Críticas

Reseña | Flash de Mark Waid: Relámpago expansivo

19-3-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

El nuevo tomo recopilatorio de Flash que ha lanzado ECC, titulado Relámpago Expansivo, recopila un largo y complejo arco argumental escrito nada menos que por el mismísimo Mark Waid. Este tomo de gran formato en tapa dura consta de la friolera de 568 páginas –aseguraos de llevar una bolsa bien gruesa cuando vayáis a comprarlo- y podéis encontrarlo en vuestra tienda de cómics al módico precio de 46,50 €.

Nos encontramos en la etapa de Wally West y asistimos al principio de todo a su esperada boda con Linda Park, en la cual la propia Linda es secuestrada por un misterioso villano y extraída de la corriente temporal, borrando todo rastro de su existencia hasta el punto en que nadie –excepto, por algún motivo que no he acabado de entender, Impulso- recuerda haberla conocido.

A raíz de este interesante punto de partida, comienza un complejo arco narrativo con montones de ramificaciones, en el que se suceden viajes en el tiempo y paradojas cuánticas como toda buena historia de Flash debe tener. Ríete tú de Doctor Who o El Efecto Mariposa –sobre todo de ésta última, porque costaba tomarse en serio a Ashton Kutcher-.

A lo largo de la intrincada trama, vamos topándonos con multitud de versiones de Flash de distintas épocas, algunas que ya habíamos visto anteriormente y otras a las que conocemos por primera vez durante un fugaz instante, en mitad de los vertiginosos viajes de Wally por el espacio-tiempo.

En cuanto a los velocistas que ya conocíamos, tenemos aquí al elenco completo para dejarnos claro que ésta es una historia trascendental, épica y que supone un punto de inflexión en la historia de Flash. Están Wally West, Barry Allen, Jay Garrick, Jesse Quick, Max Mercury, Impulso, Xs, los Gemelos Tornado e innumerables iteraciones más. Llega un punto en que empezamos a sospechar que en el DCverso hay más gente con poderes de velocista que sin ellos.

La galería de villanos que puebla las páginas de este tomo tampoco se queda corta. Desfilan por esta aventura desde el Profesor Zoom hasta Azul Cobalto, desde el Replicante hasta las versiones futuristas del Capitán Frío –Comandante Frío, en este caso- y Ola de Calor, desde Kobra hasta Thawne –uno de ellos, al menos- y un largo etcétera.

En esta ocasión, ECC parece haberse olvidado de incluir la habitual página al principio en la que se detallan los créditos y fechas de publicación de cada uno de los capítulos, ésa que sólo los frikis repasamos con atención –bueno, no se lo vamos a tener en cuenta, con el currazo de edición que se han pegado, un pequeño fallo lo tiene cualquiera-, pero por algunos detalles de las portadas podemos aventurar que la multitud de historias que componen este vasto recopilatorio se sitúan en torno al año2000.

El dibujo –y sobre todo el color-, no nos engañemos, es muy de la época y en ocasiones se hace un poco duro de mirar. Pero, a partir de la mitad del tomo, Paul Pelletier se encarga de mejorarlo muchísimo y hacerlo muy atractivo. Sobre todo en la historia corta que, a modo de flashback, protagonizan un Wally West adolescente y Montague –uno de los simios de Ciudad Gorila-, que es una verdadera delicia visual.

Y hay que admitir que el uniforme granate y blanco del nuevo y misterioso Flash que llega a Keystone para ayudar a Garrick –el que podéis ver en la portada del tomo- es uno de los más molones que haya visto no sólo en Flash, sino en cualquier cómic de superhéroes.

