Críticas

EL ASCENSO DE SKYWALKER: LA CAÍDA DEL HYPE

20-12-2019

(Atención, esta crítica contiene SPOILERS heavys, si no has visto el Episodio IX es mejor que no la leas)

Me encanta The Last Jedi. Una vez que nos quitamos las gafas de la nostalgia que a menudo nos hacen endiosar cualquier película que viéramos de niños y despreciar toda versión que se haga después, es una película redonda, que aporta muchísimo a la saga y que se arriesga a innovar y a sorprenderte.

Y a la vez puedo entender por qué hubo gente a la que no le gustó, ya que algunas de sus variopintas razones me resultan comprensibles: si eres de los que se mantienen fieles a algo anterior y consideran que es sagrado y que toda innovación es un ultraje, no lo comparto pero lo comprendo; si por el motivo que sea no te gustó la historia que contaban, o su ritmo, o no te caen bien los personajes nuevos –yo los adoro-, no lo comparto pero lo comprendo; si no te gustó el giro de guión sobre los orígenes de Rey porque llevabas unas expectativas concretas sobre lo que querías que pasara y el plot twist te las hundió, no lo comparto pero lo comprendo. Prácticamente puedo entender el punto de vista de cualquiera al que no le haya gustado la anterior entrega, aunque a mí me encantara –bueno, a los de “no me gusta porque la protagonista es mujer y sale gente de otras razas y me siento amenazado” mejor dejémoslos a un lado, que lo último que necesita este mundo es darle voz a gente así-.

Personalmente, me pareció que Rian Johnson hizo un trabajo magistral, les sacó mucho jugo a los personajes –hasta consiguió que Kylo Ren, un personaje creado para parodiar y ridiculizar a los fans tóxicos que odian el cambio y que si te identificas con él igual es que tienes un problema, no me cayese tan, tan mal como en la entrega anterior– y contó una historia interesante y bien narrada. Ese giro en el que descubríamos que Rey no era hija de Luke ni de nadie conocido, fue lo que más me gustó: fue una forma de decirnos “basta ya de creer que sólo puedes ser un Jedi si eres de la familia Skywalker, los demás también tienen derecho a usar la Fuerza, incluso si eres una don nadie”. Precisamente ésa es la gracia de los héroes épicos, que no necesitan ser parte de una élite que desciende de un linaje especial, sino que todos podemos llegar a serlo, incluso tú. Ése es el mensaje de la película: la democratización de la Fuerza. Al fin y al cabo, a nadie le molestó que Samuel L. Jackson fuera un Jedi pese a no estar emparentado con Luke, ¿por qué molesta tanto que Rey también lo sea?

 

Rey es la más molona de la galaxia.

 

Pero entonces volvió J.J. Abrams y, como siempre que se queda demasiado tiempo en una misma franquicia… bueno, hizo un Abrams. Este hombre suele partir de ideas muy llamativas que empiezan muy bien, pero que al cabo de poco van perdiendo fuelle y parece que él mismo pierda las ganas de esforzarse. Es la viva imagen del “esfuérzate mucho mientras estás a prueba en el trabajo y, en cuanto te hagan fijo, ya puedes pasar de todo y hacer el vago”.

Me he visto obligado a hacer un meme y todo.

 

Y de verdad, como director –entendiendo en este caso la parte visual del trabajo de director, no la parte narrativa– no puedo ponerle pegas. Ni a él, ni a todo el apartado visual de la película. Los planos están muy buen compuestos, todo el diseño de arte hace que se me caiga la baba y los escenarios representados me parecen una maravilla absoluta del arte conceptual en el cine. Pero las entregas anteriores me malacostumbraron, pusieron un listón muy alto y han hecho que ésta me decepcione por un motivo muy simple: las otras tenían un guión. No hacía falta que fuera un guión complejo y profundo, no hemos venido a ver Casablanca sino tiros, explosiones y naves espaciales. Pero al menos tenían una estructura en tres actos, una lógica causa-efecto en la progresión de sus escenas y una historia que podías ir siguiendo. Y momentos emotivos. Tampoco les pedía más, ni a las anteriores ni a ésta.

 

Hábrase visto diseño de traje tan chulo.

 

Pero Abrams, como siempre que se queda más de un día en un mismo sitio, decidió que eso no era importante. Prefirió mostrarnos un showreel como el que haría un director para ir a buscar trabajo, en el que va mostrando distintos planos –muy bien rodados, eso sí– sin un orden concreto, sin un hilo conductor detrás, para enseñar lo que sabe hacer. Sus escenas de acción están muy bien rodadas, pero no parecen seguir un orden concreto que obedezca a la lógica narrativa, sino que las va poniendo donde caigan, sin más, como en una película experimental de Andy Warhol. Podrías ver la película en DVD saltando de la escena 20 a la 7, luego a la 1 y luego a la 34 y no cambiaría nada.

Me imagino una escena en la que Abrams se presenta a las 4 de la mañana en casa del montador de la película, trayéndole una tarjeta de memoria.

-Aquí tienes –le dice-, hoy se me ha ocurrido una escena en la que una nave súper-molona pasa por delante de una puesta de sol y entonces un tío salta, da una voltereta y pew pew, dispara a algo que está fuera de plano.

-Ah, muy bien –responde el otro-, ¿en qué parte de la película la tengo que poner?

-Yo qué sé, dónde veas un hueco, a mí qué me importa –ríe Abrams antes de salir de nuevo, haciendo pedorretas con la mano bajo la axila.

 

Me han comentado que, si te has leído todas las novelas y los cómics de Star Wars, la película tiene un poco más de sentido, que hace referencia a muchas de ellas y algunas de estas escenas inconexas de la película son continuaciones directas de lo sucedido en esas otras obras. Quizás sea así, quizás la película tenga sentido como parte de un gran proyecto multiplataforma pero, si vas al cine a verla sin haber leído el principio, la sensación es la de pillar haciendo zapping un capítulo al azar de la quinta temporada de una serie que dejaste de seguir hace dos años y no enterarte de nada.

¿Y los diálogos? No necesito que los personajes citen a Kant, pero al menos me gusta que sus conversaciones tengan una cierta gracia, una chispa que en el episodio IX no he visto. En cualquiera de las dos entregas anteriores, tenías grandes momentos con frases demoledoras o al menos divertidas. En ésta, los diálogos son predecibles, cada cosa que dicen la ves venir un minuto antes y todo se reduce a clichés –si lo más épico que tus personajes van a decir es algo como “si vamos a luchar, luchemos juntos”, ya de paso podrías haberlos puesto arrodillados gritando “pero a qué precio, señor, a qué precio”-. Las supuestas frases impactantes de momentos que sospecho que intentaban ser épicos están escritas en la forma más simple y vacía de emoción posible. Por fin tenemos un enfrentamiento final entre Rey y Palpatine. Espero que al menos Rey, que es el personaje al que más admiro, diga algo legendario antes de matar al gran villano. ¿Y eso es lo más espectacular que se le ha ocurrido al guionista –si es que lo hay-? Han Solo aparece de entre los muertos para decirle algo bonito y emotivo a su hijo y lo que hace es repetir lo que ha dicho él pero al revés, como en una canción de Fito y Fitipaldis, sin siquiera intentar darle una pequeña vuelta de tuerca y decir algo memorable.

Los grandes personajes que él mismo creó –Rey, Finn y Poe– están aquí desaprovechadísimos. Y no hablemos ya de cómo ha relegado a Rose a un plano casi de figurante, para tranquilizar a los incels que acosaron a la actriz por mero racismo arcaico y la hicieron pasar por un infierno, legitimando así su discurso de odio. En una especie de segregación racial fílmica, han metido con calzador a dos personajes de los que apenas se nos explica nada, porque están ahí solamente para que Poe y Finn tengan intereses románticos y nos quede claro que no hay nada entre ellos –no fuera a ser que la saga pierda algún fan tóxico-. Y, por supuesto, la chica que le gusta a Poe es blanca y la que le gusta a Finn es negra. A mí me daba igual si Poe y Finn eran sólo amigos o si había algo más, cualquiera de ambas cosas me habría parecido bien. Pero la excesiva insistencia en explicarnos que no son gays para que nadie se escandalice resulta bastante vergonzosa a estas alturas del siglo XXI.

