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FÉNIX OSCURA: TODO RENACE, EXCEPTO FOX

6 de junio de 2019.

Artículo originalmente publicado en docpastor.com

 

¿Sabéis cuando dos amigos se toman unas cañas una tarde en la terraza de un bar y se les ocurre una idea para una película, que van apuntando en servilletas? Muchas veces, de ahí han salido muy buenos productos. Pero claro, eso sucede cuando después quedas para seguir desarrollando el guión. Y parece ser que no ha sido el caso de la última entrega de la saga X-Men.

Hay que ser justos: como toda película, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

Si empezamos por las buenas, es innegable que el apartado visual es fantástico. La dirección es impecable, las escenas de acción están rodadas de forma trepidante y agradable a los sentidos. El ritmo narrativo, salvo en algunos momentos puntuales, es ameno y no se hace pesado. Los efectos visuales son un 10 sobre 10, verdaderamente bien hechos, de los de dejarte con la boca abierta mirando la pantalla.

La banda sonora de Hans Zimmer, como en todo lo que hace, espectacular. Las interpretaciones de los actores, espléndidas pese al material con el que han tenido que trabajar. Como era de esperar, James McAvoyMichael Fassbender y Sophie Turner lo bordan.

¡Qué gran película sería, si no fuera por el guión!

Desgraciadamente, los meses de buen trabajo que invirtieron en la post-producción y en sus alucinantes efectos especiales no compensan los veinte minutos que debió llevar la escritura de la película. Algo que, en los años que han pasado desde el estreno de Avatar, cada vez es más frecuente en el género fantástico: “Si tengo unos efectos impresionantes, ¿para qué perder el tiempo escribiendo una historia interesante?”, se dicen complacidos los Camerons del mundo.

Los diálogos están bien, siempre que lleves una semana estudiando en una escuela de cine y sea tu primer corto amateur. Y de hecho, cuatro de los personajes tienen hasta cierta personalidad y profundidad: XavierMagnetoMística y Bestia –es decir, los que ya se habían desarrollado en anteriores películas-. El resto del elenco, en fin, son personajes de relleno absolutamente planos, sin ninguna personalidad y perfectamente intercambiables. Están ahí como excusa para hacer avanzar la trama y nada más. Casi parecen escritos para una película de Zack Snyder –pero, en este caso, con efectos digitales bien integrados-. Esto es aceptable si se trata de personajes que, al menos en esta entrega, son muy secundarios, como CíclopeTormenta y Rondador Nocturno –también llamados a partir de ahora Figurante 1, Figurante 2 y Figurante 3-. El problema viene cuando la historia gira en torno a Jean Grey y ella, el personaje principal, está escrita de forma igual de insulsa y carente de personalidad que éstos –no podemos por menos que admirar el trabajo de Sophie Turner, que está genial pese a lo que le ha tocado hacer-. Los cuatro son como el niño al que le toca hacer de árbol en la obra de teatro del colegio. Están ahí.

El equipo de esbirros de Magneto es en esta película incluso más nefasto y carente de todo atisbo de carisma que en la primera de la saga. Consta de un tipo llamado Ariki que da latigazos con sus rastas –al que ni siquiera yo, que llevo toda la vida leyendo cómics, recuerdo para nada– y una mujer bastante sosa que está por ahí sin hacer nada, que según los créditos finales se supone que es Selene, la reina negra del Club Fuego Infernal –una de las villanas más temibles y poderosas de Marvel-. La similitud con el personaje original empieza y acaba en el nombre.

En cuanto a los villanos, son unos señores que pasaban por allí y por alguna razón no especificada quieren hacer maldades no especificadas. Por el motivo que sea, los han llamado D’bari, el nombre de una raza alienígena que sale en algunos cómics Marvel, con peinado de ramillete de brócoli y pistolas que convertían a la gente en piedra. El primero de ellos aparece como villano en el inolvidable Vengadores nº 4 (1963), justo cuando descongelan al Capitán América, y nos explica que fue el quien dio origen al mito griego de Medusa. En la película, en cambio, son una especie de conejos despellejados en una carnicería y que presuntamente tienen algún plan maligno, pero todo lo que hacen es hablarse entre ellos mirando al vacío con cara de cartón como en una película lisérgica de Carl Dreyer. Todos sabemos que Jessica Chastain es una actriz como la copa de un pino, pero en esta ocasión la pobre estaba allí en medio sin tener muy claro ni ella misma qué estaba pasando.