Una historia que, pese a sus evidentes carencias en el apartado gráfico –al menos durante la primera mitad del tomo-, resulta muy interesante y entretenida, con gran cantidad de giros dramáticos y sorpresas como no podía esperarse de otra forma de un guión de Mark Waid. Imprescindible para todo buen fanático del velocista escarlata.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | Presidente Lex: el peligro de dar alas a un maníaco sediento de poder

28-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

ECC nos trae un nuevo tomo de lujo de Superman, dentro de su colección “El nuevo milenio”. En este caso, recopila la mítica era de principios de los 2000Presidente Lex, que narra el ascenso de Lex Luthor hasta la presidencia de los Estados Unidos. Es la espeluznante historia de cómo un villano retorcido y cruel puede llegar a manipular a las masas hasta el punto de convertirse en el hombre más poderoso del mundo de forma legal. Algo que tristemente ahora mismo está de actualidad en los USA. Y es que la historia de Luthor en esta saga recuerda de forma tan escalofriante a los sucesos reales de la sociedad americana actual, que los clásicos fans conspiranoicos de “los Simpson ya predijeron que…” pueden encontrar en este tomo una nueva fuente de inspiración para sus teorías absurdas.

Lex Luthor siempre ha sido un villano interesante, con su intelecto y su capacidad de manipulación como gran superpoder. En esta saga, podemos apreciar esa manipulación llevada a tal extremo que hasta Aquaman se deja encandilar por su malicia.

El elenco de autores que componen el volumen es, cuanto menos, estelar. A los guiones tenemos grandes nombres como Jeph Loeb –uno de los pesos pesados de DC– o el mismísimo Mark Schultz –el genio incomparable que creó el legendario cómic Xenozoic Tales, que nos llegó a España en forma de serie de animación en los 90 bajo el título de Cadillacs y Dinosaurios-.

Al dibujo, se compaginan historias de varios autores, destacando sobre todo grandes estrellas como Paul Pelletier –She-Hulk-, Paco Medina –New X-Men-, Carlo Barberi o el incomparable Joe Madureira. Quizás el que brilla con luz propia en la mayor parte de este volumen es Ed McGuinnessGen13-, cuyo espectacular estilo ejemplifica a la perfección la época en la que se publicó esta saga, con reminiscencias de los 90 pero quedándose solamente con los elementos interesantes de entonces y eliminando la parte más hortera para adaptarse al nuevo siglo. Su dibujo es siempre divertido y agradable para los sentidos, como se nos demuestra en el número que dibuja con simpática aparición de la Young Justice o en la hilarante aventura de Jimmy Olsen y Superman Bizarro.

No acaba aquí el desfile de talentos, porque se incluyen en el volumen varias historias muy cortitas dibujadas por grandes estrellas invitadas, de la talla de Humberto Ramos, Arthur Adams, Mike Wieringo, Rob Liefeld –vale, a éste lo llamo “gran estrella” en modo irónico-, Todd Nauck o Tim Townsend.

Uno de los momentos más interesantes que completan este volumen es la historia en que se nos muestra un documental televisivo sobre la vida de Lex Luthor, pero tergiversando y manipulando los hechos para que, a ojos del espectador, Lex parezca el bueno y Superman el malo. El estilo visual de la historia recuerda al del mítico Marvels de Alex Ross –salvando las distancias porque, por muy bueno que pueda ser cualquier otro autor, Ross es inigualable-.

Estamos pues ante una obra interesante y completa que nos muestra el peligro de dar alas a un maníaco sediento de poder. Quizás si más gente hubiera leído este cómic cuando fue publicado, ahora el mundo estaría un poquito mejor.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | Crepúsculo de Howard Chaykin: Dioses en el espacio.

7-5-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

En los años 50 y 60, debido en parte al gran éxito del cine de ciencia-ficción que surgió como un síntoma de la paranoia anticomunista estadounidense, se pusieron de moda también en el cómic las historias de héroes espaciales. Historias inocentes, sencillas, infantiles y que pecaban de una ingenuidad tal que a día de hoy las miramos por encima del hombro y hacemos una mueca conmovida mientras pensamos “ay, criaturillas”. Los héroes del espacio que poblaban estas historias sencillas fueron cayendo en el olvido con el auge de los superhéroes y nunca más volvió a oírse de ellos.

Hasta que, en los 90, Howard Chaykin decidió recuperarlos. Y a la vez no. Chaykin creó una historia en la que rescataba a los santurrones espaciales de los viejos tiempos –Tommy Tomorrow, Manhunter 2070 y otros- y les daba la vuelta completamente, para dar pie a una obra fría, destructiva y poderosamente adulta. Recuerda a labor que realizara Gaiman por la misma época, rescatando héroes olvidados, pero en este caso enfocada al por entonces moribundo apartado espacial de DC.