No es ningún secreto que Abrams adora a Spielberg y que todo su estilo de dirección se basa en imitarle desesperadamente –pero con lens flares-. Y eh, me parece bien: si vas a copiar, al menos copia a un maestro de gran éxito y que sabe mucho de narrar. El problema es que ya ni siquiera lo imita bien. Abrams suele copiar un clásico truco narrativo made in Spielberg que consiste en meter en un momento dado una frase que parezca insignificante, pero que mucho más adelante se recuperará en otro momento de la trama adquiriendo un significado totalmente distinto y enriqueciendo la escena. En El despertar de la Fuerza lo hizo varias veces y lo clavó, verdaderamente supo en qué momentos usar este recurso y la cosa le salió muy bien. Rian Johnson también decidió usar este truco y le quedó estupendo –“cada palabra de esa frase estaba equivocada”-. Aquí Abrams lo repite también varias veces –por ejemplo, “nunca subestimes a un droide”-, pero atropelladamente, diciendo una frase y recuperándola dos minutos después en una escena totalmente anodina en la que no aporta nada. Y es que su anterior entrega para la saga, la VII, le quedó muy bien. Pero, como siempre, cuando fue a hacer la siguiente, parece que ya se le habían pasado las ganas.

Lo que sí tiene es fan service, de eso no nos podemos quejar. Y a mí me hace ilusión cuando hay algún pequeño guiño a las entregas anteriores. Pero en este caso es tan excesivo y está metido tan a saco que hasta agobia. Abrams nos está enseñando con orgullo la colección de cromos de Star Wars que tiene guardada desde niño y no se contenta con que veamos sus dos o tres favoritos, sino que nos obliga a pasar página por página los 200 cromos que tiene pegados en el álbum y a detenernos en cada uno de ellos hasta que queremos que se nos trague la Tierra.

Y lo peor de todo es que hay que reconocer que a Abrams se le ocurren muy buenas ideas. Ideas de las que me encantaría saber más, pero que ha decidido contar de forma torpe y muy por encima, como si se avergonzase de ellas. Una colonia de antiguos Stormtroopers que desertaron y ahora ayudan a la Rebelión. Guau. Ojalá nos lo contasen mejor, en vez de que un personaje lo mencione por encima entre plano chulo y plano chulo. Atacar montados a caballo para despistar y que no puedan desconectar nuestros vehículos. Suena genial, qué pena que se vea de pasada, sin contexto y exclusivamente para poder rodar un plano a cámara lenta con la melodía de la Fuerza de fondo. Toda la parte de la guarida de Palpatine, tan oscura, tan genial, tan de película de terror, con sus estatuas gigantes y sus masas de Siths venerándole desde las gradas. Qué bien habría quedado si se narrase mejor. Leia entrenando con Luke después de El retorno del Jedi, algo que tiene todo el sentido del mundo –acaba de descubrir que ella también es una Skywalker, hace lo que todos haríamos, aprender a usar sus poderes-, pero que apenas nos mencionan. El personaje de Janna, que parece interesante, pero que apenas la vemos un minuto presentándose y en la siguiente escena ya se está jugando la vida por salvar a Finn, sin que en ningún momento les hayamos visto hacerse amigos. Son ideas geniales, pero cuya aparición ni desarrolla ni justifica. Es como si se le ocurriera algo de repente y lo pusiera ahí sin acordarse de apuntar en un post-it “recordar justificar esto cuando tenga un rato”.

¿Se sentará Daenerys aquí al final? ¿O Freeza?

Hasta debo reconocer que hay una frase muy buena hacia el final de la película, cuando el general Pryde pregunta qué ejército les está atacando y un ayudante le responde “no es un ejército, es EL PUEBLO”. Esto habría sido tan épico, después de 9 películas esperando que el pueblo de la galaxia al completo se alce al fin contra un imperio opresor. Qué lástima que pase desapercibido porque no nos lo enseña, sólo lo menciona. Abrams comete un error de principiante al hablar de situaciones interesantes mediante los diálogos de un observador en lugar de mostrarlas. Abrams, bro, SHOW, DON’T TELL. Nos enteramos de que el pueblo al fin se ha alzado, pero no de forma visual, sino con un plano cerrado de la cara de Poe comentándolo en voz alta, como en un cómic de los años 40 en el que un personaje señalase fuera de plano y dijera “oh dios mío, un monstruo con tentáculos se cierne sobre la ciudad” en vez de dibujar al monstruo.

De todos modos, lo que más le importa a Abrams es negar la película anterior, la que no dirigió ni escribió él. En este caso, actúa como uno de los fans tóxicos a los que no les gusta nada el cambio ni la sorpresa y sólo quiere acomodarse en aquello que ya traía pensado de casa –o sea, un Kylo-. En una especie de rabieta infantil que prima sobre todas sus decisiones de guión, se esfuerza en invalidar cualquier cosa que haya dicho Rian Johnson porque no ha hecho lo que él quería –y, por supuesto, lo hace explicándonos por qué todo lo dicho en The Last Jedi le parece mal, hasta tal punto de obviedad que sólo falta que Adam Driver se gire hacia cámara y te lo explique como a un niño, usando marionetas-. Si tanta necesidad tenía de que Rey fuera hija de alguien famoso, para perpetuar esa idea de que sólo una pequeña élite familiar tiene derecho a ser poderosa, al menos podría haber pensado una forma más creíble e interesante de narrarlo que ese movimiento Bran Stark de “en realidad era todo mentira y yo lo sabía desde el principio, pero no te lo dije porque… ejem, me llaman al móvil, luego te cuento”. Las excusas para invalidar la película anterior son lo más importante para el director y todo lo demás es secundario, sí, pero al menos las podría haber elaborado un poco más.

La gratuidad de algunas escenas llega a niveles que rozan lo ridículo. No hay un momento en que finja haber causado el fin de un personaje muy querido para luego descubrir que era mentira, algo que ya de por sí me parece deleznable… es que encima lo hace dos veces. La supuesta muerte de Chewbacca, carente de todo dramatismo en su forma de narrar pero con la esperanza de provocar la lágrima, queda anulada dos minutos después con un “que nooo, que era broma, jejeje, has picado”. Y luego vuelve a hacer exactamente lo mismo con el borrado de memoria de C-3PO. Increíble. Pocas veces me ha pasado estar en un cine y que cada vez que había un momento supuestamente dramático la sala se llenase de carcajadas. Ésta fue una de ellas. Y, si buscas una escena tan gratuita y sin sentido que te provoque una vergüenza ajena de nivel dios, con el absurdo diálogo entre Lando Calrissian y Janna al final de la película la has encontrado. “Eh, en esta peli sólo hemos metido una gran revelación familiar, debería haber dos, hagamos algo con estos dos personajes aunque sea así de pasada”.

De verdad que me alegro de que haya gente a la que le ha gustado, que les parezca un buen cierre para una saga y les deje un buen sabor de boca como final. Qué envidia me dan. Entiendo que les haya gustado en el apartado visual, igual que en su día triunfó Avatar. Yo buscaba un buen guión, que me entretuviera y me emocionara como en las dos entregas anteriores. Y, en lugar de eso, me he encontrado con el Dark Phoenix de Star Wars. Nunca he sido partidario de comparar las nuevas entregas de la saga con las antiguas para poder quejarme, eso no tendría ningún sentido: hablamos de películas que se llevan 40 años, en un medio que cambia a toda velocidad como es el cine. Pero sí que comparo el episodio IX con el VII y el VIII, que me parecen espectaculares, y ahí es donde éste último me ha fallado tanto. Aunque el VII sea un refrito de la trilogía original, al menos es un refrito hecho con gracia, como en 1977 lo fue la primera entrega de la saga que combinaba elementos de la cultura popular muy variados. Una historia entretenida, llena de espectacularidad y emoción. En ella, Abrams tomó muy buenas decisiones de guión y dirección. En ésta, no. Pero bueno, algo interesante sí que nos ha enseñado: que todos los problemas de los protagonistas se podrían haber resuelto en cinco minutos desde el episodio VII si hubieran enviado a Lando a darse una vuelta para convencer él solito a toda la galaxia de que se alzara en armas.

 

¿CAPASAO?

 

¿Podría haber sido peor? Supongo que sí. Quizás si al final hubiera aparecido Jar Jar Binks bailando el Baby Shark con una gorra de Make America Great Again. Eso habría sido peor. Un poco, al menos.

Resumiendo, mi ranking de favoritas se queda en: 8> 5> 7> [4 y 6 por igual]> Rogue One> 9> Las precuelas.

En realidad, me da más pena que rabia. Esta historia, con todas esas ideas visuales de Abrams, podría haber sido muy épica…

…si la hubiera escrito Rian Johnson.

