa –sobre todo de ésta última, porque costaba tomarse en serio a Ashton Kutcher-.

A lo largo de la intrincada trama, vamos topándonos con multitud de versiones de Flash de distintas épocas, algunas que ya habíamos visto anteriormente y otras a las que conocemos por primera vez durante un fugaz instante, en mitad de los vertiginosos viajes de Wally por el espacio-tiempo.

En cuanto a los velocistas que ya conocíamos, tenemos aquí al elenco completo para dejarnos claro que ésta es una historia trascendental, épica y que supone un punto de inflexión en la historia de Flash. Están Wally West, Barry Allen, Jay Garrick, Jesse Quick, Max Mercury, Impulso, Xs, los Gemelos Tornado e innumerables iteraciones más. Llega un punto en que empezamos a sospechar que en el DCverso hay más gente con poderes de velocista que sin ellos.

La galería de villanos que puebla las páginas de este tomo tampoco se queda corta. Desfilan por esta aventura desde el Profesor Zoom hasta Azul Cobalto, desde el Replicante hasta las versiones futuristas del Capitán Frío –Comandante Frío, en este caso- y Ola de Calor, desde Kobra hasta Thawne –uno de ellos, al menos- y un largo etcétera.

En esta ocasión, ECC parece haberse olvidado de incluir la habitual página al principio en la que se detallan los créditos y fechas de publicación de cada uno de los capítulos, ésa que sólo los frikis repasamos con atención –bueno, no se lo vamos a tener en cuenta, con el currazo de edición que se han pegado, un pequeño fallo lo tiene cualquiera-, pero por algunos detalles de las portadas podemos aventurar que la multitud de historias que componen este vasto recopilatorio se sitúan en torno al año2000.

El dibujo –y sobre todo el color-, no nos engañemos, es muy de la época y en ocasiones se hace un poco duro de mirar. Pero, a partir de la mitad del tomo, Paul Pelletier se encarga de mejorarlo muchísimo y hacerlo muy atractivo. Sobre todo en la historia corta que, a modo de flashback, protagonizan un Wally West adolescente y Montague –uno de los simios de Ciudad Gorila-, que es una verdadera delicia visual.

Y hay que admitir que el uniforme granate y blanco del nuevo y misterioso Flash que llega a Keystone para ayudar a Garrick –el que podéis ver en la portada del tomo- es uno de los más molones que haya visto no sólo en Flash, sino en cualquier cómic de superhéroes.

Una historia que, pese a sus evidentes carencias en el apartado gráfico –al menos durante la primera mitad del tomo-, resulta muy interesante y entretenida, con gran cantidad de giros dramáticos y sorpresas como no podía esperarse de otra forma de un guión de Mark Waid. Imprescindible para todo buen fanático del velocista escarlata.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | Presidente Lex: el peligro de dar alas a un maníaco sediento de poder

28-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

ECC nos trae un nuevo tomo de lujo de Superman, dentro de su colección “El nuevo milenio”. En este caso, recopila la mítica era de principios de los 2000Presidente Lex, que narra el ascenso de Lex Luthor hasta la presidencia de los Estados Unidos. Es la espeluznante historia de cómo un villano retorcido y cruel puede llegar a manipular a las masas hasta el punto de convertirse en el hombre más poderoso del mundo de forma legal. Algo que tristemente ahora mismo está de actualidad en los USA. Y es que la historia de Luthor en esta saga recuerda de forma tan escalofriante a los sucesos reales de la sociedad americana actual, que los clásicos fans conspiranoicos de “los Simpson ya predijeron que…” pueden encontrar en este tomo una nueva fuente de inspiración para sus teorías absurdas.

Lex Luthor siempre ha sido un villano interesante, con su intelecto y su capacidad de manipulación como gran superpoder. En esta saga, podemos apreciar esa manipulación llevada a tal extremo que hasta Aquaman se deja encandilar por su malicia.

El elenco de autores que componen el volumen es, cuanto menos, estelar. A los guiones tenemos grandes nombres como Jeph Loeb –uno de los pesos pesados de DC– o el mismísimo Mark Schultz –el genio incomparable que creó el legendario cómic Xenozoic Tales, que nos llegó a España en forma de serie de animación en los 90 bajo el título de Cadillacs y Dinosaurios-.

Al dibujo, se compaginan historias de varios autores, destacando sobre todo grandes estrellas como Paul Pelletier –She-Hulk-, Paco Medina –New X-Men-, Carlo Barberi o el incomparable Joe Madureira. Quizás el que brilla con luz propia en la mayor parte de este volumen es Ed McGuinnessGen13-, cuyo espectacular estilo ejemplifica a la perfección la época en la que se publicó esta saga, con reminiscencias de los 90 pero quedándose solamente con los elementos interesantes de entonces y eliminando la parte más hortera para adaptarse al nuevo siglo. Su dibujo es siempre divertido y agradable para los sentidos, como se nos demuestra en el número que dibuja con simpática aparición de la Young Justice o en la hilarante aventura de Jimmy Olsen y Superman Bizarro.

No acaba aquí el desfile de talentos, porque se incluyen en el volumen varias historias muy cortitas dibujadas por grandes estrellas invitadas, de la talla de Humberto Ramos, Arthur Adams, Mike Wieringo, Rob Liefeld –vale, a éste lo llamo “gran estrella” en modo irónico-, Todd Nauck o Tim Townsend.

Uno de los momentos más interesantes que completan este volumen es la historia en que se nos muestra un documental televisivo sobre la vida de Lex Luthor, pero tergiversando y manipulando los hechos para que, a ojos del espectador, Lex parezca el bueno y Superman el malo. El estilo visual de la historia recuerda al del mítico Marvels de Alex Ross –salvando las distancias porque, por muy bueno que pueda ser cualquier otro autor, Ross es inigualable-.

Estamos pues ante una obra interesante y completa que nos muestra el peligro de dar alas a un maníaco sediento de poder. Quizás si más gente hubiera leído este cómic cuando fue publicado, ahora el mundo estaría un poquito mejor.

Artículo de Jöse Sénder.

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Reseña | Los Cuatro Fantásticos, de Dan Slott

18-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Los fans de los cómics clásicos de aventuras estamos de enhorabuena. Debido probablemente a la recuperación de los derechos de Fox y de Konstantin Films por parte de Disney, la primera familia de superhéroes –el grupo más legendario, el que dio inicio a la era Marvel en junio de 1961 y bautizó al universo 616– ha vuelto por fin, después de una época oscura para los cómics en que la triste ausencia de Reed Richards se hacía notar en el mundo. Si algo está claro es que el universo necesita siempre a los 4 Fantásticos. Y no me refiero necesariamente al universo Marvel.