En Crepúsculo –por favor, no confundir con cierta saga literaria del mismo nombre y una calidad infinitamente inferior-, se nos narra una epopeya futurista en que la humanidad se ha expandido más allá de las estrellas, ha alcanzado la inmortalidad y, con ella, la más absoluta y deleznable decadencia de su sociedad.

Con esta excusa, Chaykin aprovecha para hablarnos de temas como el racismo, la explotación sexual, las guerras por dinero, la lucha de clases y la bajeza del ser humano. Pero, por encima de todo, habla de la religión y de cómo el hombre siente una necesidad obsesiva de encontrar algo a lo que adorar, de cómo las antiguas deidades van cayendo en el olvido cuando encontramos otras nuevas que nos complazcan más.

La historia es compleja, llena de una cosmología tan rica en detalles y matices como densa y difícil de digerir. No es una lectura ligera para una tarde tonta, hace falta ponerle ganas y concentrarse para captar todos los hilos que conforman este inconmensurable tapiz cósmico e histórico. Pero, una vez dentro de la historia, vale la pena. Crepúsculo es, más que una simple miniserie de cómic en tres partes, un sesudo ensayo para la humanidad. Y esto inevitablemente no es apto para todos los estómagos, pero aquellos que disfruten con una historia complicada que abarca más de lo que tiene tiempo de contar disfrutarán como enanos.

El antiguo héroe perfecto Tommy Tomorrow se convierte aquí en un escalofriante villano de corte ario y neonazi, que pone la piel de gallina. Incluso los protagonistas, los “buenos” de la historia, tienen su lado turbio, nadie acaba de caerte especialmente bien en una historia que se empeña en contarnos que no existen los héroes y que todo el mundo tiene algo de villano en su interior. Excepto Brenda Tomorrow. Es imposible no amarla. Y además, sospecho que su impresionante parecido visual con Sigourney Weaver no es casual y que obedece a la cualidad de fan de los autores.

El dibujo de José Luis García-López es espectacular, como cabía esperar de él. Limpio, claro y a la vez capaz demostrar la suciedad y el hacinamiento de una forma realista y detallada. Sus portadas son verdaderas obras de arte. El color del interior del cómic es quizás un poco demasiado estridente y chillón para una obra de cariz más tétrico, pero los que leímos cómics en los 90 ya estamos acostumbrados a ello y esto no es nada en comparación con algunas otras obras de la época.

Estamos ante una obra para pensar, para conocer a fondo el comportamiento del ser humano en sociedad y horrorizarnos ante él. Una historia sorprendentemente adulta y oscura, para ser una obra de DC que no se encuentra enmarcada dentro de la línea Vertigo.

Os dejo con una frase del personaje con el nombre más impronunciable de la obra, F’Tatatita: “Eres bastante listo. Para ser un bípedo, quiero decir. Pero alguien que espera gratitud de un gato es un auténtico gilipollas”.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | Black Dog: Los sueños de Paul Nash (Dave McKean) – Cuando el arte imita al arte –

4-5-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

Dave McKean, ese genio eterno que no necesita presentación –y, en caso de necesitarla, bastaría hablaros de su trabajo en The Sandman y en prácticamente cualquier cosa que haya escrito Neil Gaiman-.

En esta obra, nominada al premio Eisner 2017 y que forma parte de la sección oficial del festival de Angoulême 2018, McKean se atreve a experimentar remitiéndonos a la vida del pintor surrealista Paul Nash (1889 – 1946), que plasmaba en sus pinturas deforma metafórica los horrores que vivió en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Pero lo más interesante es que, de todos los fragmentos de su vida en los que podría haber enfocado su relato, ha decidido centrarse sobre todo en las pesadillas que le atormentaban y que influían su arte.