Hay una escena pretendidamente chocante, desgarradora y lacrimógena hacia el principio de la cinta, pero que en realidad se ve venir de lejos y consigue lo que parecía imposible: que algo sea previsible, pero a la vez gratuito. En general, la película no da la sensación de ser el cierre épico de una saga que ha durado veinte años, sino el de un capítulo de relleno fácilmente olvidable hacia mediados de una de las temporadas más flojas de Sobrenatural.

Pese a todas estas críticas, nos deja algunos detalles puntuales muy interesantes, sobre todo en las escenas de cierre de los personajes y mediante algunos guiños a la trilogía original que intentan aportar algo de coherencia interna a la saga –algo tremendamente difícil de conseguir cuando Bryan Singer ha estado de por medio-. En ese aspecto, hay que quitarse el sombrero ante Simon Kinberg, que consigue dar algún que otro brochazo decente a la saga más irregular que haya dado el cine de superhéroes.

Hay cierto cameo de un legendario guionista de cómics que emocionará a todo buen fan. Y, personalmente, lo que me más me ha gustado ha sido la breve aparición de Halston Sage –Alara de The Orville– interpretando a un muy querido personaje clásico de Marvel que aún no había aparecido en ninguna película. Una escena que vale mucho la pena.

Visualmente, esta película se merece un 10. En cuanto a su guión, siendo muy generosos, un 3. No es la peor película de X-Men –todos hemos intentado olvidar X-Men 3 o X-Men Orígenes: Lobezno-, pero está muy, muy por debajo de las mejores entregas de la franquicia –las verdaderamente buenas, como X-Men: Primera GeneraciónLogan o las dos películas de Deadpool-. Si te gustan los efectos visuales espectaculares, las peleas bien rodadas y no te importa todo lo demás, te gustará. Si esperas un guión en el que se haya invertido más de una tarde de trabajo, no. Es una obra más para fans de Michael Bay o Roland emmerich que de Joss Whedon.

Pero nos deja algo bueno: que, pase lo que pase con New Mutants, peor no será.

Artículo de Jöse Sénder.

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Críticas

Cementerio de animales: Algo irregular, pero un digno remake.

3 de abril de 2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

En el 30 aniversario de la mítica adaptación cinematográfica de Cementerio de Animales de Stephen King –dirigida por Mary Lambert en 1989 y traducida locamente al español, en el clásico movimiento absurdo de aquí, como “El cementerio viviente”-, Kevin Kölsch Dennis Widmyer nos traen una nueva versión del clásico de la literatura de terror, realizada con mucho más presupuesto y calidad de medios de producción.

El resultado de la obra es el de un producto que, si bien irregular, deja un buen sabor de boca. La primera mitad de la película se hace pesada, es demasiado lenta, está llena de clichés innecesarios –le falta un abuelo con gorra en una gasolinera diciendo “no vayáis por ahí, os llevará a una muerte segura” para que podamos cantar bingo– y los sustos son fáciles y gratuitos. Recuerda a cualquier slasher genérico de los 90 –que no fuera la magistral saga Scream, por supuesto– en el que cada vez que pasa un coche suben mucho el volumen para que te asustes y no se te olvide que estás viendo una peli de miedo durante los ratos en que no pasa nada interesante.

Pero esta dejadez de la primera parte queda compensada con creces cuando, a partir del potente plot twist a mitad de la historia, la dirección da un giro y se convierte en una verdadera película de terror escalofriante que ya no recurre al truco fácil, sino que es capaz de generar una atmósfera terrorífica por sus propios medios –¿Quizás tenga que ver con que haya dos directores? ¿Habrá dirigido cada uno una mitad?-. De modo que al principio puede resultar un tanto aburrida, pero la segunda mitad es tan infartantemente siniestra y demoledora que todo fan del buen cine de terror saldrá de la sala con un buen recuerdo e ignorará la falta de tino del comienzo. Si te gusta pasar miedo, aquí vas a disfrutar.

La fotografía y la dirección son impecables, muy al estilo del cine de terror de los 80, contribuyendo a generar ese ambiente tétrico y espeluznante que tan necesario es para apoyar las historias de Stephen King, en que lo bucólico y entrañable se mezcla de forma indisoluble con lo escalofriante y demencial. En ciertos aspectos estéticos, recuerda mucho a la adaptación de 1989 de Mary Lambert –de hecho, el crío es tan clavado al de la película original que me pregunto si será un clon de éste-.

