Críticas

Reseña | Alita: ángel de combate

12-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Pese a la presencia del muy venido a menos James Cameron –que pasó de ser el genio que dirigiera obras cumbre como Terminator 2, Aliens o Mentiras Arriesgadas a ser el artífice de tostones infumables como Avatar-, Alita es una película de acción entretenida que se puede disfrutar, si no te pones muy quisquilloso con su fidelidad como adaptación. Y esto se debe, principalmente, a la gran labor de dirección del maestro Robert Rodríguez, que rara vez defrauda a sus fans –excepto cuando le da por meter a Enrique Iglesias en una película de tiros, pero por suerte éste no es el caso-.

No tenía grandes expectativas con esta nueva adaptación americana de un manga legendario, pero me acabé encontrando con una cinta de acción que, si bien superficial, resulta bastante decente. No olvidemos que poca gente puede dirigir escenas trepidantes, peleas y persecuciones como el bueno de Rodríguez –El Mariachi, Desperado, Machete, Abierto hasta el amanecer, Planet Terror, The Faculty-.

La historia de la película es básicamente la trama del primer tomo del manga original –Gunnm, de Yukito Kishiro, traducido en el mundo occidental como Alita: Ángel de Combate-, pero añadiéndole partes de la trama del tercer arco –las competiciones de Motorball– y algunos detalles extraídos de distintos momentos de la serie original.

En este sentido, es relativamente fiel al original –o al menos, mucho más que otras adaptaciones como Ghost in the Shell, Constantine o todas las películas de Marvel-, en cuanto a que se basa en elementos sacados de la serie original, aunque estén remezclados un poco a gusto del director, pero intentando que todo provenga de la obra madre en mayor o menor medida. Eso sí, sin dejar de ser otra americanización de una obra clásica japonesa, de la que nos quedamos con las partes más superficiales de la historia y eliminamos todo lo profundo y metafísico que hubiera. Como curiosidad, los nombres de algunos personajes están cambiados, pero no es que se los hayan inventado para la película, sino que están basados en la traducción occidental que se le dio al anime al exportarlo –un poco como si hicieran una peli del Capitán Tsubasa y lo llamasen Oliver Atom-.

Aunque hay una parte que hace flojear la película y destruye casi por completo una historia que podría haber sido mucho más memorable: la vergonzosa trama romántica. La parte de la película que se han sacado de la manga –y no del manga– es una absurda y gratuita subtrama de amoríos adolescentes entre Alita y un sosainas infumable llamado Hugo. El tal Hugo –que en el original sólo era un amigo más de Alita– es sin duda el personaje más insulso, aburrido e innecesario que he visto en una película en los últimos 20 años, una mezcla entre Riley Finn de Buffy Cazavampiros, Danny Pink de Doctor Who y cualquier personaje interpretado por Shia LaBeouf entre 2005 y 2010.

Si lo que querían mostrar era la relación entre un ciborg como Alita y los simples humanos, ya se había establecido una interesante y emotiva relación padre-hija entre ella y el Doctor Ido. No era necesario colar esa “trama Crepúsculo” que choca con el personaje, con la historia y con el estilo general de la obra. Si tuviera que aventurar una conjetura de por qué metieron esta inexplicable subtrama, diría que Cameron –el peor productor del mundo– se empeñó y el pobre Rodríguez tuvo que meterla con calzador y a regañadientes, procurando que dicha trama no influyese mucho a la película y se pudiese recortar sin problemas en un futuro montaje del director, que probablemente aumentaría exponencialmente la calidad de la película.

Y es que Robert Rodríguez es un director como la copa de un pino y además se le nota que es un gran fan del manga Gunnm. Es una lástima que tenga a James Cameron produciendo y cortándole las alas –y no me refiero al brillante Cameron de los 80, sino al Skrull que le ha sustituido últimamente, el que se ha endiosado desde que ya no tiene detrás a un productor de verdad diciéndole “recorta esa parte, que sobra, y retoca esa otra para darle coherencia”-. Sus escenas de acción son impecables y divertidísimas. Algunas escenas de lucha están calcadas del tebeo golpe por golpe y plano por plano, así como los diseños de los villanos ciborg, con un cariño por la obra original que se ve al primer vistazo. Personalmente, me emocionaba cada vez que veía a Alita usar su mítica técnica del Panzer, la voltereta con patada vertical de arriba abajo con la que puede partir a la gente en dos como si nada. Sí, quizás hay algunos momentos de chulería y frases lapidarias que chocan un poco con el carácter inocente de la protagonista, pero tampoco molestan tanto como la presencia de Hugo, la verdad.