Nash utilizaba los sueños y la magia surreal como vía de escape a su angustiosa vida, pero también como metáfora. Una metáfora tanto de los horrores a los que se enfrentaba como de la belleza de las pequeñas cosas, que reivindicaba para intentar mantener la cordura en un mundo que se desmoronaba a su alrededor a pasos agigantados. El perro negro que da título al cómic y que se repite incesantemente en los sueños de Nash simboliza la Gran Guerra, sí, pero también es un signo de lo inevitable, no sólo de la guerra sino del miedo, de la soledad, de la muerte.

McKean nos habla de algunos momentos de la vida de Paul Nash –los malos tratos que sufrió en un colegio privado, la muerte de su madre en una institución mental o el encuentro con su hermano en las trincheras-. Pero se centra sobre todo en el proceso onírico, en la influencia de éste en el arte y en la inevitable deformación de los recuerdos con el paso del tiempo.

El arte “transgénero” de Dave McKean es siempre espectacular, tan perturbador como precioso, con esa característica mezcla entre arte pictórico tradicional y collage digital. En esta ocasión, procura imitar relativamente el estilo surrealista del propio Nash, que concuerda a la perfección con su forma de hacer y que, lejos de limitarle a la hora de narrar, potencia más si cabe la épica artística del autor. Es capaz de combinar bonitas escenas bucólicas con otras de horror asfixiante, mientras alterna la acuarela más tradicional con el fotomontaje más rompedor, páginas estilo cartoon con splash pages surrealistas y sobrecogedoras.

Pero, pese al surrealismo que destila, la narrativa no se ve resentida, la historia se puede seguir visualmente sin problema y, aunque los textos son algo recargados, se deja leer sin problema. Las páginas mudas son probablemente las mejores en cuanto a fluidez de la narración.

Si acaso, el único fallo –menor– está en la traducción al castellano, que ha procurado que todo siga rimando después de cambiar el idioma y en ocasiones puede llegar a resultar un tanto forzado, dando que pensar cuánto habrán cambiado los textos originales para conseguir la rima.

Pero este pequeño defecto no molesta a una novela gráfica que, por todo lo demás, es tan brillante como cabía esperar de Dave McKean, el genio del arte de géneros cruzados, el tejedor de sueños pictóricos.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Flash: La revolución de los villanos

14-7-2017

Publicado originalmente en Docpastor.com

Si leéis cómics DC habitualmente, seguramente conoceréis de sobra la historia de Los Nuevos 52 (2011): una reconstrucción completa del universo DC a tenor de las paradojas temporales causadas por el evento Flashpoint, por la cual en la continuidad actual se establece que sólo hace 5 años que existen los superhéroes, con lo que todo es nuevo y fascinante para ellos y para la gente de a pie. Así, la editorial aprovechaba para refrescar a sus héroes y reescribir su mundo en un estilo un tanto más crudo, realista y menos idealizado, restando simplicidad para acercarse un poco más al estilo del universo Marvel, la competencia que les estaba ganando terreno en el ámbito de los lectores adultos.

Este brusco cambio en la continuidad de los cómics puede causar confusión en los lectores menos habituales, que se encuentran aquí con incongruencias como que Barry Allen acabe de descubrir que existe la Fuerza de la Velocidad o que se tope por primera vez con Gorila Grodd, pese a que ya hace décadas que ambas cosas habían sucedido. Sólo que resulta que no son incongruencias, sino una brillante maniobra editorial que nos permite volver a descubrir algunos conceptos clásicos de una forma fresca y renovada. Gracias a ello, podemos asistir al choque entre Barry y Grodd como si fuera la primera vez –porque, en cierta manera, lo es- y contemplar un mundo superheroico nuevo y sorprendente, como lo hicieran nuestros abuelos en las primeras épocas de los cómics de superhéroes.

La historia, como ya sucediera en el tomo anterior, gira en torno a los Villanos –con mayúsculas-, que se merecen tener su propia historia dado el interés que generan sus personalidades y conflictos. Flash vuelve a ser poco más que un mero espectador y lo mejor es que eso no nos molesta en absoluto, ya que tenemos un protagonismo repartido entre sus némesis que lo hace mucho más interesante. Una vez más, el Capitán Frío se come la escena él solito, ya que su carisma le hace destacar entre todos los enemigos –y a veces aliados temporales– de Flash, convirtiéndose en el centro de atención, cosa que agradecemos enormemente.