Los actores son en su mayor parte relativamente desconocidos, lo cual lejos de restarle atractivo a la obra, ayuda a otorgar veracidad a la historia y a que nos metamos más en ella. Los vemos como a una familia de verdad, nuestros vecinos de al lado, nos los creemos. Jason Clarke –ese extraño cruce entre Mark Ruffalo y Woody Harrelson al que he decidido apodar Work Ruffarrelson– está espléndido, pero Jeté Laurence, la niña que interpreta a su hija de 8 años, es tan brillante que se come al resto del reparto con patatas. Excepto quizás a John Litgow, el mítico protagonista de Cosas de Marcianos, que aquí interpreta al vecino redneck y nos deja con la boca abierta en su interpretación dramática.

Hay cambios drásticos –que no mencionaremos a fin de evitar spoilers– con respecto al libro original, pero no molestan, sino que le añaden credibilidad a la historia y la hacen más interesante, además de que así logra sorprender incluso a los fans acérrimos de Stephen King que se sepan el libro de memoria.

Sospecho que el gato elegido para la película, de raza Maine Coon –en el libro era un gato británico de pelo corto-, ha sido un guiño hecho aposta hacia el propio Stephen King, que siempre suele situar sus historias en el estado de Maine.

La película tiene algunos defectos, no nos engañemos. El principal es el abuso de la banda sonora tétrica, que si bien está muy bien compuesta, suena tan continuamente que agobia. Ese zumbido de fondo a lo David Lynch que no calla más que un par de minutos durante todo el metraje parece estar ahí diciéndonos “eh, no os olvidéis de que estáis viendo una película de terror, ¿vale? No vaya a ser que veáis una escena de emotivo drama familiar y se os olvide”. Llega a hacerse repetitivo y pesado, al menos durante la mitad de menor calidad de la cinta.

Otro detalle que provoca cierto dolor al espectador es el nivel de estupidez del personaje protagonista. Sabemos de sobras que los personajes principales de una peli de terror deben ser un tanto idiotas –Abed de Community ya nos dejó claro que, si los personajes fueran inteligentes y supieran cómo reaccionar de forma coherente, no habría historia de miedo-, pero el bueno de Louis alcanza unos niveles de imbecilidad que rayan lo absurdo. En parte, esto es algo bueno, porque justifica la abrumadora cantidad de cagadas que comete y elimina cualquier posible agujero de guión –vale, ha pasado una cosa muy poco creíble, pero no ha sido un diabolicus ex machina gratuito, sino simplemente que el protagonista es tonto-. Por otra parte, cuesta creer que un señor con tan escasa capacidad cognitiva como Louis haya llegado a los cuarenta años sin morir atragantado por un plátano y mucho menos que haya logrado criar a dos hijos sin que se le ahoguen en la bañera.

Dejando de lado estos desafortunados errores –la irregularidad de la calidad según el momento del metraje, el abuso de banda sonora y lo idiota que llega a ser Louis-, la película es digna y una estupenda adaptación de un clásico del terror de King.

Como apunte curioso, la mayoría sabréis que lo más mítico que tuvo la adaptación de 1989 fue la canción homónima de The Ramones que sonaba en los créditos finales. En esta nueva adaptación, tenemos una versión de la misma canción también en los créditos, cantada por alguien con una voz que recuerda vagamente a la de Courtney Love. Pero lo curioso –y altamente enervante– es que, por más y más búsquedas que he realizado por internet, me ha sido imposible encontrar quién ha hecho este cover, no aparece por ninguna parte. No lo vais a encontrar en la ficha de IMDB de la película, ni en su página de Wikipedia, ni en ningún otro sitio. Si, al igual que yo, sois de esas personas que cuando oyen una canción que les gusta necesitan saber quién la está cantando, solo puedo recomendaros que os quedéis a ver los créditos, al menos hasta la sección que suele venir casi al final de éstos en la que se detallan las canciones que aparecen, y ahí os fijéis en quién cantaba esta versión, porque no vais a poder encontrar esa información en ningún otro lugar. Tampoco será difícil de identificar en los créditos, al fin y al cabo es la única canción que suena en la película además del irritante zumbido lynchiano.

Cementerio de Animales puede ser algo irregular, sí, pero es un buen producto. No será tan redonda y perfecta como fue el remake de It de 2017, por supuesto, pero es una película de terror digna y entretenida. Zombis, casas bonitas en medio de bosques siniestros, protagonista medio lelo y niños que dan escalofríos. Tiene todos los ingredientes que necesitamos para pasar un buen rato de sustos.

Artículo de Jöse Sénder.