 

  • Lo mejor: La versión en acordes menores de la melodía principal de la saga que aparece en el trailer.
  • Lo peor: Las buenas ideas desperdiciadas.

 

Jöse Sénder.

 

cine, comic, Críticas

FÉNIX OSCURA: TODO RENACE, EXCEPTO FOX

6 de junio de 2019.

Artículo originalmente publicado en docpastor.com

 

¿Sabéis cuando dos amigos se toman unas cañas una tarde en la terraza de un bar y se les ocurre una idea para una película, que van apuntando en servilletas? Muchas veces, de ahí han salido muy buenos productos. Pero claro, eso sucede cuando después quedas para seguir desarrollando el guión. Y parece ser que no ha sido el caso de la última entrega de la saga X-Men.

Hay que ser justos: como toda película, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

Si empezamos por las buenas, es innegable que el apartado visual es fantástico. La dirección es impecable, las escenas de acción están rodadas de forma trepidante y agradable a los sentidos. El ritmo narrativo, salvo en algunos momentos puntuales, es ameno y no se hace pesado. Los efectos visuales son un 10 sobre 10, verdaderamente bien hechos, de los de dejarte con la boca abierta mirando la pantalla.

La banda sonora de Hans Zimmer, como en todo lo que hace, espectacular. Las interpretaciones de los actores, espléndidas pese al material con el que han tenido que trabajar. Como era de esperar, James McAvoyMichael Fassbender y Sophie Turner lo bordan.

¡Qué gran película sería, si no fuera por el guión!

Desgraciadamente, los meses de buen trabajo que invirtieron en la post-producción y en sus alucinantes efectos especiales no compensan los veinte minutos que debió llevar la escritura de la película. Algo que, en los años que han pasado desde el estreno de Avatar, cada vez es más frecuente en el género fantástico: “Si tengo unos efectos impresionantes, ¿para qué perder el tiempo escribiendo una historia interesante?”, se dicen complacidos los Camerons del mundo.

Los diálogos están bien, siempre que lleves una semana estudiando en una escuela de cine y sea tu primer corto amateur. Y de hecho, cuatro de los personajes tienen hasta cierta personalidad y profundidad: XavierMagnetoMística y Bestia –es decir, los que ya se habían desarrollado en anteriores películas-. El resto del elenco, en fin, son personajes de relleno absolutamente planos, sin ninguna personalidad y perfectamente intercambiables. Están ahí como excusa para hacer avanzar la trama y nada más. Casi parecen escritos para una película de Zack Snyder –pero, en este caso, con efectos digitales bien integrados-. Esto es aceptable si se trata de personajes que, al menos en esta entrega, son muy secundarios, como CíclopeTormenta y Rondador Nocturno –también llamados a partir de ahora Figurante 1, Figurante 2 y Figurante 3-. El problema viene cuando la historia gira en torno a Jean Grey y ella, el personaje principal, está escrita de forma igual de insulsa y carente de personalidad que éstos –no podemos por menos que admirar el trabajo de Sophie Turner, que está genial pese a lo que le ha tocado hacer-. Los cuatro son como el niño al que le toca hacer de árbol en la obra de teatro del colegio. Están ahí.

El equipo de esbirros de Magneto es en esta película incluso más nefasto y carente de todo atisbo de carisma que en la primera de la saga. Consta de un tipo llamado Ariki que da latigazos con sus rastas –al que ni siquiera yo, que llevo toda la vida leyendo cómics, recuerdo para nada– y una mujer bastante sosa que está por ahí sin hacer nada, que según los créditos finales se supone que es Selene, la reina negra del Club Fuego Infernal –una de las villanas más temibles y poderosas de Marvel-. La similitud con el personaje original empieza y acaba en el nombre.

En cuanto a los villanos, son unos señores que pasaban por allí y por alguna razón no especificada quieren hacer maldades no especificadas. Por el motivo que sea, los han llamado D’bari, el nombre de una raza alienígena que sale en algunos cómics Marvel, con peinado de ramillete de brócoli y pistolas que convertían a la gente en piedra. El primero de ellos aparece como villano en el inolvidable Vengadores nº 4 (1963), justo cuando descongelan al Capitán América, y nos explica que fue el quien dio origen al mito griego de Medusa. En la película, en cambio, son una especie de conejos despellejados en una carnicería y que presuntamente tienen algún plan maligno, pero todo lo que hacen es hablarse entre ellos mirando al vacío con cara de cartón como en una película lisérgica de Carl Dreyer. Todos sabemos que Jessica Chastain es una actriz como la copa de un pino, pero en esta ocasión la pobre estaba allí en medio sin tener muy claro ni ella misma qué estaba pasando.

Hay una escena pretendidamente chocante, desgarradora y lacrimógena hacia el principio de la cinta, pero que en realidad se ve venir de lejos y consigue lo que parecía imposible: que algo sea previsible, pero a la vez gratuito. En general, la película no da la sensación de ser el cierre épico de una saga que ha durado veinte años, sino el de un capítulo de relleno fácilmente olvidable hacia mediados de una de las temporadas más flojas de Sobrenatural.

Pese a todas estas críticas, nos deja algunos detalles puntuales muy interesantes, sobre todo en las escenas de cierre de los personajes y mediante algunos guiños a la trilogía original que intentan aportar algo de coherencia interna a la saga –algo tremendamente difícil de conseguir cuando Bryan Singer ha estado de por medio-. En ese aspecto, hay que quitarse el sombrero ante Simon Kinberg, que consigue dar algún que otro brochazo decente a la saga más irregular que haya dado el cine de superhéroes.

Hay cierto cameo de un legendario guionista de cómics que emocionará a todo buen fan. Y, personalmente, lo que me más me ha gustado ha sido la breve aparición de Halston Sage –Alara de The Orville– interpretando a un muy querido personaje clásico de Marvel que aún no había aparecido en ninguna película. Una escena que vale mucho la pena.

Visualmente, esta película se merece un 10. En cuanto a su guión, siendo muy generosos, un 3. No es la peor película de X-Men –todos hemos intentado olvidar X-Men 3 o X-Men Orígenes: Lobezno-, pero está muy, muy por debajo de las mejores entregas de la franquicia –las verdaderamente buenas, como X-Men: Primera GeneraciónLogan o las dos películas de Deadpool-. Si te gustan los efectos visuales espectaculares, las peleas bien rodadas y no te importa todo lo demás, te gustará. Si esperas un guión en el que se haya invertido más de una tarde de trabajo, no. Es una obra más para fans de Michael Bay o Roland emmerich que de Joss Whedon.

Pero nos deja algo bueno: que, pase lo que pase con New Mutants, peor no será.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Cementerio de animales: Algo irregular, pero un digno remake.

3 de abril de 2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

En el 30 aniversario de la mítica adaptación cinematográfica de Cementerio de Animales de Stephen King –dirigida por Mary Lambert en 1989 y traducida locamente al español, en el clásico movimiento absurdo de aquí, como “El cementerio viviente”-, Kevin Kölsch Dennis Widmyer nos traen una nueva versión del clásico de la literatura de terror, realizada con mucho más presupuesto y calidad de medios de producción.

El resultado de la obra es el de un producto que, si bien irregular, deja un buen sabor de boca. La primera mitad de la película se hace pesada, es demasiado lenta, está llena de clichés innecesarios –le falta un abuelo con gorra en una gasolinera diciendo “no vayáis por ahí, os llevará a una muerte segura” para que podamos cantar bingo– y los sustos son fáciles y gratuitos. Recuerda a cualquier slasher genérico de los 90 –que no fuera la magistral saga Scream, por supuesto– en el que cada vez que pasa un coche suben mucho el volumen para que te asustes y no se te olvide que estás viendo una peli de miedo durante los ratos en que no pasa nada interesante.

Pero esta dejadez de la primera parte queda compensada con creces cuando, a partir del potente plot twist a mitad de la historia, la dirección da un giro y se convierte en una verdadera película de terror escalofriante que ya no recurre al truco fácil, sino que es capaz de generar una atmósfera terrorífica por sus propios medios –¿Quizás tenga que ver con que haya dos directores? ¿Habrá dirigido cada uno una mitad?-. De modo que al principio puede resultar un tanto aburrida, pero la segunda mitad es tan infartantemente siniestra y demoledora que todo fan del buen cine de terror saldrá de la sala con un buen recuerdo e ignorará la falta de tino del comienzo. Si te gusta pasar miedo, aquí vas a disfrutar.