El arranque de esta nueva etapa nos llega de manos del brillante guionista Dan Slott –uno de los pesos pesados del cómic estadounidense de lo que va de siglo– y el dibujo de la siempre espectacular Sara Pichelli, que se ha ganado con honores un puesto entre los dibujantes más admirados del momento. Completan el número una historia corta dibujada por el fascinante artista italiano Simone Bianchi y una tira cómica del siempre divertido Skottie Young.

Aunque aún es pronto para poder analizar la obra a fondo, este primer número ya muestra un poco por dónde van a ir los tiros. Y, francamente, parece un camino agradable. Al ser un primer capítulo de presentación de la nueva era, se centra más en mostrarnos en qué momento emocional de sus vidas está cada personaje y aún no podemos meternos de lleno en las clásicas tramas 4F de aventuras locas y desenfadadas –excepto por un breve flashback que nos muestra una aventura sencilla y divertida de tiempos mejores-. Pero, aunque sea de un modo muy esbozado, ya empieza a augurar los elementos que conformarán la obra, que son los pilares básicos que siempre han tenido los cómics de los 4 Fantásticos, los que los hacen imprescindibles como faro luminoso en un mundo oscuro: Aventura, viajes espaciales, descubrimientos fascinantes, lazos familiares, algo de drama emotivo y sobre todo un elenco imprescindible de secundarios de lujo.

Y es que el bueno de Slott ha sabido incluir ya en el primer capítulo a todos los secundariosimportantes de los 4F, aunque en algunos casos sea de forma más anecdótica que en otros, pero sabiendo que mostrarlos ni que sea un leve instante ya va a dejar claro al lector que éste va a ser un cómic clásico de la franquicia. Alicia Masters –el eterno amor de La Cosa-, Wyatt Wingfoot –el mejor amigo de la Antorcha-, los macarras de la calle Yancy, Medusa, Crystal, Hulka –siendo Dan Slott, no podía dejar de incluir a su personaje más querido-, Willie Lumpkin –nuestro cartero favorito– y, por supuesto, el Doctor Muerte, probablemente el villano más carismático de Marvel –y de lo que no es Marvel-.

Los diálogos de Slott son siempre brillantes y su forma de narrar no admite queja alguna, como ya nos lo demostró en su legendaria etapa de Hulka –She-Hulk by Dan Slott volúmenes 1 y 2, 2004 a 2006, uno de los cómics más divertidos que vais a poder encontrar jamás-. Y en este nuevo inicio de los 4 Fantásticos no parece que vaya a defraudarnos en absoluto. Sólo tenéis que ver a Johnny Storm haciendo de Ferris Bueller en una hilarante escena de este número para que os quede claro que esto es puro Slott. Oh, y no sé a vosotros, pero a mí la splash-page de la página 22 me ha arrancado una sincera lagrimita.

Sólo podemos esperar al próximo número con ansia y altas expectativas. Porque “el mejor cómic del mundo” –como reza el propio subtítulo de la serie– ha vuelto por todo lo alto y promete estar a la altura de sus mejores épocas, las originales de Stan Lee y Jack Kirby en los 60 o la era de Pacheco, Larroca, Davis y otros grandes en el Fantastic Four volumen 3 de 1998 a 2003.

Y es que, como decía la tía Petunia: ¡Es la hora de las tortas, verdaderos creyentes!

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | Alita: ángel de combate

12-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Pese a la presencia del muy venido a menos James Cameron –que pasó de ser el genio que dirigiera obras cumbre como Terminator 2, Aliens o Mentiras Arriesgadas a ser el artífice de tostones infumables como Avatar-, Alita es una película de acción entretenida que se puede disfrutar, si no te pones muy quisquilloso con su fidelidad como adaptación. Y esto se debe, principalmente, a la gran labor de dirección del maestro Robert Rodríguez, que rara vez defrauda a sus fans –excepto cuando le da por meter a Enrique Iglesias en una película de tiros, pero por suerte éste no es el caso-.

No tenía grandes expectativas con esta nueva adaptación americana de un manga legendario, pero me acabé encontrando con una cinta de acción que, si bien superficial, resulta bastante decente. No olvidemos que poca gente puede dirigir escenas trepidantes, peleas y persecuciones como el bueno de Rodríguez –El Mariachi, Desperado, Machete, Abierto hasta el amanecer, Planet Terror, The Faculty-.

La historia de la película es básicamente la trama del primer tomo del manga original –Gunnm, de Yukito Kishiro, traducido en el mundo occidental como Alita: Ángel de Combate-, pero añadiéndole partes de la trama del tercer arco –las competiciones de Motorball– y algunos detalles extraídos de distintos momentos de la serie original.

En este sentido, es relativamente fiel al original –o al menos, mucho más que otras adaptaciones como Ghost in the Shell, Constantine o todas las películas de Marvel-, en cuanto a que se basa en elementos sacados de la serie original, aunque estén remezclados un poco a gusto del director, pero intentando que todo provenga de la obra madre en mayor o menor medida. Eso sí, sin dejar de ser otra americanización de una obra clásica japonesa, de la que nos quedamos con las partes más superficiales de la historia y eliminamos todo lo profundo y metafísico que hubiera. Como curiosidad, los nombres de algunos personajes están cambiados, pero no es que se los hayan inventado para la película, sino que están basados en la traducción occidental que se le dio al anime al exportarlo –un poco como si hicieran una peli del Capitán Tsubasa y lo llamasen Oliver Atom-.

Aunque hay una parte que hace flojear la película y destruye casi por completo una historia que podría haber sido mucho más memorable: la vergonzosa trama romántica. La parte de la película que se han sacado de la manga –y no del manga– es una absurda y gratuita subtrama de amoríos adolescentes entre Alita y un sosainas infumable llamado Hugo. El tal Hugo –que en el original sólo era un amigo más de Alita– es sin duda el personaje más insulso, aburrido e innecesario que he visto en una película en los últimos 20 años, una mezcla entre Riley Finn de Buffy Cazavampiros, Danny Pink de Doctor Who y cualquier personaje interpretado por Shia LaBeouf entre 2005 y 2010.

Si lo que querían mostrar era la relación entre un ciborg como Alita y los simples humanos, ya se había establecido una interesante y emotiva relación padre-hija entre ella y el Doctor Ido. No era necesario colar esa “trama Crepúsculo” que choca con el personaje, con la historia y con el estilo general de la obra. Si tuviera que aventurar una conjetura de por qué metieron esta inexplicable subtrama, diría que Cameron –el peor productor del mundo– se empeñó y el pobre Rodríguez tuvo que meterla con calzador y a regañadientes, procurando que dicha trama no influyese mucho a la película y se pudiese recortar sin problemas en un futuro montaje del director, que probablemente aumentaría exponencialmente la calidad de la película.