Pero no es el único punto fuerte, ya que el resto de su grupo, los Villanos, también mejoran y aumentan en calidad. Al desarrollar poderes sobrenaturales que imitan y sustituyen a sus habituales armas tecnológicas, se convierten en personajes mucho más turbulentos y torturados. Ola de Calor busca venganza contra Capitán Frío porque su cuerpo entero está abrasado por su propio poder. La Patinadora también ansía vengarse de su hermano, ya que el cambio de humana a metahumana la ha convertido en un ser etéreo e intangible que vibra a una frecuencia que pocos pueden percibir. Además, se convierte en la nueva líder del grupo criminal, consiguiendo en apenas unos minutos muchos más éxitos de los que todos los demás habían conseguido en toda su vida y mostrándonos que el cambio de liderazgo puede traer consecuencias jugosas e impactantes.

El tema central de la historia es el conflicto de poder que divide a los grupos. Podemos verlo en tres frentes. Uno es el del mencionado grupo de Villanos, que han decidido acabar con su antiguo líder y proclamar a su hermana en su lugar. Otro es el del cártel de narcotráfico de Hechicero del Clima, donde descubrimos las turbias circunstancias de la muerte de su hermano –la similitud entre ambas tramas no es casual y se usa para reforzar la idea central-. Y el tercero es el de las calles de Central City, donde políticos corruptos alimentan el odio de las masas para conseguir que la gente de a pie odie a sus propios héroes.

Esto es algo bastante importante, ya que hay mucha más política de lo habitual, aunque se pase un poco de puntillas por el tema. La trama del propio Flash no es nada innovador: un héroe acusado injustamente de matar a un tipo importante –que, para qué negarlo, se lo merecía- y que en realidad ha sido todo un plan maquiavélico de una villana psicótica. Pero tampoco necesitamos más, ya tenemos una trama mucho más profunda y suculenta con la guerra entre los Villanos, así que la subtrama de Flash sólo está ahí para aportar matices a la historia principal.

Si hay algo que se le pueda reprochar a este cómic es que pasa muy por encima de algunos de los temas que toca. Al tener una conspiración política detrás –Doctor Elias– podría dársele mucho juego al tema y construir una historia intrincada y llena de giros sorprendentes. Pero al final se reduce a un tipo muy malo que a la mínima de cambio explica su plan malvado de engañar a la gente de forma abierta, lineal y sencilla, como un villano de 007. En este aspecto, Manapul peca de no mojarse demasiado en las temáticas que trata –aunque es pronto para especular, quizás la historia se amplíe en el próximo tomo-. Tampoco se moja mucho con el tema recurrente en este tomo de la amnesia, que se resuelve quizás demasiado rápido. Que la historia comience con Barry incapaz de recordar quién es o dónde está habría dado un juego tremendo si se hubiese alargado, pero la resuelven de forma rápida y un tanto gratuita –en cuanto Grodd le va a pegar un mordisco, de golpe y porrazo dice “Anda, si yo era Flash”-, lo que reduce una trama que podría haber sido altamente interesante a apenas unas pocas páginas. Lo mismo sucede con Turbina, que ha olvidado todo y no sabe quién es… hasta que una página más tarde oye la palabra “Flash” y recupera su memoria a la perfección.

Pero estos pequeños defectos se compensan con la bonita historieta final, en la que se nos muestra el pasado de Barry Allen con el objetivo de acercar la historia del cómic a la de la serie de televisión de CW. Y, sobre todo, con el carisma de sus Villanos, especialmente del Capitán Frío, que hace que valga mucho la pena leer el tomo.

El genial dibujo de Manapul ameniza la historia, con ciertos toques amerimanga que lo sitúan en un punto indeterminado entre un joven J. Scott Campbell y –salvando las distancias– Chris Bachalo. El preciosismo de sus portadas, con color de Brian Buccelatto, recuerda a veces al de Jo Chen en las cubiertas de Runaways –sólo hay que ver la portada del tomo, con esa fascinante imagen de Flash y Patinadora en un momento romántico y esas ondas brillantes de pelo tan Art Nouveau-. Un artista altamente recomendable, sin duda.