La fotografía y la dirección son impecables, muy al estilo del cine de terror de los 80, contribuyendo a generar ese ambiente tétrico y espeluznante que tan necesario es para apoyar las historias de Stephen King, en que lo bucólico y entrañable se mezcla de forma indisoluble con lo escalofriante y demencial. En ciertos aspectos estéticos, recuerda mucho a la adaptación de 1989 de Mary Lambert –de hecho, el crío es tan clavado al de la película original que me pregunto si será un clon de éste-.

Los actores son en su mayor parte relativamente desconocidos, lo cual lejos de restarle atractivo a la obra, ayuda a otorgar veracidad a la historia y a que nos metamos más en ella. Los vemos como a una familia de verdad, nuestros vecinos de al lado, nos los creemos. Jason Clarke –ese extraño cruce entre Mark Ruffalo y Woody Harrelson al que he decidido apodar Work Ruffarrelson– está espléndido, pero Jeté Laurence, la niña que interpreta a su hija de 8 años, es tan brillante que se come al resto del reparto con patatas. Excepto quizás a John Litgow, el mítico protagonista de Cosas de Marcianos, que aquí interpreta al vecino redneck y nos deja con la boca abierta en su interpretación dramática.

Hay cambios drásticos –que no mencionaremos a fin de evitar spoilers– con respecto al libro original, pero no molestan, sino que le añaden credibilidad a la historia y la hacen más interesante, además de que así logra sorprender incluso a los fans acérrimos de Stephen King que se sepan el libro de memoria.

Sospecho que el gato elegido para la película, de raza Maine Coon –en el libro era un gato británico de pelo corto-, ha sido un guiño hecho aposta hacia el propio Stephen King, que siempre suele situar sus historias en el estado de Maine.

La película tiene algunos defectos, no nos engañemos. El principal es el abuso de la banda sonora tétrica, que si bien está muy bien compuesta, suena tan continuamente que agobia. Ese zumbido de fondo a lo David Lynch que no calla más que un par de minutos durante todo el metraje parece estar ahí diciéndonos “eh, no os olvidéis de que estáis viendo una película de terror, ¿vale? No vaya a ser que veáis una escena de emotivo drama familiar y se os olvide”. Llega a hacerse repetitivo y pesado, al menos durante la mitad de menor calidad de la cinta.

Otro detalle que provoca cierto dolor al espectador es el nivel de estupidez del personaje protagonista. Sabemos de sobras que los personajes principales de una peli de terror deben ser un tanto idiotas –Abed de Community ya nos dejó claro que, si los personajes fueran inteligentes y supieran cómo reaccionar de forma coherente, no habría historia de miedo-, pero el bueno de Louis alcanza unos niveles de imbecilidad que rayan lo absurdo. En parte, esto es algo bueno, porque justifica la abrumadora cantidad de cagadas que comete y elimina cualquier posible agujero de guión –vale, ha pasado una cosa muy poco creíble, pero no ha sido un diabolicus ex machina gratuito, sino simplemente que el protagonista es tonto-. Por otra parte, cuesta creer que un señor con tan escasa capacidad cognitiva como Louis haya llegado a los cuarenta años sin morir atragantado por un plátano y mucho menos que haya logrado criar a dos hijos sin que se le ahoguen en la bañera.

Dejando de lado estos desafortunados errores –la irregularidad de la calidad según el momento del metraje, el abuso de banda sonora y lo idiota que llega a ser Louis-, la película es digna y una estupenda adaptación de un clásico del terror de King.

Como apunte curioso, la mayoría sabréis que lo más mítico que tuvo la adaptación de 1989 fue la canción homónima de The Ramones que sonaba en los créditos finales. En esta nueva adaptación, tenemos una versión de la misma canción también en los créditos, cantada por alguien con una voz que recuerda vagamente a la de Courtney Love. Pero lo curioso –y altamente enervante– es que, por más y más búsquedas que he realizado por internet, me ha sido imposible encontrar quién ha hecho este cover, no aparece por ninguna parte. No lo vais a encontrar en la ficha de IMDB de la película, ni en su página de Wikipedia, ni en ningún otro sitio. Si, al igual que yo, sois de esas personas que cuando oyen una canción que les gusta necesitan saber quién la está cantando, solo puedo recomendaros que os quedéis a ver los créditos, al menos hasta la sección que suele venir casi al final de éstos en la que se detallan las canciones que aparecen, y ahí os fijéis en quién cantaba esta versión, porque no vais a poder encontrar esa información en ningún otro lugar. Tampoco será difícil de identificar en los créditos, al fin y al cabo es la única canción que suena en la película además del irritante zumbido lynchiano.

Cementerio de Animales puede ser algo irregular, sí, pero es un buen producto. No será tan redonda y perfecta como fue el remake de It de 2017, por supuesto, pero es una película de terror digna y entretenida. Zombis, casas bonitas en medio de bosques siniestros, protagonista medio lelo y niños que dan escalofríos. Tiene todos los ingredientes que necesitamos para pasar un buen rato de sustos.

Artículo de Jöse Sénder.

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Reseña | Flash de Mark Waid: Relámpago expansivo

19-3-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

El nuevo tomo recopilatorio de Flash que ha lanzado ECC, titulado Relámpago Expansivo, recopila un largo y complejo arco argumental escrito nada menos que por el mismísimo Mark Waid. Este tomo de gran formato en tapa dura consta de la friolera de 568 páginas –aseguraos de llevar una bolsa bien gruesa cuando vayáis a comprarlo- y podéis encontrarlo en vuestra tienda de cómics al módico precio de 46,50 €.

Nos encontramos en la etapa de Wally West y asistimos al principio de todo a su esperada boda con Linda Park, en la cual la propia Linda es secuestrada por un misterioso villano y extraída de la corriente temporal, borrando todo rastro de su existencia hasta el punto en que nadie –excepto, por algún motivo que no he acabado de entender, Impulso- recuerda haberla conocido.

A raíz de este interesante punto de partida, comienza un complejo arco narrativo con montones de ramificaciones, en el que se suceden viajes en el tiempo y paradojas cuánticas como toda buena historia de Flash debe tener. Ríete tú de Doctor Who o El Efecto Mariposa –sobre todo de ésta última, porque costaba tomarse en serio a Ashton Kutcher-.

A lo largo de la intrincada trama, vamos topándonos con multitud de versiones de Flash de distintas épocas, algunas que ya habíamos visto anteriormente y otras a las que conocemos por primera vez durante un fugaz instante, en mitad de los vertiginosos viajes de Wally por el espacio-tiempo.

En cuanto a los velocistas que ya conocíamos, tenemos aquí al elenco completo para dejarnos claro que ésta es una historia trascendental, épica y que supone un punto de inflexión en la historia de Flash. Están Wally West, Barry Allen, Jay Garrick, Jesse Quick, Max Mercury, Impulso, Xs, los Gemelos Tornado e innumerables iteraciones más. Llega un punto en que empezamos a sospechar que en el DCverso hay más gente con poderes de velocista que sin ellos.

La galería de villanos que puebla las páginas de este tomo tampoco se queda corta. Desfilan por esta aventura desde el Profesor Zoom hasta Azul Cobalto, desde el Replicante hasta las versiones futuristas del Capitán Frío –Comandante Frío, en este caso- y Ola de Calor, desde Kobra hasta Thawne –uno de ellos, al menos- y un largo etcétera.

En esta ocasión, ECC parece haberse olvidado de incluir la habitual página al principio en la que se detallan los créditos y fechas de publicación de cada uno de los capítulos, ésa que sólo los frikis repasamos con atención –bueno, no se lo vamos a tener en cuenta, con el currazo de edición que se han pegado, un pequeño fallo lo tiene cualquiera-, pero por algunos detalles de las portadas podemos aventurar que la multitud de historias que componen este vasto recopilatorio se sitúan en torno al año2000.

El dibujo –y sobre todo el color-, no nos engañemos, es muy de la época y en ocasiones se hace un poco duro de mirar. Pero, a partir de la mitad del tomo, Paul Pelletier se encarga de mejorarlo muchísimo y hacerlo muy atractivo. Sobre todo en la historia corta que, a modo de flashback, protagonizan un Wally West adolescente y Montague –uno de los simios de Ciudad Gorila-, que es una verdadera delicia visual.

Y hay que admitir que el uniforme granate y blanco del nuevo y misterioso Flash que llega a Keystone para ayudar a Garrick –el que podéis ver en la portada del tomo- es uno de los más molones que haya visto no sólo en Flash, sino en cualquier cómic de superhéroes.