Y es que Robert Rodríguez es un director como la copa de un pino y además se le nota que es un gran fan del manga Gunnm. Es una lástima que tenga a James Cameron produciendo y cortándole las alas –y no me refiero al brillante Cameron de los 80, sino al Skrull que le ha sustituido últimamente, el que se ha endiosado desde que ya no tiene detrás a un productor de verdad diciéndole “recorta esa parte, que sobra, y retoca esa otra para darle coherencia”-. Sus escenas de acción son impecables y divertidísimas. Algunas escenas de lucha están calcadas del tebeo golpe por golpe y plano por plano, así como los diseños de los villanos ciborg, con un cariño por la obra original que se ve al primer vistazo. Personalmente, me emocionaba cada vez que veía a Alita usar su mítica técnica del Panzer, la voltereta con patada vertical de arriba abajo con la que puede partir a la gente en dos como si nada. Sí, quizás hay algunos momentos de chulería y frases lapidarias que chocan un poco con el carácter inocente de la protagonista, pero tampoco molestan tanto como la presencia de Hugo, la verdad.

El casting no admite queja alguna, si intentamos no dar importancia a que los actores en esta versión no sean japoneses sino occidentales: Christoph Waltz –Doctor Ido, Jennifer Connelly Chiren y Mahershala Ali Vector están tan espectaculares como lo están siempre en todo lo que hacen. La joven y desconocida Rosa Salazar interpreta a Alita de forma estupenda. Tenemos ciertas agradables sorpresas como recuperar a una olvidada estrella de acción de los 90, Casper Van Dien –Amok-, o a un viejo conocido de la filmografía de Rodríguez, Jeff Fahey –lo habéis visto en Machete o en Planet Terror-. Y no os diremos quién interpreta al villano que mueve los hilos entre las sombras, Nova, para que no os explote la cabeza.

La gran baza de esta película es su apartado visual. El departamento de dirección artística lo ha bordado y eso hay que admitirlo, por mucho o poco que nos pueda gustar el guión. El trabajo de diseño de producción es de lo mejorcito que se haya visto en lo que va de siglo: Los diseños de decorados, de vehículos, la estética cyberpunk decadente, los diseños de los ciborgs. En definitiva, la exhaustiva creación de un mundo post-apocalíptico, creíble pero a la vez impresionante. En cuanto a dirección de arte y a efectos visuales, sublime. No suelo ser un gran admirador de ver cine en 3D, pero en este caso está muy bien creado y lo recomiendo encarecidamente.

Uno de los puntos más criticados por el público desde el tráiler fue la deformación de los ojos de la protagonista para darle un toque más manga. Pero debo decir que no desentona con la película. Tengamos en cuenta que estamos ante una película de ciencia-ficción futurista con montones de CGI, en la que casi la totalidad de los personajes tienen retoques digitales para mostrar sus partes robóticas y deformidades corporales, para dejarnos claro que en ese futuro, quien más quien menos, todo el mundo tiene algo irreal e imposible en su físico –algo que no se habría podido hacer tan bien sin efectos visuales-. Así que, pasado el shock inicial de los primeros cinco minutos de película, casi te olvidas de los ojos de Alita.

Visualmente, esta película es un 10 sobre 10. En cuanto al guión, es un 6 pelado y gracias. Pero estoy casi seguro de que, con un buen remontaje –eliminando la gratuita subtrama cameroniana del soporífero amorío adolescente, que nos hacía poner los ojos en blanco hasta alcanzar el umbral del dolor, y procurando que Hugo no apareciese en un solo plano ni se le mencionase en absoluto-, el apartado de guión podría subir de un 6 a un 8 y dejarnos una cinta media hora más corta, mucho menos irregular, mucho más agradable.

No esperéis una historia profunda y existencial que os cambie la vida. Pero como película de acción, de hostias, robots, carreras y ciencia-ficción, es muy entretenida y Rodríguez nunca defrauda en este aspecto.

Artículo de Josë Sénder.

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Reseña | La Lego película 2: Todo es fabuloso

5-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

¿Te gustó la Lego-Película? Pues probablemente te gustará la Lego-Película 2, subtitulada en un alarde de humor como “La segunda parte”. Sólo con este subtítulo ya nos hacemos una clara idea de que la cosa va a estar cargada de risas.

Tan divertida y loca como la primera, una película para todos los públicos que los más pequeños disfrutarán y con la que los adultos se reirán a carcajadas. Su tono infantil y desenfadado no la exime de una enorme dosis de humor ácido y cargado de mala baba que llenaba la sala de cine de risas incontrolables, con algunos chistes de humor muy fácil y otros tremendamente inteligentes y bien pensados.

Tranquilos, papis y mamis, todo lo adulto es lo suficientemente sutil como para que ningún niño capte el humor negro y sarcástico con el que sus padres se desternillarán. Pero la película es lo bastante alocada y llena de aventuras para que esto no afecte al disfrute infantil.

Si algo negativo se le puede achacar es que el plot twist del final de la primera entrega fue tan potente que dejó un listón demasiado alto. En la primera entrega nos encontrábamos con un mundo loco y absurdo que no entendíamos y que parecía como si lo hubiera escrito un niño, hasta que al final nos sorprendía descubrir que, en efecto, todo lo que pasaba eran las aventuras imaginadas de un niño jugando con las maquetas de su padre –el grandioso Will Ferrell-. Lo que quizás hace que esta nueva entrega esté ligeramente por debajo es que, una vez conocida la sorpresa de la anterior, ya no tenemos ese elemento de incomprensión que nos mantenía en vilo toda la película. Desde el principio ya sabemos que toda esta locura la desata la imaginación de un niño y eso le resta misterio. Pero en esta ocasión también hay cierto giro de guión muy interesante que, aun sin ser tan chocante como el de la primera, te deja un buen sabor de boca.

Además, la acción, las risas y la genialidad visual compensan con creces cualquier defecto que la película pudiera tener. Los increíbles decorados de Lego vuelven a dejar con la boca abierta: no olvidemos que, aunque la película esté realizada mediante animación 3D, todo está diseñado en base a construcciones de Lego que se pueden llegar a hacer, lo cual en mi humilde opinión les suma muchísimo mérito a esos titanes que son los diseñadores de producción de esta obra. Construir el mundo de Mad Max con Legos y que quede tan real es, simplemente, impresionante.

La cantidad de guiños y referencias frikis a películas, cómics, videojuegos y demás es apabullante, quizás incluso más que en la primera entrega –lo que se agradece enormemente, dado que es una de las bazas más divertidas de esta saga-.

Esta vez hay que hacer especial hincapié en Batman, que afortunadamente tiene mucho más protagonismo que en la primera parte. Hay un montón de desternillantes referencias a su mundo de cómic y a los actores que lo han interpretado a lo largo de las décadas, con incluso algún pequeño cameo que puede hacerte soltar una lagrimita de nostalgia. “¡Necesitamos a Batman!”, grita el alcalde en una escena, “¡Los de Marvel ya no nos cogen el teléfono!