Artículo de José Sënder.

Críticas

Flash, la guerra de los villanos – Una historia de los malos

11-5-2017

Publicado originalmente en Docpastor.com

Geoff Johns es un genio, lo mires por donde lo mires, y en estos últimos números de su etapa en Flash nos lo demuestra sin problema. Con la decisión de cerrar todas las tramas que había ido abriendo a lo largo de los años, confiere a las historias de Wally West un tono mucho más maduro y oscuro de lo que el personaje –siempre en la onda desenfadada y palomitera del clasicismo de DC- nos pudiera tener acostumbrados.

En esta última saga de Johns, recopilada en el volumen “La guerra de los villanos”, asistimos a una historia con reminiscencias a Watchmen –salvando las distancias con la masterpiece del siglo XX, claro está-, en la que ni los héroes son tan perfectos y carentes de errores, ni los villanos tan desalmados y monstruosos. Los grandes héroes de DC nos muestran aquí una humanidad mayor de la habitual, en la que se dan cuenta de sus propios errores y asumen que en el fondo sólo son personas y que a veces su propio endiosamiento se les va de las manos.

Pero, como pasaba en la segunda película de la trilogía de Batman de Nolan, es una historia sobre los villanos, en la que el héroe principal que da nombre a la serie aparece como poco más que un adorno o un reclamo para el lector. Y no podríamos estar más agradecidos. Por fin podemos profundizar en la historia de villanos clásicos como Ola de Calor –con su desesperado intento de redención-, el Amo de los Espejos –con su ego desmesurado obstaculizando su crecimiento personal- o Zoom –con su obsesión por demostrar que no es un villano sino un héroe-.

Alguien está matando a los familiares más cercanos de los héroes y también a algunos villanos, provocando un clima de desequilibrio y angustia que llevará a una guerra entre antiguos villanos ahora rehabilitados como miembros del FBI –el Trickster Original, Magenta o el Flautista, entre otros- contra los que se niegan a dejar de lado sus actividades delictivas –con el Capitán Frío a la cabeza de un colorido desfile de supervillanos-.

Estamos ante una obra con una complejidad y profundidad psicológica nada habitual en los habitualmente planos personajes de la editorial, donde podemos llegar a entender a los villanos mucho mejor que a la mayoría de superhéroes. La historia del Amo de los Espejos, su adicción a las drogas y como sus compañeros delincuentes le obligan a dejarlas es, cuanto menos, original y sorprendente. Y el relanzamiento de un villano de tercera como fuera Top, llevándolo a primera línea y convirtiéndolo en un escalofriante némesis que hiela la sangre en las venas, es de lo más acertado que ha aportado Johns a esta obra.

Pero La Guerra de los Villanos no es sólo un ejercicio de profundizar en la psique de los enemigos, sino una potente declaración de intenciones por parte de Johns. El guionista sabe que el personaje de Flash siempre ha estado injustamente a la sombra de Batman, tanto para los editores como para los fans, y ha decidido pronunciarse al respecto, dejando claro que no es para nada un personaje de segunda y que su galería de villanos es tan digna, sino incluso mejor, que la del Caballero Oscuro de Gotham. El propio personaje se lo dice directamente a Batman, en una escena en que Johns decide dejar de lado la sutileza y soltar de forma literal el objetivo de su historia: “¿Crees que es fácil lidiar con estos villanos? ¿Piensas que sólo porque no están como una maldita chota son más fáciles de atrapar? Los tuyos son distintos, Bruce. Se mueven a nivel psicológico. Dejan pistas, les encanta matar. Los míos… se organizan muy bien. Que tengan nombres ridículos y se vistan de colores chillones no los hace más idiotas. Ni mucho menos”. Más claro, agua.

La Guerra de los Villanos es una historia sobre la redención. Sobre lo difícil que es alcanzarla. Sobre lo fácil que es recaer en el camino hacia ella. Y, por encima de todo, sobre lo importante que es seguir intentándolo por mucho que cueste.

Artículo de Jöse Sènder.