Una historia que, pese a sus evidentes carencias en el apartado gráfico –al menos durante la primera mitad del tomo-, resulta muy interesante y entretenida, con gran cantidad de giros dramáticos y sorpresas como no podía esperarse de otra forma de un guión de Mark Waid. Imprescindible para todo buen fanático del velocista escarlata.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | Presidente Lex: el peligro de dar alas a un maníaco sediento de poder

28-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

ECC nos trae un nuevo tomo de lujo de Superman, dentro de su colección “El nuevo milenio”. En este caso, recopila la mítica era de principios de los 2000Presidente Lex, que narra el ascenso de Lex Luthor hasta la presidencia de los Estados Unidos. Es la espeluznante historia de cómo un villano retorcido y cruel puede llegar a manipular a las masas hasta el punto de convertirse en el hombre más poderoso del mundo de forma legal. Algo que tristemente ahora mismo está de actualidad en los USA. Y es que la historia de Luthor en esta saga recuerda de forma tan escalofriante a los sucesos reales de la sociedad americana actual, que los clásicos fans conspiranoicos de “los Simpson ya predijeron que…” pueden encontrar en este tomo una nueva fuente de inspiración para sus teorías absurdas.

Lex Luthor siempre ha sido un villano interesante, con su intelecto y su capacidad de manipulación como gran superpoder. En esta saga, podemos apreciar esa manipulación llevada a tal extremo que hasta Aquaman se deja encandilar por su malicia.

El elenco de autores que componen el volumen es, cuanto menos, estelar. A los guiones tenemos grandes nombres como Jeph Loeb –uno de los pesos pesados de DC– o el mismísimo Mark Schultz –el genio incomparable que creó el legendario cómic Xenozoic Tales, que nos llegó a España en forma de serie de animación en los 90 bajo el título de Cadillacs y Dinosaurios-.

Al dibujo, se compaginan historias de varios autores, destacando sobre todo grandes estrellas como Paul Pelletier –She-Hulk-, Paco Medina –New X-Men-, Carlo Barberi o el incomparable Joe Madureira. Quizás el que brilla con luz propia en la mayor parte de este volumen es Ed McGuinnessGen13-, cuyo espectacular estilo ejemplifica a la perfección la época en la que se publicó esta saga, con reminiscencias de los 90 pero quedándose solamente con los elementos interesantes de entonces y eliminando la parte más hortera para adaptarse al nuevo siglo. Su dibujo es siempre divertido y agradable para los sentidos, como se nos demuestra en el número que dibuja con simpática aparición de la Young Justice o en la hilarante aventura de Jimmy Olsen y Superman Bizarro.

No acaba aquí el desfile de talentos, porque se incluyen en el volumen varias historias muy cortitas dibujadas por grandes estrellas invitadas, de la talla de Humberto Ramos, Arthur Adams, Mike Wieringo, Rob Liefeld –vale, a éste lo llamo “gran estrella” en modo irónico-, Todd Nauck o Tim Townsend.

Uno de los momentos más interesantes que completan este volumen es la historia en que se nos muestra un documental televisivo sobre la vida de Lex Luthor, pero tergiversando y manipulando los hechos para que, a ojos del espectador, Lex parezca el bueno y Superman el malo. El estilo visual de la historia recuerda al del mítico Marvels de Alex Ross –salvando las distancias porque, por muy bueno que pueda ser cualquier otro autor, Ross es inigualable-.

Estamos pues ante una obra interesante y completa que nos muestra el peligro de dar alas a un maníaco sediento de poder. Quizás si más gente hubiera leído este cómic cuando fue publicado, ahora el mundo estaría un poquito mejor.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | Los Cuatro Fantásticos, de Dan Slott

18-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Los fans de los cómics clásicos de aventuras estamos de enhorabuena. Debido probablemente a la recuperación de los derechos de Fox y de Konstantin Films por parte de Disney, la primera familia de superhéroes –el grupo más legendario, el que dio inicio a la era Marvel en junio de 1961 y bautizó al universo 616– ha vuelto por fin, después de una época oscura para los cómics en que la triste ausencia de Reed Richards se hacía notar en el mundo. Si algo está claro es que el universo necesita siempre a los 4 Fantásticos. Y no me refiero necesariamente al universo Marvel.

El arranque de esta nueva etapa nos llega de manos del brillante guionista Dan Slott –uno de los pesos pesados del cómic estadounidense de lo que va de siglo– y el dibujo de la siempre espectacular Sara Pichelli, que se ha ganado con honores un puesto entre los dibujantes más admirados del momento. Completan el número una historia corta dibujada por el fascinante artista italiano Simone Bianchi y una tira cómica del siempre divertido Skottie Young.

Aunque aún es pronto para poder analizar la obra a fondo, este primer número ya muestra un poco por dónde van a ir los tiros. Y, francamente, parece un camino agradable. Al ser un primer capítulo de presentación de la nueva era, se centra más en mostrarnos en qué momento emocional de sus vidas está cada personaje y aún no podemos meternos de lleno en las clásicas tramas 4F de aventuras locas y desenfadadas –excepto por un breve flashback que nos muestra una aventura sencilla y divertida de tiempos mejores-. Pero, aunque sea de un modo muy esbozado, ya empieza a augurar los elementos que conformarán la obra, que son los pilares básicos que siempre han tenido los cómics de los 4 Fantásticos, los que los hacen imprescindibles como faro luminoso en un mundo oscuro: Aventura, viajes espaciales, descubrimientos fascinantes, lazos familiares, algo de drama emotivo y sobre todo un elenco imprescindible de secundarios de lujo.

Y es que el bueno de Slott ha sabido incluir ya en el primer capítulo a todos los secundariosimportantes de los 4F, aunque en algunos casos sea de forma más anecdótica que en otros, pero sabiendo que mostrarlos ni que sea un leve instante ya va a dejar claro al lector que éste va a ser un cómic clásico de la franquicia. Alicia Masters –el eterno amor de La Cosa-, Wyatt Wingfoot –el mejor amigo de la Antorcha-, los macarras de la calle Yancy, Medusa, Crystal, Hulka –siendo Dan Slott, no podía dejar de incluir a su personaje más querido-, Willie Lumpkin –nuestro cartero favorito– y, por supuesto, el Doctor Muerte, probablemente el villano más carismático de Marvel –y de lo que no es Marvel-.

Los diálogos de Slott son siempre brillantes y su forma de narrar no admite queja alguna, como ya nos lo demostró en su legendaria etapa de Hulka –She-Hulk by Dan Slott volúmenes 1 y 2, 2004 a 2006, uno de los cómics más divertidos que vais a poder encontrar jamás-. Y en este nuevo inicio de los 4 Fantásticos no parece que vaya a defraudarnos en absoluto. Sólo tenéis que ver a Johnny Storm haciendo de Ferris Bueller en una hilarante escena de este número para que os quede claro que esto es puro Slott. Oh, y no sé a vosotros, pero a mí la splash-page de la página 22 me ha arrancado una sincera lagrimita.

Sólo podemos esperar al próximo número con ansia y altas expectativas. Porque “el mejor cómic del mundo” –como reza el propio subtítulo de la serie– ha vuelto por todo lo alto y promete estar a la altura de sus mejores épocas, las originales de Stan Lee y Jack Kirby en los 60 o la era de Pacheco, Larroca, Davis y otros grandes en el Fantastic Four volumen 3 de 1998 a 2003.

Y es que, como decía la tía Petunia: ¡Es la hora de las tortas, verdaderos creyentes!

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | Alita: ángel de combate

12-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Pese a la presencia del muy venido a menos James Cameron –que pasó de ser el genio que dirigiera obras cumbre como Terminator 2, Aliens o Mentiras Arriesgadas a ser el artífice de tostones infumables como Avatar-, Alita es una película de acción entretenida que se puede disfrutar, si no te pones muy quisquilloso con su fidelidad como adaptación. Y esto se debe, principalmente, a la gran labor de dirección del maestro Robert Rodríguez, que rara vez defrauda a sus fans –excepto cuando le da por meter a Enrique Iglesias en una película de tiros, pero por suerte éste no es el caso-.

No tenía grandes expectativas con esta nueva adaptación americana de un manga legendario, pero me acabé encontrando con una cinta de acción que, si bien superficial, resulta bastante decente. No olvidemos que poca gente puede dirigir escenas trepidantes, peleas y persecuciones como el bueno de Rodríguez –El Mariachi, Desperado, Machete, Abierto hasta el amanecer, Planet Terror, The Faculty-.

La historia de la película es básicamente la trama del primer tomo del manga original –Gunnm, de Yukito Kishiro, traducido en el mundo occidental como Alita: Ángel de Combate-, pero añadiéndole partes de la trama del tercer arco –las competiciones de Motorball– y algunos detalles extraídos de distintos momentos de la serie original.