Sí, tiene las –tan odiadas por los adultos– escenas musicales de toda película de animación para niños. Pero están cargadas de humor y de comentarios cínicos y despectivos de los propios personajes, convirtiendo esas escenas que podrían haber sido altamente pastelosas en divertidas parodias de cualquier película de Disney.

A título personal, os recomiendo que si podéis la veáis en versión original, para no perderos las voces de la cantidad de famosos que aparecen, algunos como protagonistas y otros como breves cameos: Tenemos a Rosa de Brooklyn 99 en uno de los papeles principales, a la jueza de The Good Place, a los mismísimos Moss y Richmond de The IT Crowd –Los Informáticos-, Bruce Willis, Jonah Hill, Chaning Tatum, Jason Momoa, Cobie Smulders o Ralph Fiennes, entre otros.

Will Arnett. Sobre todo, Will Arnett.

Porque Will Arnett es probablemente el mejor Batman que haya habido jamás.

Todo es fabuloso.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | The Woods (volumen 8): La batalla final

30-1-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Un instituto de Wisconsin desaparece de repente y se teletransporta con todos los alumnos y profesores a una lunade otra galaxia, que al principio puede parecer un hermoso paraíso natural, pero en seguida descubrimos que es una cruda jungla asesina llena de terribles bestias y guerreros implacables. Así empezaba esta interesante historia, The Woods, en la que el genial guionista James Tynion IV nos va metiendo poco a poco en la compleja psique de un grupo de adolescentes, enfrentados a los horrores de la naturaleza alienígena para los que no están preparados.

Poco a poco íbamos descubriendo que en esa luna había más de lo que parecía. Empezando por esas extrañas fuentes de energía que enloquecen al que se acerque demasiado y lo consumen por completo. Siguiendo por el hecho de que otros humanos de nuestro mismo planeta, de muy variadas civilizaciones, habían sido trasladados allí siglos atrás por motivos desconocidos y ahora tratan de sobrevivir como pueden en un mundo salvaje y tribal, un poco al estilo de la serie Los 100.

En este nuevo volumen –que no es el último, pese a su título– se recopilan los capítulos 29 a 32 de esta magnífica y refrescante serie.

Después del enfrentamiento contra Isaac en la Ciudad Negra, que tuvo como sorprendente resultado el retorno de Sanami a la Tierra, el resto de protagonistas la dan por muerta.Karen Jacobs es ahora la gran protagonista, tras un impresionante arco de transformación del personaje que la ha llevado de ser esa niña pánfila sin personalidad que era en el primer capítulo a convertirse en una especie de Xena + Lara Croft + Todos los personajes del Assassin’s Creed juntos.

Harta de tanta muerte sin sentido y forzada a madurar demasiado pronto, Karen ha decidido llevar la batalla hasta las puertas de los japoneses antes de que sean ellos quienes les masacren de nuevo. Acompañada de sus fieles Ben y Sander, se infiltrará en el cuartel enemigo para intentar llegar hasta el cada vez más psicótico general Taisho.

Mientras tanto, Sanami tendrá que enfrentarse a su vuelta a la normalidad y los padres de los protagonistas al sorprendente descubrimiento de la existencia de civilizaciones alienígenas –más que nada porque Sanami se ha llevado con ella al adorable monito espacial Doctor Robot– y de que sus hijos en realidad no han muerto –aunque bueno, a estas alturas del cómic, pocos quedan ya-. Las habituales sorpresas y giros inesperados de guión no se harán esperar, como es habitual en esta serie.

Acción a raudales, paisajes preciosos y mucho, mucho drama psicológico pueblan las páginas de este nuevo volumen, como no podía esperarse menos de esta obra. Publicado originalmente por Boom Studios en América, aquí nos lo trae en un agradable formato de tomos de grosor medio Medusa Cómics.

Las ilustraciones de Michael Dialynas siempre asombran, combinando su estilo marcadamente indie con un preciosismo visual impresionante. Ese mundo de tonos morados, verdes y azules en el que Dialynas nos hace revolcarnos es una delicia visual, lo que no empequeñece la sensación de miedo y angustia que pretende –y logra– provocar el excelente guión de Tynion.

Sólo podemos esperar con ansia el próximo volumen de esta agradable sorpresa narrativa.

Una verdadera joya del cómic independiente, visualmente precioso e intelectualmente delicioso a partes iguales.

Artículo de Jöse Sénder

Críticas

Reseña | La increíble Patrulla X de Whedon (V2): Clásico instantáneo

14-1-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Antes de empezar, debo advertiros de que soy tan extremadamente fanático de todo lo que escribe Joss Whedon que la crítica que vais a leer probablemente no sea del todo imparcial. Pero, sinceramente, cualquiera que se haya dedicado al guión o al menos conozca un poco de este arte debería sentirse en la obligación moral de admirar a este genio.

Este nuevo volumen de Marvel Integral de tapa dura recopila la segunda mitad de la serie Astonishing X-Men vol. 3, del número 13 (2006) al 24 y el Giant-Size Astonishing X-Men (2008), con el que Whedon se despidió de su estancia en la franquicia.

Las tramas secundarias que Whedon había ido planteando levemente en sus dos primeros arcos argumentales –números del 1 al 12, recopilados en el anterior tomo de Marvel Integral-, y que no sabíamos muy bien adónde se dirigían, confluyen aquí en una historia apoteósica dividida en dos arcos. Para cualquier conocedor de la obra de Whedon, está claro que nada pasa nunca porque sí y que cualquier pequeño detalle tiene ramificaciones esenciales en el futuro.

Empezamos por todo lo alto: la gran villana de la primera mitad de la historia es nada menos que Cassandra Nova, la psicótica y peligrosa hermana gemela de Xavier. Probablemente estemos hablando de la enemiga más poderosa y temible que hayan tenido jamás los X-Men –donde incluso Magneto o Mister Siniestro podían llegar a mostrar compasión o a comedirse en sus planes malignos, Cassandra Nova es una bestia asesina y retorcida sin el menor atisbo de ética y moral-. No olvidemos que ella solita perpetró laMasacre de Genosha, exterminando a 16 millones de mutantes en apenas unos minutos. En esta nueva historia, Cassandra vuelve más terrorífica que nunca y manipula la mente de Emma Frost para que sea ella quien destruya a la Patrulla-X, mostrándonos lo poderosa que puede llegar a ser la Reina Blanca cuando lo logra en un santiamén.

Imagen del tomo anterior.

La segunda parte de la historia se desarrolla en Breakworld, el planeta cuyos profetas aseguraban que algún día sería destruido a manos de Coloso. Los X-Men van allí en una desesperada misión suicida junto a la agencia de defensa planetaria S.W.O.R.D., para intentar evitar que los gobernantes del planeta disparen una súper-arma contra la Tierra. Una vez allí, comenzarán a deshilar poco a poco una enrevesada conspiración política y religiosa.