El casting no admite queja alguna, si intentamos no dar importancia a que los actores en esta versión no sean japoneses sino occidentales: Christoph Waltz –Doctor Ido, Jennifer Connelly Chiren y Mahershala Ali Vector están tan espectaculares como lo están siempre en todo lo que hacen. La joven y desconocida Rosa Salazar interpreta a Alita de forma estupenda. Tenemos ciertas agradables sorpresas como recuperar a una olvidada estrella de acción de los 90, Casper Van Dien –Amok-, o a un viejo conocido de la filmografía de Rodríguez, Jeff Fahey –lo habéis visto en Machete o en Planet Terror-. Y no os diremos quién interpreta al villano que mueve los hilos entre las sombras, Nova, para que no os explote la cabeza.

La gran baza de esta película es su apartado visual. El departamento de dirección artística lo ha bordado y eso hay que admitirlo, por mucho o poco que nos pueda gustar el guión. El trabajo de diseño de producción es de lo mejorcito que se haya visto en lo que va de siglo: Los diseños de decorados, de vehículos, la estética cyberpunk decadente, los diseños de los ciborgs. En definitiva, la exhaustiva creación de un mundo post-apocalíptico, creíble pero a la vez impresionante. En cuanto a dirección de arte y a efectos visuales, sublime. No suelo ser un gran admirador de ver cine en 3D, pero en este caso está muy bien creado y lo recomiendo encarecidamente.

Uno de los puntos más criticados por el público desde el tráiler fue la deformación de los ojos de la protagonista para darle un toque más manga. Pero debo decir que no desentona con la película. Tengamos en cuenta que estamos ante una película de ciencia-ficción futurista con montones de CGI, en la que casi la totalidad de los personajes tienen retoques digitales para mostrar sus partes robóticas y deformidades corporales, para dejarnos claro que en ese futuro, quien más quien menos, todo el mundo tiene algo irreal e imposible en su físico –algo que no se habría podido hacer tan bien sin efectos visuales-. Así que, pasado el shock inicial de los primeros cinco minutos de película, casi te olvidas de los ojos de Alita.

Visualmente, esta película es un 10 sobre 10. En cuanto al guión, es un 6 pelado y gracias. Pero estoy casi seguro de que, con un buen remontaje –eliminando la gratuita subtrama cameroniana del soporífero amorío adolescente, que nos hacía poner los ojos en blanco hasta alcanzar el umbral del dolor, y procurando que Hugo no apareciese en un solo plano ni se le mencionase en absoluto-, el apartado de guión podría subir de un 6 a un 8 y dejarnos una cinta media hora más corta, mucho menos irregular, mucho más agradable.

No esperéis una historia profunda y existencial que os cambie la vida. Pero como película de acción, de hostias, robots, carreras y ciencia-ficción, es muy entretenida y Rodríguez nunca defrauda en este aspecto.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

¿DE QUÉ VIVEN LOS PERSONAJES EN DRAGON BALL?

18-5-2017

Originalmente publicado en Reino de Series.

Cuando creas una serie de televisión, una película, un cómic, un libro o cualquier otra forma de ficción, estás creando un mundo. Tanto da si es un mágico mundo imaginario como una fiel imitación del nuestro, el caso es que es un mundo nuevo creado por ti como escritor. Y ese mundo tiene que tener reglas. Normas básicas para darle una coherencia interna, que una vez establecidas tienes que respetar para que tu historia tenga una lógica, por muy alocada que sea y muy imaginativo sea el mundo en que transcurre. Incluso en obras que transcurren en un mundo que imita de forma casi idéntica al nuestro, tienes que establecer unas reglas de funcionamiento y respetarlas –en Friends nos queda clara la ley física por la que Joey solo necesita acercarse para que todo el mundo desee montárselo con él; en Ally McBeal hay una regla de funcionamiento del universo que dice que, si mencionas la existencia del amor verdadero, ganaras cualquier juicio-. Y esto es aún más importante si se trata de un mundo inventado, entonces es esencial dejar claras las reglas. ¿La gente puede morir? ¿Hay gravedad? ¿Necesitan aire y comida para vivir? ¿Existen los vampiros? Si existen, ¿molan o son pringados que brillan?
Akira Toriyama creó en Dragon Ball un mundo rico, complejo y simplemente alucinante, repleto de sus propias normas de coherencia interna: Existe una fuerza mágica en el interior de las personas llamada el Ki. La gente puede volar o tirar rayos si aprenden a concentrarla. Hay un Presidente del Mundo que es un perro parlante –y harto elegante- y a nadie parece molestarle –será que son muy tolerantes-. La fuerza física de un ser vivo se puede medir en puntos. Etcétera.

 

Es el saiyan el que elige al presidente y es el presidente el que le dice al saiyan que elija al presidente.