En este sentido, es relativamente fiel al original –o al menos, mucho más que otras adaptaciones como Ghost in the Shell, Constantine o todas las películas de Marvel-, en cuanto a que se basa en elementos sacados de la serie original, aunque estén remezclados un poco a gusto del director, pero intentando que todo provenga de la obra madre en mayor o menor medida. Eso sí, sin dejar de ser otra americanización de una obra clásica japonesa, de la que nos quedamos con las partes más superficiales de la historia y eliminamos todo lo profundo y metafísico que hubiera. Como curiosidad, los nombres de algunos personajes están cambiados, pero no es que se los hayan inventado para la película, sino que están basados en la traducción occidental que se le dio al anime al exportarlo –un poco como si hicieran una peli del Capitán Tsubasa y lo llamasen Oliver Atom-.

Aunque hay una parte que hace flojear la película y destruye casi por completo una historia que podría haber sido mucho más memorable: la vergonzosa trama romántica. La parte de la película que se han sacado de la manga –y no del manga– es una absurda y gratuita subtrama de amoríos adolescentes entre Alita y un sosainas infumable llamado Hugo. El tal Hugo –que en el original sólo era un amigo más de Alita– es sin duda el personaje más insulso, aburrido e innecesario que he visto en una película en los últimos 20 años, una mezcla entre Riley Finn de Buffy Cazavampiros, Danny Pink de Doctor Who y cualquier personaje interpretado por Shia LaBeouf entre 2005 y 2010.

Si lo que querían mostrar era la relación entre un ciborg como Alita y los simples humanos, ya se había establecido una interesante y emotiva relación padre-hija entre ella y el Doctor Ido. No era necesario colar esa “trama Crepúsculo” que choca con el personaje, con la historia y con el estilo general de la obra. Si tuviera que aventurar una conjetura de por qué metieron esta inexplicable subtrama, diría que Cameron –el peor productor del mundo– se empeñó y el pobre Rodríguez tuvo que meterla con calzador y a regañadientes, procurando que dicha trama no influyese mucho a la película y se pudiese recortar sin problemas en un futuro montaje del director, que probablemente aumentaría exponencialmente la calidad de la película.

Y es que Robert Rodríguez es un director como la copa de un pino y además se le nota que es un gran fan del manga Gunnm. Es una lástima que tenga a James Cameron produciendo y cortándole las alas –y no me refiero al brillante Cameron de los 80, sino al Skrull que le ha sustituido últimamente, el que se ha endiosado desde que ya no tiene detrás a un productor de verdad diciéndole “recorta esa parte, que sobra, y retoca esa otra para darle coherencia”-. Sus escenas de acción son impecables y divertidísimas. Algunas escenas de lucha están calcadas del tebeo golpe por golpe y plano por plano, así como los diseños de los villanos ciborg, con un cariño por la obra original que se ve al primer vistazo. Personalmente, me emocionaba cada vez que veía a Alita usar su mítica técnica del Panzer, la voltereta con patada vertical de arriba abajo con la que puede partir a la gente en dos como si nada. Sí, quizás hay algunos momentos de chulería y frases lapidarias que chocan un poco con el carácter inocente de la protagonista, pero tampoco molestan tanto como la presencia de Hugo, la verdad.

El casting no admite queja alguna, si intentamos no dar importancia a que los actores en esta versión no sean japoneses sino occidentales: Christoph Waltz –Doctor Ido, Jennifer Connelly Chiren y Mahershala Ali Vector están tan espectaculares como lo están siempre en todo lo que hacen. La joven y desconocida Rosa Salazar interpreta a Alita de forma estupenda. Tenemos ciertas agradables sorpresas como recuperar a una olvidada estrella de acción de los 90, Casper Van Dien –Amok-, o a un viejo conocido de la filmografía de Rodríguez, Jeff Fahey –lo habéis visto en Machete o en Planet Terror-. Y no os diremos quién interpreta al villano que mueve los hilos entre las sombras, Nova, para que no os explote la cabeza.

La gran baza de esta película es su apartado visual. El departamento de dirección artística lo ha bordado y eso hay que admitirlo, por mucho o poco que nos pueda gustar el guión. El trabajo de diseño de producción es de lo mejorcito que se haya visto en lo que va de siglo: Los diseños de decorados, de vehículos, la estética cyberpunk decadente, los diseños de los ciborgs. En definitiva, la exhaustiva creación de un mundo post-apocalíptico, creíble pero a la vez impresionante. En cuanto a dirección de arte y a efectos visuales, sublime. No suelo ser un gran admirador de ver cine en 3D, pero en este caso está muy bien creado y lo recomiendo encarecidamente.

Uno de los puntos más criticados por el público desde el tráiler fue la deformación de los ojos de la protagonista para darle un toque más manga. Pero debo decir que no desentona con la película. Tengamos en cuenta que estamos ante una película de ciencia-ficción futurista con montones de CGI, en la que casi la totalidad de los personajes tienen retoques digitales para mostrar sus partes robóticas y deformidades corporales, para dejarnos claro que en ese futuro, quien más quien menos, todo el mundo tiene algo irreal e imposible en su físico –algo que no se habría podido hacer tan bien sin efectos visuales-. Así que, pasado el shock inicial de los primeros cinco minutos de película, casi te olvidas de los ojos de Alita.

Visualmente, esta película es un 10 sobre 10. En cuanto al guión, es un 6 pelado y gracias. Pero estoy casi seguro de que, con un buen remontaje –eliminando la gratuita subtrama cameroniana del soporífero amorío adolescente, que nos hacía poner los ojos en blanco hasta alcanzar el umbral del dolor, y procurando que Hugo no apareciese en un solo plano ni se le mencionase en absoluto-, el apartado de guión podría subir de un 6 a un 8 y dejarnos una cinta media hora más corta, mucho menos irregular, mucho más agradable.

No esperéis una historia profunda y existencial que os cambie la vida. Pero como película de acción, de hostias, robots, carreras y ciencia-ficción, es muy entretenida y Rodríguez nunca defrauda en este aspecto.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | La Lego película 2: Todo es fabuloso

5-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

¿Te gustó la Lego-Película? Pues probablemente te gustará la Lego-Película 2, subtitulada en un alarde de humor como “La segunda parte”. Sólo con este subtítulo ya nos hacemos una clara idea de que la cosa va a estar cargada de risas.

Tan divertida y loca como la primera, una película para todos los públicos que los más pequeños disfrutarán y con la que los adultos se reirán a carcajadas. Su tono infantil y desenfadado no la exime de una enorme dosis de humor ácido y cargado de mala baba que llenaba la sala de cine de risas incontrolables, con algunos chistes de humor muy fácil y otros tremendamente inteligentes y bien pensados.

Tranquilos, papis y mamis, todo lo adulto es lo suficientemente sutil como para que ningún niño capte el humor negro y sarcástico con el que sus padres se desternillarán. Pero la película es lo bastante alocada y llena de aventuras para que esto no afecte al disfrute infantil.

Si algo negativo se le puede achacar es que el plot twist del final de la primera entrega fue tan potente que dejó un listón demasiado alto. En la primera entrega nos encontrábamos con un mundo loco y absurdo que no entendíamos y que parecía como si lo hubiera escrito un niño, hasta que al final nos sorprendía descubrir que, en efecto, todo lo que pasaba eran las aventuras imaginadas de un niño jugando con las maquetas de su padre –el grandioso Will Ferrell-. Lo que quizás hace que esta nueva entrega esté ligeramente por debajo es que, una vez conocida la sorpresa de la anterior, ya no tenemos ese elemento de incomprensión que nos mantenía en vilo toda la película. Desde el principio ya sabemos que toda esta locura la desata la imaginación de un niño y eso le resta misterio. Pero en esta ocasión también hay cierto giro de guión muy interesante que, aun sin ser tan chocante como el de la primera, te deja un buen sabor de boca.

Además, la acción, las risas y la genialidad visual compensan con creces cualquier defecto que la película pudiera tener. Los increíbles decorados de Lego vuelven a dejar con la boca abierta: no olvidemos que, aunque la película esté realizada mediante animación 3D, todo está diseñado en base a construcciones de Lego que se pueden llegar a hacer, lo cual en mi humilde opinión les suma muchísimo mérito a esos titanes que son los diseñadores de producción de esta obra. Construir el mundo de Mad Max con Legos y que quede tan real es, simplemente, impresionante.