Whedon es famoso no sólo por sus brillantes diálogos y sus frases demoledoras, sino sobre todo por su forma única de tratar la psicología de los personajes y adentrarse en su interior como ningún otro guionista sabe hacer, que es lo que hace grandes a todas sus obras. En esta serie ha querido dejar como secundarios a Lobezno o a la Bestia, dos personajes ya muy explotados por otros autores, y centrarse en explorar más los recovecos de otros menos manidos: Coloso –que en este volumen llega incluso a hacer un chiste, para asombro de todos-, Gatasombra –no es ningún secreto y el propio Whedon lo ha admitido abiertamente en más de una ocasión: su personaje televisivo estrella, Buffy Summers, está claramente inspirada en la adorable mutante rebelde y listilla que atraviesa paredes– y, sobre todo, su pareja favorita –que debería ser la favorita de todos-, Cíclope y Emma Frost. Cíclope y Coloso siempre habían sido mostrados como dos buenazos simplones y un tanto planos de personalidad, hasta que llegó Whedon, vio su potencial desaprovechado y decidió darles un giro, brusco pero completamente lógico, que aún a día de hoy sigue vigente.

Hablemos de Cíclope. Se acabó por fin el eterno boy scout tan bueno y justo como insoportable. En la etapa anterior, la de Grant Morrison, ya pudimos empezar a ver a un Scott que dudaba de Xavier y empezaba a plantearse que su camino de autocomplacencia podía estar equivocado. En el Astonishing de Whedon por fin asistimos a sutransformación en el justiciero malote que siempre debió ser. Y, como pasa en cualquier obra escrita por Whedon, no es gratuito, no es por la cara, todo responde a motivos lógicos y una vez leído sólo puedes pensar: “pues, claro, este cambio en la forma de comportarse de Cíclope es perfectamente plausible e incluso inevitable, no podía haber sido de otro modo”. Al fin y al cabo, estamos ante un héroe trágico que desde los 15 años fue cargado con la responsabilidad de liderar a un grupo de superhéroes, privado de la diversión de la adolescencia y manipulado cruelmente por el hombre al que seguía y admiraba, ese Charles Xavier que en los últimos 30 años se han esforzado en mostrarnos cada vez más que de buena persona no tenía ni un pelo –sí, broma gratuita-. Cíclope está desencantado, los cimientos de todo en lo que había creído se tambalean, su gran amor ha muerto –por enésima vez– y ahora se da cuenta de que su vida va mucho mejor junto a alguien como Emma Frost, mucho más ambigua y oscura que la insoportablemente puritana Jean Grey.

Algunos de los momentos de chulería de Scott a lo largo de la era Whedon nos dejan con la boca abierta: si en el número anterior ya alucinamos con ese momentazo en el que se quita de en medio a un Centinela de un solo disparo –“Quiero a esa cosa fuera de mi césped”– y hasta un impresionado Lobezno tuvo que admitir que a veces Scott sabe ganarse su respeto, en este nuevo volumen los momentos Bruce Willis de Scott Summers van en un crescendo de genialidad que roza lo legendario –“Yo no tengo garras”-. La etapa Whedon es clave para comprender cómo aquel niñato serio y aburrido de los primeros cómics de X-Men en los 60 acabó convirtiéndose en el temible activista mutante anti-sistema de los últimos años, que vivía al margen de la ley, que creó un grupo secreto de asesinos sin remordimientos –los X-Force de Lobezno-, que molaba más que ningún otro superhéroe, que rozaba más la personalidad de Punisher que la del Capitán América, que hasta llegó a convertirse en el nuevo Fénix o a declarar la guerra a los Inhumanos.

La otra gran protagonista es Emma Frost. Whedon ha visto que Emma es uno de los personajes más interesantes, carismáticos y psicológicamente profundos que hayan poblado las páginas de Marvel y ha sabido sacarle el jugo. Una antigua supervillana que se pasó al lado de los buenos por simple y puro desencanto hacia su antiguo grupo y por pasión amorosa animal hacia Cíclope –los supervillanos en busca de redención siempre suelen ser los personajes más interesantes, véanse Pícara o Magneto-. La única superviviente de la masacre de Genosha, que se salvó de casualidad cuando su mutación secundaria –transformación en diamante– se manifestó por primera vez durante el bombardeo y vio morir a todos sus alumnos delante de ella. Ahora se enfrenta a la culpa del superviviente, que la destroza por dentro por muy dura que quiera aparentar ser –sólo hay que ver que, cuando está bajo el control de Cassandra Nova, una de las alucinaciones que la acompañan y atormentan es la de Cabeza Nuclear Negasónica Adolescente, la alumna que murió en sus brazos-. Y, sobre todo, a su soledad autoimpuesta, a esa idea tan profundamente arraigada que tiene de que no se merece ni la amistad ni el amor, porque está convencida de que debería haber muerto en Genosha. Ya se lo dice ella misma a Kitty Pryde en uno de esos magistrales momentos suyos en que mezcla su habitual orgullo con un leve toque de auto-desprecio muy sutil: “Soy un diamante, soy por definición mi mejor amiga”.

Lobezno queda relegado a un papel más bien cómico en esta serie –qué más da, ya protagoniza al menos otras doscientas series a la vez-, pero nos deja momentos tan gloriosos como aquella página del volumen 1 en la que reflexionaba sobre lo mucho que le gusta la cerveza mientras luchaba contra un monstruo gigante. En este volumen, por ejemplo, esa página silenciosa en la que Kitty y Coloso entran en la cocina después de haber consumado por fin su relación, Lobezno los mira a los dos de reojo sin hablar y al final suspira por lo bajini “ya era hora” es una verdadera obra maestra.

En esta etapa, Whedon nos introducenuevos personajes de su propia creación. Personajes que han calado tanto entre el público que a día de hoy, años después de la marcha del bueno de Joss, siguen siendo clave en las nuevas historias mutantes. Hisako Ichiki, aliasArmadura, la entrañable pre-púber mutante que resulta ser mucho más dura de lo que nadie se esperaba, que acaba siendo ascendida a miembro de los X-Men y personalmente entrenada por el propio Logan, el único que da la talla cuando el resto de profesores se le quedan pequeños. La agente Abigail Brand, directora de S.W.O.R.D., probablemente el único personaje de Marvel que es capaz de vacilarle a la mismísima Maria Hill sin morir ni quedar en ridículo -y cuya tórrida relación con Hank McCoy es tan inesperada como divertida-Peligro, la personificación robótica y psicótica de la sala de entrenamiento de Xavier, mostrará nuevas facetas en esta nueva etapa.