Pero hay un gran fallo dentro de esa coherencia interna: El dinero. Una de las reglas del universo Dragon Ball que imita a las del nuestro –al igual que otras como la gravedad, la necesidad de respirar o que exista la lluvia, las nubes o el sol– es que existe el dinero, que es necesario para vivir y que la gente lo consigue mediante el trabajo. Excepto los protagonistas, según parece.
Sabemos que en el mundo de Toriyama existe el empleo y el sueldo. En ocasiones hemos visto a dependientes en tiendas vendiendo cosas a nuestros héroes, a camareros  que tiemblan de miedo ante el apetito de Goku en un restaurante, al presentador del torneo de artes marciales –que, presumiblemente, cobra una pasta por estar allí gritando mamarrachadas por un micro; como en Telecinco, vaya– o a atracadores de bancos que deciden conseguirse el sustento por la vía fácil. Entonces, ¿de dónde carajo sacan el dinero los protagonistas?

 

Y esta semana es expulsado de la casa de Gran Hermano… ¡Yamcha!

Sabemos que unos pocos de ellos trabajan, sí. Bulma es el mas claro ejemplo: una importante ingeniera mecánica, forrada gracias a sus inventos y a los de su célebre padre, que vive a lo grande con los beneficios de su corporación multimillonaria. Yamcha –que primero se dedicaba a robar para comer, como buen Curro Jiménez del Japón que era– juega a béisbol en un equipo profesional de la gran ciudad. Muten Roshi cobra por enseñar artes marciales a jovenzuelos –aunque siempre acaba cobrándoles en revistas guarras en lugar de dinero, por lo que es de suponer que luego las vende por Ebay una vez usadas, porque el mantenimiento de su islita privada y los gastos de agua, luz y gas de la Kame House no deben de ser baratos y en algún sitio tendrá que enchufar la tele para seguir viendo sus vídeos de chicas haciendo aeróbic-. Mister Satán tiene un gimnasio donde la gente se entrena para ser como él –madre mía– y suponemos que de eso viven su hija y él. Songohan estudia una carrera y acaba dedicándose a algún trabajo importante –aunque indefinido-. Pero, ¿y los demás?

 

Bulma take me to the baaaasebaaaall…

Nunca hemos visto trabajar a Goku ni a Chichi, pero bien que le hicieron unas buenas ampliaciones a la choza del abuelo en la montaña y criaron allí a dos hijos –por no mencionar el dineral que deben gastarse en comida y uniformes de recambio para Goku-. ¿De dónde sacan el dinero? ¿Cómo se pagaron Goku y Piccolo el carné de conducir, con lo caras que van las autoescuelas? ¿Y qué pasa con Krilín? Está casado y tiene una hija, pero nunca le hemos visto ir a poner ladrillos en una obra, dar clases particulares de mates a niños o servir cafés en un bareto. ¿De qué vive esta gente, de entrenar en el campo? Eso no es muy productivo. Y, que sepamos, la humanidad no les paga un sueldo a Goku y sus Guerreros Z por salvar el mundo cada martes después del almuerzo –aunque sería todo un detalle-.

 

The Fast and the Namek

¿Cómo lo hacen? Que Bulma mantenga a esa panda de vagos no me resulta una hipótesis creíble, más aún sabiendo la mala leche que tiene. Si estos aprovechados le piden que les dé un sueldo de por vida, los manda a trabajar a la mina en menos que muere un Yamcha. Así que se me ocurren algunas posibles teorías sobre las fuentes de ingresos en Dragon Ball.
Vegeta no va a trabajar, eso está claro. Lo criaron como a un príncipe y, si hay algo que a la realeza no se le da bien, es dar palo al agua. Tampoco creo que se llevara mucho dinero cuando su planeta explotó y, de haberlo hecho, no tendría validez monetaria en la Tierra. Prácticamente, se vino con una mano delante y la cola detrás. Pero su mujer es una científica de fama mundial que está forradísima –no hay más que ver la pedazo de mansión que tiene, las naves y vehículos molones que luce o las pintas de pijo que gasta el hijo-, así que el tipo se dedica a pegarse la vidorra en plan mantenido, como buen noble que es. La única pega es tener que ponerse camisa rosa de vez en cuando y dejarse un bigote a lo Magnum –aunque presumiblemente lo del bigote fue idea de él mismo, para recuperar su hombría de gañán espacial después de haberse visto obligado a llevar esa camisa horrenda-.

 

Haters gonna hate.