La cantidad de guiños y referencias frikis a películas, cómics, videojuegos y demás es apabullante, quizás incluso más que en la primera entrega –lo que se agradece enormemente, dado que es una de las bazas más divertidas de esta saga-.

Esta vez hay que hacer especial hincapié en Batman, que afortunadamente tiene mucho más protagonismo que en la primera parte. Hay un montón de desternillantes referencias a su mundo de cómic y a los actores que lo han interpretado a lo largo de las décadas, con incluso algún pequeño cameo que puede hacerte soltar una lagrimita de nostalgia. “¡Necesitamos a Batman!”, grita el alcalde en una escena, “¡Los de Marvel ya no nos cogen el teléfono!

Sí, tiene las –tan odiadas por los adultos– escenas musicales de toda película de animación para niños. Pero están cargadas de humor y de comentarios cínicos y despectivos de los propios personajes, convirtiendo esas escenas que podrían haber sido altamente pastelosas en divertidas parodias de cualquier película de Disney.

A título personal, os recomiendo que si podéis la veáis en versión original, para no perderos las voces de la cantidad de famosos que aparecen, algunos como protagonistas y otros como breves cameos: Tenemos a Rosa de Brooklyn 99 en uno de los papeles principales, a la jueza de The Good Place, a los mismísimos Moss y Richmond de The IT Crowd –Los Informáticos-, Bruce Willis, Jonah Hill, Chaning Tatum, Jason Momoa, Cobie Smulders o Ralph Fiennes, entre otros.

Will Arnett. Sobre todo, Will Arnett.

Porque Will Arnett es probablemente el mejor Batman que haya habido jamás.

Todo es fabuloso.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | The Woods (volumen 8): La batalla final

30-1-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Un instituto de Wisconsin desaparece de repente y se teletransporta con todos los alumnos y profesores a una lunade otra galaxia, que al principio puede parecer un hermoso paraíso natural, pero en seguida descubrimos que es una cruda jungla asesina llena de terribles bestias y guerreros implacables. Así empezaba esta interesante historia, The Woods, en la que el genial guionista James Tynion IV nos va metiendo poco a poco en la compleja psique de un grupo de adolescentes, enfrentados a los horrores de la naturaleza alienígena para los que no están preparados.

Poco a poco íbamos descubriendo que en esa luna había más de lo que parecía. Empezando por esas extrañas fuentes de energía que enloquecen al que se acerque demasiado y lo consumen por completo. Siguiendo por el hecho de que otros humanos de nuestro mismo planeta, de muy variadas civilizaciones, habían sido trasladados allí siglos atrás por motivos desconocidos y ahora tratan de sobrevivir como pueden en un mundo salvaje y tribal, un poco al estilo de la serie Los 100.

En este nuevo volumen –que no es el último, pese a su título– se recopilan los capítulos 29 a 32 de esta magnífica y refrescante serie.

Después del enfrentamiento contra Isaac en la Ciudad Negra, que tuvo como sorprendente resultado el retorno de Sanami a la Tierra, el resto de protagonistas la dan por muerta.Karen Jacobs es ahora la gran protagonista, tras un impresionante arco de transformación del personaje que la ha llevado de ser esa niña pánfila sin personalidad que era en el primer capítulo a convertirse en una especie de Xena + Lara Croft + Todos los personajes del Assassin’s Creed juntos.

Harta de tanta muerte sin sentido y forzada a madurar demasiado pronto, Karen ha decidido llevar la batalla hasta las puertas de los japoneses antes de que sean ellos quienes les masacren de nuevo. Acompañada de sus fieles Ben y Sander, se infiltrará en el cuartel enemigo para intentar llegar hasta el cada vez más psicótico general Taisho.

Mientras tanto, Sanami tendrá que enfrentarse a su vuelta a la normalidad y los padres de los protagonistas al sorprendente descubrimiento de la existencia de civilizaciones alienígenas –más que nada porque Sanami se ha llevado con ella al adorable monito espacial Doctor Robot– y de que sus hijos en realidad no han muerto –aunque bueno, a estas alturas del cómic, pocos quedan ya-. Las habituales sorpresas y giros inesperados de guión no se harán esperar, como es habitual en esta serie.

Acción a raudales, paisajes preciosos y mucho, mucho drama psicológico pueblan las páginas de este nuevo volumen, como no podía esperarse menos de esta obra. Publicado originalmente por Boom Studios en América, aquí nos lo trae en un agradable formato de tomos de grosor medio Medusa Cómics.

Las ilustraciones de Michael Dialynas siempre asombran, combinando su estilo marcadamente indie con un preciosismo visual impresionante. Ese mundo de tonos morados, verdes y azules en el que Dialynas nos hace revolcarnos es una delicia visual, lo que no empequeñece la sensación de miedo y angustia que pretende –y logra– provocar el excelente guión de Tynion.

Sólo podemos esperar con ansia el próximo volumen de esta agradable sorpresa narrativa.

Una verdadera joya del cómic independiente, visualmente precioso e intelectualmente delicioso a partes iguales.

Artículo de Jöse Sénder

Críticas

Reseña | La increíble Patrulla X de Whedon (V2): Clásico instantáneo

14-1-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Antes de empezar, debo advertiros de que soy tan extremadamente fanático de todo lo que escribe Joss Whedon que la crítica que vais a leer probablemente no sea del todo imparcial. Pero, sinceramente, cualquiera que se haya dedicado al guión o al menos conozca un poco de este arte debería sentirse en la obligación moral de admirar a este genio.

Este nuevo volumen de Marvel Integral de tapa dura recopila la segunda mitad de la serie Astonishing X-Men vol. 3, del número 13 (2006) al 24 y el Giant-Size Astonishing X-Men (2008), con el que Whedon se despidió de su estancia en la franquicia.

Las tramas secundarias que Whedon había ido planteando levemente en sus dos primeros arcos argumentales –números del 1 al 12, recopilados en el anterior tomo de Marvel Integral-, y que no sabíamos muy bien adónde se dirigían, confluyen aquí en una historia apoteósica dividida en dos arcos. Para cualquier conocedor de la obra de Whedon, está claro que nada pasa nunca porque sí y que cualquier pequeño detalle tiene ramificaciones esenciales en el futuro.

Empezamos por todo lo alto: la gran villana de la primera mitad de la historia es nada menos que Cassandra Nova, la psicótica y peligrosa hermana gemela de Xavier. Probablemente estemos hablando de la enemiga más poderosa y temible que hayan tenido jamás los X-Men –donde incluso Magneto o Mister Siniestro podían llegar a mostrar compasión o a comedirse en sus planes malignos, Cassandra Nova es una bestia asesina y retorcida sin el menor atisbo de ética y moral-. No olvidemos que ella solita perpetró laMasacre de Genosha, exterminando a 16 millones de mutantes en apenas unos minutos. En esta nueva historia, Cassandra vuelve más terrorífica que nunca y manipula la mente de Emma Frost para que sea ella quien destruya a la Patrulla-X, mostrándonos lo poderosa que puede llegar a ser la Reina Blanca cuando lo logra en un santiamén.

Imagen del tomo anterior.

La segunda parte de la historia se desarrolla en Breakworld, el planeta cuyos profetas aseguraban que algún día sería destruido a manos de Coloso. Los X-Men van allí en una desesperada misión suicida junto a la agencia de defensa planetaria S.W.O.R.D., para intentar evitar que los gobernantes del planeta disparen una súper-arma contra la Tierra. Una vez allí, comenzarán a deshilar poco a poco una enrevesada conspiración política y religiosa.

Whedon es famoso no sólo por sus brillantes diálogos y sus frases demoledoras, sino sobre todo por su forma única de tratar la psicología de los personajes y adentrarse en su interior como ningún otro guionista sabe hacer, que es lo que hace grandes a todas sus obras. En esta serie ha querido dejar como secundarios a Lobezno o a la Bestia, dos personajes ya muy explotados por otros autores, y centrarse en explorar más los recovecos de otros menos manidos: Coloso –que en este volumen llega incluso a hacer un chiste, para asombro de todos-, Gatasombra –no es ningún secreto y el propio Whedon lo ha admitido abiertamente en más de una ocasión: su personaje televisivo estrella, Buffy Summers, está claramente inspirada en la adorable mutante rebelde y listilla que atraviesa paredes– y, sobre todo, su pareja favorita –que debería ser la favorita de todos-, Cíclope y Emma Frost. Cíclope y Coloso siempre habían sido mostrados como dos buenazos simplones y un tanto planos de personalidad, hasta que llegó Whedon, vio su potencial desaprovechado y decidió darles un giro, brusco pero completamente lógico, que aún a día de hoy sigue vigente.