Tampoco faltan las estrellas invitadas de alto calibre, desde Spider-Man hasta los 4 Fantásticos o el Doctor Extraño, que si bien tienen papeles muy secundarios, nos dejan momentos divertidísimos. Y no nos olvidemos del retorno de uno de los personajes más añorados y queridos del entorno mutante: Lockheed, el achuchable dragón alienígena mascota de Kitty Pryde.

Whedon es un genio, esto es así y no hay lugar a dudas. Y como tal, algunas de las situaciones que utiliza en sus guiones son tan emblemáticas que a veces acaba por repetirlas en otras obras, aunque dándoles el giro que necesitan para que no nos parezcan una estafa sino algo innovador y perfecto. En este volumen, todo buen fan de su obra magna Buffy Cazavampiros va a detectar rápidamente dos situaciones que el maestro del guión ya utilizó en la legendaria serie y que aquí repite en momentos muy puntuales y breves –quizás de forma involuntaria, quizás como guiño a sus fieles seguidores-: uno es el de la conversación mental entre Buffy y Willow en el último capítulo de la serie, que primero se nos muestra como una conversación normal y luego se vuelve atrás y volvemos a verlo pero conociendo ahora nueva información que le cambia totalmente el sentido –un recurso narrativo que admito encontrar fascinante-. Otro es el del principio del capítulo “The body”, donde un personaje parece haber salvado la situación y logrado un final feliz y de repente se interrumpe la acción y descubrimos que sólo se lo estaba imaginando –llorad al recordar esta escena, buffymaníacos, llorad-.

El dibujo de John Cassaday es siempre espectacular y, pese a estar encabado en un estilo muy mainstream, ha sabido encontrar su propia voz de modo que cualquier viñeta suya resulta inconfundible –y exquisita-. Siempre acompañado, por supuesto, del color de la increíble Laura Martín.

Esta edición de lujo a cargo de Panini contiene jugosos extras al final. El más interesante es sin duda el repaso a la colección de guiños que han ido apareciendo a lo largo del cómic, que son perfectamente analizados y desarrollados para que lleguen con seguridad a cualquier lector que no sea tan extremadamente friki como Joss Whedon –es decir, el 99,9% de la humanidad-.

Siendo una obra de hace tan sólo una década, la era Whedon en el Astonishing X-Men ya se ha convertido en un clásico atemporal de Marvel a la altura de los más míticos de la historia de la editorial –Inferno, la Guerra Kree-Skrull, las Secret Wars o la Caída de los Mutantes, por citar sólo algunos que todo buen marvelita recuerda con nostalgia-. Este volumen nos deja algunas páginas tan emblemáticas que quedarán en el recuerdo para siempre, sin nada que envidiar a Spider-Man quitándose la máscara en Civil War o a los Vengadores descongelando al Capitán América en el legendario número 4 de la colección.

‘Nuff said, sólo me queda dejaros en manos del carismático badass supremo Scott Summers y su “a mí, mi Patrulla-X”.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | Aquaman, ¿pero cuántas pelis acabo de ver?

19-12-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

Me vais a tener que perdonar que escriba esta crítica en tono humorístico, pero después de ver Aquaman no existe otra forma posible de explicarla.

Estamos ante una de esas películas tan rematadamente malas que acaban dando la vuelta y convirtiéndose en brillantes comedias auto-paródicas, como el Howard el Pato de los 80, aunque salvando las distancias –ya le gustaría a James Wan-.

Es una cinta muy correcta y decente para el bajo nivel al que nos tiene acostumbrados el DCEU, pero que sería simplemente mala si fuese de cualquier otra productora. Como película épica de superhéroes, es nefasta. Pero como comedia tonta de aventuras en plan La Momia, Tras el Corazón Verde o la trilogía The Librarian, es divertidísima.

No me malinterpretéis, Aquaman está muy bien rodada y la dirección de Wan es impecable, con una planificación excelente y grandes momentos visuales. Pero el CGI utilizado ya ha envejecido mal incluso antes del estreno. Es imposible ver esas volteretas de Nicole Kidman o el movimiento de los atlantes al nadar sin intentar pulsar la barra espaciadora para omitir la escena cinemática de videojuego de principios de los 2000 que creemos estar viendo. Afortunadamente, el carisma de Jason Momoa y Amber Heard lo compensa con creces.

Y es que el casting, si obviamos al villano, es en un 90% genial. Es muy evidente que Momoa y Heard han sido seleccionados para alegrar la vista al público sean cuales sean nuestras preferencias –y cada cinco minutos tienen una pose sexy empapada y gratuita en plan anuncio de colonia que lo demuestra-. Pero además lo hacen muy bien, tienen mucha química y una vena cómica genial que hace que nos riamos con ellos y no de ellos. Willem Dafoe está estupendo pese al peinado que le han puesto –porque es Willem Dafoe, básicamente, y puede hacer lo que le dé la gana que siempre lo hará bien-. Aunque aquí tiene cara todo el rato de no entender muy bien dónde se ha metido y querer que le den ya el cheque para irse a casa. El pobre hace lo que puede con los diálogos que le han dado. Dolph Lundgren Nicole Kidman también están geniales, pese a tener papeles pequeños. Y probablemente Michael Beach, que interpreta al padre de Black Manta, sea el que se lleva la palma interpretativa, pese a lo poco que sale.

La trama no es nueva ni original: Un borrachuzo hiper-musculado y buscabroncas –pero de gran corazón– tiene que reclamar el trono ante su malvado y envidioso hermano pequeño. Para ello, deberá empuñar un arma mágica que sólo aquel que sea digno podrá levantar. Sí, probablemente Kenneth Brannagh y Chris Hemsworth estaban sentados en el cine viendo la peli y pensando “¿pero por qué me suena tanto esta historia?

Realmente es como Thor de Kenneth Brannagh pero al revés: si en aquella las escenas ambientadas en Asgard eran geniales y las ambientadas en la Tierra sobraban, aquí las partes que pasan en Atlantis son un soberano –pun intended– aburrimiento, mientras que las que pasan en la superficie –con un desatado Jason Momoa haciendo el chorras- son pura diversión.

El intento de Loki en Aquaman –el hermano celoso del protagonista que hace maldades no se sabe muy bien por qué– probablemente sea el villano con menos carisma de la historia del cine. Ni Jesse Eisenberg en BvS ni el pobre James Marsters en Dragon Ball Evolution consiguen hacerle sombra en este aspecto. Afortunadamente hay otro villano, Black Manta algo así como el robot cabezón de La Guía del Autoestopista Galáctico-, cuyo traje es tan divertido y entrañable que dan ganas de achucharlo y que además nos brinda una brillante secuencia de montaje musical al más puro estilo ochentero.