Goku y Chichi tampoco trabajan. Ninguno de los dos. Goku se dedica a pegarse de leches con la gente, a hacer el loco por el campo y a irse de pesca ocasionalmente con Krilín –como buenos puretas-. Pero por placer, no por dinero. Una vez ganó el Gran Torneo de Artes Marciales y se llevó un buen pico económico, sí, pero dudo que eso le dé para toda la vida. Chichi, mientras tanto, se dedica a cocinar y limpiar en casa, mientras su marido hace el vago –ay, Japón, esa cultura-. ¿De qué viven, entonces? Del suegro, está claro. Al fin y al cabo, Gyumao, el padre de Chichi es algo así como un “Rey de la Montaña”, ¿no? Bien que tenía un palacete y que les pagó un bodorrio de los caros a su hija y el vago de su yerno, ¿no? Si el padre es un rey, entonces Chichi es una princesa –aunque lleve esas pintas de maruja– y si algo ha quedado claro hasta ahora es que la realeza, antes muerta que trabajando –los españoles tenemos eso muy asumido, vaya-. Por tanto, mi hipótesis es que Goku y Chichi viven de sablear al suegro. “Papá, que queremos reformar la casa, danos dinero”. “Papá, que hay que mandar a Songohan a la universidad, suelta la pasta”. “Oye suegro, que necesito otra tanda de uniformes nuevos, que me he desgarrado el último de forma sensual peleando contra un robot del futuro”. Pobre Rey Gyumao, vaya par de parásitos le han salido.

 

Me estás saliendo por un ojo de la cara, MarichalaDIGOOOO Goku.

 

Yamcha vive del béisbol y, probablemente, de las exclusivas en la prensa rosa por ser no solamente un deportista famoso sino además el exnovio de la célebre heredera de la Capsule Corporation. En cuanto a Puartengo dos teorías enfrentadas: o bien vive de la pasta de Yamcha –por algo es su mascota-, o bien se forra apareciendo en televisión y es Yamcha quien le mangonea el dinero y se aprovecha de él como si de los padres de Macaulay Culkin se tratase –o sea, si tú tuvieras un gato que habla, vuela y se transforma en cosas, anda que ibas a tardar en llevarlo al Qué Apostamos y forrarte a su costa-. Launch, por su parte, nunca parece haber dejado de atracar bancos, por mucho que vaya con los buenos. Está claro que vive de ello. Ten Shin Han y Chaosprobablemente vivan a costa de ella y por eso hacen la vista gorda a sus delitos –hacer la vista gorda… un tío con tres ojos… ¿lo pilláis? ¿Eh? Vale, ya paro-.

 

¡Venga, aflojad la pasta o me cargo a Michaellangelo!

 

Pero el mayor misterio es el de Krilín. El más grande de los héroes y mejor personaje de la serie –y lo sabes– vivió su infancia en un monasterio Shaolin, luego se fue a entrenar a la Kame Island y, después de eso, se ha pasado la mayor parte de su vida sin un trabajo conocido. Nunca ganó ningún Torneo de Artes Marciales para poder vivir del cuento ni se le ha visto dar palo al agua hasta la reciente Dragon Ball Super, donde lo han reconvertido en policía –because of reasons, presumiblemente-. Pero bien sabemos que está casado –o arrejuntado, no queda muy claro– con la androide 18, que viven juntos en su propia casa y que han criado a una hija muy mona. En el Torneo de la saga de Bu, A-18 hace un trato con Mister Satán dejándose ganar a cambio de una millonada, pero cuando eso sucede ya tienen una hija de unos cuatro o cinco años. ¿Cómo la han podido criar hasta entonces? ¿Acaso no es la primera vez que A-18 realiza esta artimaña, acaso lleva años viviendo de fingir ser débil y aprovechándose así del orgullo gañanil masculino? Sería muy épico. Pero, ¿y antes de eso? ¿Cómo se permitía Krilín los regalos caros que le compraba a su novia Maron? ¿Cómo se permitía comer? Me temo que no tengo una respuesta al respecto, pero puedo aventurar ideas como que se haya dedicado a vender su superfuerza al mejor postor en plan guardaespaldas o incluso a llevar a cabo atracos al estilo de Launch –un mal camino para un Shaolin, la verdad-, lo cual explicaría por qué acaba haciéndose policía: sentimiento de culpabilidad.

 

-Papi, ¿has encontrado trabajo?
-Es que he estado muy liado con el WoW y…

 

Y en cuanto a Muten Roshi, lo tengo claro: le cobra alquiler a Oolong. De qué pueda trabajar un cerdo metamorfo parlante obsesionado con la lencería femenina, eso ya es otro tema.

Gracias por vuestra atención a este artículo sobre un tema tan esencial para la sociedad actual como es el que nos ocupa. En futuras entregas, discutiremos otros grandes misterios del universo Dragon Ball. ¿Puede Krilín comer y respirar a la vez? ¿De qué ala del espectro político es el perrete azul que gobierna el mundo? ¿Cuándo Ten Shin Han pestañea, lo hace con los tres ojos a la vez o van cada uno a su bola? ¿Qué utilidad tiene Chaos y por qué lo aguantan?

Seguiremos informándoos desde la Kame Island. A no ser que alguien vuelva a matar a Yamcha y tengamos que ir a resucitarlo, como cada primer jueves de mes.

 

Oiga, un poquito de espacio personal, caballero, que esto ya empieza a resultar incómodo.

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