Hablemos de Cíclope. Se acabó por fin el eterno boy scout tan bueno y justo como insoportable. En la etapa anterior, la de Grant Morrison, ya pudimos empezar a ver a un Scott que dudaba de Xavier y empezaba a plantearse que su camino de autocomplacencia podía estar equivocado. En el Astonishing de Whedon por fin asistimos a sutransformación en el justiciero malote que siempre debió ser. Y, como pasa en cualquier obra escrita por Whedon, no es gratuito, no es por la cara, todo responde a motivos lógicos y una vez leído sólo puedes pensar: “pues, claro, este cambio en la forma de comportarse de Cíclope es perfectamente plausible e incluso inevitable, no podía haber sido de otro modo”. Al fin y al cabo, estamos ante un héroe trágico que desde los 15 años fue cargado con la responsabilidad de liderar a un grupo de superhéroes, privado de la diversión de la adolescencia y manipulado cruelmente por el hombre al que seguía y admiraba, ese Charles Xavier que en los últimos 30 años se han esforzado en mostrarnos cada vez más que de buena persona no tenía ni un pelo –sí, broma gratuita-. Cíclope está desencantado, los cimientos de todo en lo que había creído se tambalean, su gran amor ha muerto –por enésima vez– y ahora se da cuenta de que su vida va mucho mejor junto a alguien como Emma Frost, mucho más ambigua y oscura que la insoportablemente puritana Jean Grey.

Algunos de los momentos de chulería de Scott a lo largo de la era Whedon nos dejan con la boca abierta: si en el número anterior ya alucinamos con ese momentazo en el que se quita de en medio a un Centinela de un solo disparo –“Quiero a esa cosa fuera de mi césped”– y hasta un impresionado Lobezno tuvo que admitir que a veces Scott sabe ganarse su respeto, en este nuevo volumen los momentos Bruce Willis de Scott Summers van en un crescendo de genialidad que roza lo legendario –“Yo no tengo garras”-. La etapa Whedon es clave para comprender cómo aquel niñato serio y aburrido de los primeros cómics de X-Men en los 60 acabó convirtiéndose en el temible activista mutante anti-sistema de los últimos años, que vivía al margen de la ley, que creó un grupo secreto de asesinos sin remordimientos –los X-Force de Lobezno-, que molaba más que ningún otro superhéroe, que rozaba más la personalidad de Punisher que la del Capitán América, que hasta llegó a convertirse en el nuevo Fénix o a declarar la guerra a los Inhumanos.

La otra gran protagonista es Emma Frost. Whedon ha visto que Emma es uno de los personajes más interesantes, carismáticos y psicológicamente profundos que hayan poblado las páginas de Marvel y ha sabido sacarle el jugo. Una antigua supervillana que se pasó al lado de los buenos por simple y puro desencanto hacia su antiguo grupo y por pasión amorosa animal hacia Cíclope –los supervillanos en busca de redención siempre suelen ser los personajes más interesantes, véanse Pícara o Magneto-. La única superviviente de la masacre de Genosha, que se salvó de casualidad cuando su mutación secundaria –transformación en diamante– se manifestó por primera vez durante el bombardeo y vio morir a todos sus alumnos delante de ella. Ahora se enfrenta a la culpa del superviviente, que la destroza por dentro por muy dura que quiera aparentar ser –sólo hay que ver que, cuando está bajo el control de Cassandra Nova, una de las alucinaciones que la acompañan y atormentan es la de Cabeza Nuclear Negasónica Adolescente, la alumna que murió en sus brazos-. Y, sobre todo, a su soledad autoimpuesta, a esa idea tan profundamente arraigada que tiene de que no se merece ni la amistad ni el amor, porque está convencida de que debería haber muerto en Genosha. Ya se lo dice ella misma a Kitty Pryde en uno de esos magistrales momentos suyos en que mezcla su habitual orgullo con un leve toque de auto-desprecio muy sutil: “Soy un diamante, soy por definición mi mejor amiga”.

Lobezno queda relegado a un papel más bien cómico en esta serie –qué más da, ya protagoniza al menos otras doscientas series a la vez-, pero nos deja momentos tan gloriosos como aquella página del volumen 1 en la que reflexionaba sobre lo mucho que le gusta la cerveza mientras luchaba contra un monstruo gigante. En este volumen, por ejemplo, esa página silenciosa en la que Kitty y Coloso entran en la cocina después de haber consumado por fin su relación, Lobezno los mira a los dos de reojo sin hablar y al final suspira por lo bajini “ya era hora” es una verdadera obra maestra.

En esta etapa, Whedon nos introducenuevos personajes de su propia creación. Personajes que han calado tanto entre el público que a día de hoy, años después de la marcha del bueno de Joss, siguen siendo clave en las nuevas historias mutantes. Hisako Ichiki, aliasArmadura, la entrañable pre-púber mutante que resulta ser mucho más dura de lo que nadie se esperaba, que acaba siendo ascendida a miembro de los X-Men y personalmente entrenada por el propio Logan, el único que da la talla cuando el resto de profesores se le quedan pequeños. La agente Abigail Brand, directora de S.W.O.R.D., probablemente el único personaje de Marvel que es capaz de vacilarle a la mismísima Maria Hill sin morir ni quedar en ridículo -y cuya tórrida relación con Hank McCoy es tan inesperada como divertida-Peligro, la personificación robótica y psicótica de la sala de entrenamiento de Xavier, mostrará nuevas facetas en esta nueva etapa.

Tampoco faltan las estrellas invitadas de alto calibre, desde Spider-Man hasta los 4 Fantásticos o el Doctor Extraño, que si bien tienen papeles muy secundarios, nos dejan momentos divertidísimos. Y no nos olvidemos del retorno de uno de los personajes más añorados y queridos del entorno mutante: Lockheed, el achuchable dragón alienígena mascota de Kitty Pryde.

Whedon es un genio, esto es así y no hay lugar a dudas. Y como tal, algunas de las situaciones que utiliza en sus guiones son tan emblemáticas que a veces acaba por repetirlas en otras obras, aunque dándoles el giro que necesitan para que no nos parezcan una estafa sino algo innovador y perfecto. En este volumen, todo buen fan de su obra magna Buffy Cazavampiros va a detectar rápidamente dos situaciones que el maestro del guión ya utilizó en la legendaria serie y que aquí repite en momentos muy puntuales y breves –quizás de forma involuntaria, quizás como guiño a sus fieles seguidores-: uno es el de la conversación mental entre Buffy y Willow en el último capítulo de la serie, que primero se nos muestra como una conversación normal y luego se vuelve atrás y volvemos a verlo pero conociendo ahora nueva información que le cambia totalmente el sentido –un recurso narrativo que admito encontrar fascinante-. Otro es el del principio del capítulo “The body”, donde un personaje parece haber salvado la situación y logrado un final feliz y de repente se interrumpe la acción y descubrimos que sólo se lo estaba imaginando –llorad al recordar esta escena, buffymaníacos, llorad-.

El dibujo de John Cassaday es siempre espectacular y, pese a estar encabado en un estilo muy mainstream, ha sabido encontrar su propia voz de modo que cualquier viñeta suya resulta inconfundible –y exquisita-. Siempre acompañado, por supuesto, del color de la increíble Laura Martín.

Esta edición de lujo a cargo de Panini contiene jugosos extras al final. El más interesante es sin duda el repaso a la colección de guiños que han ido apareciendo a lo largo del cómic, que son perfectamente analizados y desarrollados para que lleguen con seguridad a cualquier lector que no sea tan extremadamente friki como Joss Whedon –es decir, el 99,9% de la humanidad-.

Siendo una obra de hace tan sólo una década, la era Whedon en el Astonishing X-Men ya se ha convertido en un clásico atemporal de Marvel a la altura de los más míticos de la historia de la editorial –Inferno, la Guerra Kree-Skrull, las Secret Wars o la Caída de los Mutantes, por citar sólo algunos que todo buen marvelita recuerda con nostalgia-. Este volumen nos deja algunas páginas tan emblemáticas que quedarán en el recuerdo para siempre, sin nada que envidiar a Spider-Man quitándose la máscara en Civil War o a los Vengadores descongelando al Capitán América en el legendario número 4 de la colección.

‘Nuff said, sólo me queda dejaros en manos del carismático badass supremo Scott Summers y su “a mí, mi Patrulla-X”.

Artículo de Josë Sénder.