Las escenas que pasan en Atlantis no sólo son aburridas e insufribles debido a su fracasado intento de epicidad, sino que encima los diseñadores del CGI parece que sabían cuándo empezar pero no cuándo parar. Da la sensación de que hayan entrado a un bazar chino y hayan arramblado con todos los objetos brillantes que iban encontrando sin hacer distinciones, se los hayan dado a un diseñador de máquinas tragaperras puesto de ácido hasta las trancas y, tras ayudar a Ned Flanders a colocar las luces de navidad, le hayan dicho “la gente ha pagado para ver cositas brillantes que se mueven, no quiero un solo plano en el que haya menos de doscientas”.

Esta sobreexplotación del kitsch más barroco y sobrecargado está apoyada además por el vestuario: Los Stormtroopers raveros que sirven al malo parecen sacados de una versión de bajo presupuesto de un videoclip de Daft Punk. Por no hablar de la colección de armaduras del propio villano, que nos retrotrae a aquellos muñecos excesivamente brillantes de los Caballeros del Zodiaco de los 80, me pregunto si de forma intencionada o –aún más divertido– sin darse ni cuenta.

Hay posturitas épicas de superhéroe por doquier. Demasiadas, de hecho, forzadísimas y alargando demasiado los planos. Aunque hay que admitir que ver a Jason Momoa –en las escenas en las que ya va disfrazado de mazorca humana para el carnaval de un colegio de Alcobendas– haciendo coreografías de posturitas kawaii a lo Sailor Moon antes de cada batalla, vale mucho la pena. Es divertidísimo ver al propio Momoa aguantándose la risa, sin tomárselo en serio y pasándoselo en grande.

Desgraciadamente, hay momentos de la película que intentan ser dramáticos y profundos pero que más bien provocan vergüenza ajena: actores que -sin saber muy bien ellos mismos por qué– se quedan mirando al vacío mientras recitan una interminable hilera de clichés a lo Paulo Coelho, que parecen sacados del Facebook de un adolescente intensito.

Pero no todas las escenas “serias” son nefastas. Hay, por ejemplo, una escena en que miles deMurlocs del World of Warcraft atacan un barco derivando en una persecución submarina, con un CGI mucho más comedido, planificación estupenda y que visualmente les ha quedado preciosa. También ciertas persecuciones de Mera por los tejados de un pueblecito italiano, que parecen sacadas del Tomb Raider o el Assassin’s Creed, han resultado muy bien rodadas, divertidas y espectaculares de ver.

Algo que le agradezco a la película es que no tiene un tono claro. Esto suele ser algo negativo, porque no sabes a qué atenerte. Pero en una película tan absurda, dispar y carente de guión, es divertido que cada escena sea una película totalmente distinta, aparentemente ordenadas al azar. Y además así se evita que haya escenas que se salgan de tono, porque no hay un tono del que puedan salirse.

Tengo tres teorías distintas acerca de esta disparidad:

1: Empezaron a rodar una película que pretendía ser seria y profunda, tras cuatro escenas rodadas James Wan se dio cuenta de que le estaba saliendo un tostón y pidió que la reescribieran en clave de humor.

2: Wan les pidió a todos sus amigos y familiares que dijesen los títulos de sus películas y videojuegos favoritos y se propuso homenajearlos absolutamente todos en apenas dos horas y media.

3: Bajo el efecto de una gran cantidad de drogas, los guionistas –probablemente, relacionados con los hermanos Wayans de la saga Scary Movie– se iban gritando chorradas unos a otros y no descartaban absolutamente ninguna.

Sea como sea, el resultado es un batiburrillo alocado y divertidísimo que podría resumirse como: Kenneth Brannagh’s Thor vs Indiana Jones vs La Momia vs Los Goonies vs Sea Quest vs Viaje al Centro de la Tierra –la de Brendan Fraser- vs Excalibur vs Sailor Moon vs Caballeros del Zodiaco vs Videoclips de Daft Punk vs Howard el Pato.

Y de hecho, si le quitases las partes aburridas y visualmente agotadoras que suceden en Atlantis y le pusieras a Brendan Fraser y el delfín del Sea Quest como secundarios cómicos, te quedaría unacomedia de aventuras de estilo 80s/90s divertidísima.

Sólo os diré que al salir del cine el amigo con el que iba, aún en shock, me ha preguntado “¿pero cuántas pelis acabamos de ver?”, a lo que le he tenido que responder “¡TODAS!”

Además, en un plano sale un pulpo que toca la batería. A mí con eso ya me han ganado.

Una película muy recomendada si te apetece echarte unas risas locas sin tomártela en serio. No tan recomendada si eres un amante de los guiones brillantemente escritos o si sufres de epilepsia en cualquiera de sus niveles de intensidad.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | Mary Poppins Returns: Vuelve la Disney de los 60

12-12-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

La saga de libros de Mary Poppins, de Pamela Lyndon Travers, comprende 8 novelas independientes, publicadas entre 1934 y 1988. En ellas, la misteriosa niñera-bruja que da título a la colección vive distintas aventuras mientras cuida a diferentes niños, a veces relacionados con los anteriores, a veces no. La primera entrega de la saga fue adaptada al cine en la célebre película de 1964, con Julie Andrews y Dick Van Dyke. Pero el personaje de Mary Poppins era tan distinto en la película al de la novela que a Travers no le sentó nada bien y se negó a dar permiso para que se adaptasen al cine el resto de entregas mientras ella viviera. Pamela murió en 1996 y ahora, en 2018, por fin se ha podido adaptar a la gran pantalla la segunda novela de la saga,Mary Poppins Returns (1935), que en este caso sí es una secuela directa de la primera.

La historia en este caso gira en torno a los dos niños de la primera entrega, Jane y Michael Banks, que ya son adultos. Michael es un viudo con tres hijos y cargado de problemas económicos en plena era de la Gran Depresión, cuya familia necesitará una vez más la ayuda de su antigua niñera, que a día de hoy aún no tenemos claro si es una bruja, un hada o un Timelord.

Es una película para niños, al más puro estilo de los clásicos Disney de imagen real de los años 60, como la Mary Poppins original, La Bruja NovataChitty Chitty Bang Bang y demás grandes mitos infantiles de entonces. Recuerda poderosamente a aquella época cinematográfica, tanto en el plano visual como en el tipo de historia contada. Si estáis buscando una obra adulta, profunda y oscura como las de ahora, ya os podéis ir a ver una de Nolan. Mary Poppins Returns es como siempre debieron de ser las películas infantiles: tonta, divertida y alegre.

Sí, también tiene su leve trasfondo de drama social muy suave y sutil, para que los adultos que la vean puedan reflexionar un poco –la historia transcurre en la época de la depresión económica, hay banqueros despiadados y una de las protagonistas es una sindicalista, así que ya os podéis imaginar por dónde van los tiros-, pero esto se muestra a un nivel muy, muy secundario, como en su día se mostraba la lucha feminista de la madre de los Banks o la pobreza de las calles londinenses frente a la opulencia del banco.

La trama no es nada del otro mundo y sus escasos giros de guión son altamente previsibles desde el minuto uno pero, de nuevo, es una película para niños que no pretende trastocar la mente del espectador, sino simplemente hacer pasar un rato entretenido a los más pequeños.

La estética visual y la ambientación de la época –en este caso, el Londres de los años 30-, como suele suceder en las películas de Rob Marshall, está muy lograda y se le nota mucho mimo y atención al detalle, para asegurarse de que nos sumergimos de lleno en la historia por completo. Tanto, que casi estaba esperando ver a David Tennant y Billie Piper saliendo de una cabina azul para echar una mano a esos hambrientos niños londinenses.

En algunos momentos, sin embargo, se emplea una estética más creepy, casi de película de terror, que se sale de tono y, aunque visualmente sea espectacular, puede resultar un cierto problema en una película que se supone que está dirigida a niños. En la escena de la primera aparición de Mary, al principio de la cinta, pensaba que estaba viendo un nuevo remake de It, con ese niño pequeño de mirada siniestra –que encima se llama Georgie– corriendo tras su cometa en medio de un huracán y con una música lúgubre que sólo puede acompañar a la aparición de un payaso asesino, más que a la de una niñera entrañable. Afortunadamente, esos momentos son escasos en la película y no creo que vayan a traumatizar a ningún niño. No mucho, al menos.

Tenemos las inevitables escenas de animación, como sucediera en los clásicos Disney de los 60, que constituyen una grata sorpresa, ya que están realizadas íntegramente en 2D y con un estilo tradicional de las películas de aquella época, con sus animalitos parlantes en la campiña inglesa que parecen sacados tal cual de La Bruja Novata. Estoy seguro de que, si nos fijamos bien, algunos de ellos deben ser claras referencias a aquellas obras.

Del reparto es difícil tener alguna queja, en este caso la directora de casting, Tiffany Little Canfield, se ha lucido. Era difícil encontrar a alguien que diera la talla de Julie Andrews, pero Emily Bluntcumple su papel a la perfección. El personaje de Mary Poppins en sí, no nos engañemos, es bastante repelente e insoportable, la típica institutriz británica estirada y tiquismiquis al estilo Señorita Rottenmeyer de Heidi. Si no tuviera superpoderes de bruja y llevase a los niños a hacer cosas divertidas de vez en cuando, ningún niño del mundo la aguantaría. Pero Blunt ha sabido captar esta personalidad ególatra y repipi del personaje como lo hizo Andrews en la original. Lin-Manuel Miranda, que interpreta al lamparero Jack, tiene un asombroso talento para cantar a velocidades inimaginables que harían retorcerse de envidia a cualquier rapero.

Ben Wishaw –quizás lo recordéis por interpretar a Q en Skyfall- es Michael, el niño orejón de la película original, y su parecido con éste e incluso a ratos con el padre de los Banks es asombroso. En serio, miradle bien los ojos. Emily Mortimer como Jane Banks es uno de los mayores aciertos de la película y es una verdadera pena que no tenga un papel más principal y que casi todo el peso recaiga en su hermano. Es una nueva versión de su madre, la activista sufragista, pero en este caso es una sindicalista convencida que lucha por los derechos de la clase obrera. Meryl Streep como la prima rusa de Mary es divertidísima, mostrando esa vena cómica suya que siempre agradecemos. Losniños lo hacen muy bien, aunque el pequeño Georgie resulta bastante terrorífico –¿por qué habla, mira y se mueve como un adulto enfadado? Da la sensación de ser un hechicero de 200 años encerrado en el cuerpo de un niño, que de un momento a otro va a empezar a girar la cabeza hablando en arameo con voz de Kiefer Sutherland-. Y en cuanto al villano de la película, pues esColin Firth, ¿qué más hace falta saber? Este señor nunca hace nada mal. Mención especial también a la breve aparición de algunos apreciados secundarios de la película de 1964, como el almirante Boom –el vecino loco que disparaba cañones desde la azotea– y su ayudante el Señor Bitácora.

Aparte de los ya sabidos y anunciados cameos, como el de Dick Van Dyke, hay otro totalmente inesperado hacia mitad de la película, con una de las actrices originales –no diré cuál– que ni siquiera aparece en los créditos ni en la ficha de IMDB y que, si no llega a ser porque me dio la sensación de que aquella escena tan gratuita podía ser un cameo y busqué una foto de la actriz en cuestión para ver qué cara tiene hoy en día, no lo habría podido detectar.

En esta entrega de la saga, los deshollinadores son sustituidos por los técnicos de las lámparas de aceite de las calles de Londres, los lampareros, que vienen a jugar el mismo papel. Tienen incluso una coreografía que recuerda poderosamente a la mítica de las chimeneas, aunque la canción que la acompaña diste mucho de ser tan genial como el mítico “Chim Chimney” de entonces. Y es que Rob Marshall –Chicago, Into the Woods– tiene una gran maestría dirigiendo musicales y sus coreografías nunca defraudan.

Y hablando de canciones, aunque no estemos ante un remake sino simplemente una adaptación de otra de las novelas de la saga, es inevitable compararla con su predecesora en ocasiones, sobre todo estando tan llena de pequeño guiños a ésta. Las canciones de esta nueva entrega de la saga no son a priori tan carismáticas e inolvidables como las del capítulo anterior, excepto quizás un par de ellas que son algo más pegadizas. Pero claro, esta apreciación puede ser subjetiva porque, inevitablemente, todos hemos crecido con la Mary Poppins de los años 60. Quién sabe si dentro de 50 años la gente recordará las canciones de Emily Blunt como ahora recordamos las de Julie Andrews. A este respecto cabe recalcar el acierto con que, en ciertos momentos en que algún personaje hace mención a algo que pasó en la entrega anterior –la señora de las palomas, lo desordenados que eran Michael y Jane de pequeños, cosas así-, suena brevemente y de forma muy sutil una versión instrumental de las canciones de la anterior, listo para provocar ese puntito de nostalgia hacia una película que marcó a gran cantidad de generaciones de niños, desde 1964 hasta ahora.

Nos encontramos, pues, ante una película infantil sin pretensiones de profundidad, como las que se hacían antes, con el aire del cine de los 60 y un sello Disney muy fuerte. ¿Pasará a la historia como un clásico instantáneo? Es difícil saberlo: antes se hacían menos películas y era más fácil que una de estas características arrasara, ahora hay una oferta abrumadora de cine infantil y juvenil y es más habitual que una película pase desapercibida. Pero no será por falta de méritos. Mi recomendación es que, si tenéis hijos pequeños, les pongáis en casa la película original del 64 y luego los llevéis a ver esta nueva entrega, para que la disfruten al máximo posible.

Artículo de Jöse Sénder.