Críticas

Reseña | Flash de Mark Waid: Relámpago expansivo

19-3-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

El nuevo tomo recopilatorio de Flash que ha lanzado ECC, titulado Relámpago Expansivo, recopila un largo y complejo arco argumental escrito nada menos que por el mismísimo Mark Waid. Este tomo de gran formato en tapa dura consta de la friolera de 568 páginas –aseguraos de llevar una bolsa bien gruesa cuando vayáis a comprarlo- y podéis encontrarlo en vuestra tienda de cómics al módico precio de 46,50 €.

Nos encontramos en la etapa de Wally West y asistimos al principio de todo a su esperada boda con Linda Park, en la cual la propia Linda es secuestrada por un misterioso villano y extraída de la corriente temporal, borrando todo rastro de su existencia hasta el punto en que nadie –excepto, por algún motivo que no he acabado de entender, Impulso- recuerda haberla conocido.

A raíz de este interesante punto de partida, comienza un complejo arco narrativo con montones de ramificaciones, en el que se suceden viajes en el tiempo y paradojas cuánticas como toda buena historia de Flash debe tener. Ríete tú de Doctor Who o El Efecto Mariposa –sobre todo de ésta última, porque costaba tomarse en serio a Ashton Kutcher-.

A lo largo de la intrincada trama, vamos topándonos con multitud de versiones de Flash de distintas épocas, algunas que ya habíamos visto anteriormente y otras a las que conocemos por primera vez durante un fugaz instante, en mitad de los vertiginosos viajes de Wally por el espacio-tiempo.

En cuanto a los velocistas que ya conocíamos, tenemos aquí al elenco completo para dejarnos claro que ésta es una historia trascendental, épica y que supone un punto de inflexión en la historia de Flash. Están Wally West, Barry Allen, Jay Garrick, Jesse Quick, Max Mercury, Impulso, Xs, los Gemelos Tornado e innumerables iteraciones más. Llega un punto en que empezamos a sospechar que en el DCverso hay más gente con poderes de velocista que sin ellos.

La galería de villanos que puebla las páginas de este tomo tampoco se queda corta. Desfilan por esta aventura desde el Profesor Zoom hasta Azul Cobalto, desde el Replicante hasta las versiones futuristas del Capitán Frío –Comandante Frío, en este caso- y Ola de Calor, desde Kobra hasta Thawne –uno de ellos, al menos- y un largo etcétera.

En esta ocasión, ECC parece haberse olvidado de incluir la habitual página al principio en la que se detallan los créditos y fechas de publicación de cada uno de los capítulos, ésa que sólo los frikis repasamos con atención –bueno, no se lo vamos a tener en cuenta, con el currazo de edición que se han pegado, un pequeño fallo lo tiene cualquiera-, pero por algunos detalles de las portadas podemos aventurar que la multitud de historias que componen este vasto recopilatorio se sitúan en torno al año2000.

El dibujo –y sobre todo el color-, no nos engañemos, es muy de la época y en ocasiones se hace un poco duro de mirar. Pero, a partir de la mitad del tomo, Paul Pelletier se encarga de mejorarlo muchísimo y hacerlo muy atractivo. Sobre todo en la historia corta que, a modo de flashback, protagonizan un Wally West adolescente y Montague –uno de los simios de Ciudad Gorila-, que es una verdadera delicia visual.

Y hay que admitir que el uniforme granate y blanco del nuevo y misterioso Flash que llega a Keystone para ayudar a Garrick –el que podéis ver en la portada del tomo- es uno de los más molones que haya visto no sólo en Flash, sino en cualquier cómic de superhéroes.

Una historia que, pese a sus evidentes carencias en el apartado gráfico –al menos durante la primera mitad del tomo-, resulta muy interesante y entretenida, con gran cantidad de giros dramáticos y sorpresas como no podía esperarse de otra forma de un guión de Mark Waid. Imprescindible para todo buen fanático del velocista escarlata.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | Los Cuatro Fantásticos, de Dan Slott

18-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Los fans de los cómics clásicos de aventuras estamos de enhorabuena. Debido probablemente a la recuperación de los derechos de Fox y de Konstantin Films por parte de Disney, la primera familia de superhéroes –el grupo más legendario, el que dio inicio a la era Marvel en junio de 1961 y bautizó al universo 616– ha vuelto por fin, después de una época oscura para los cómics en que la triste ausencia de Reed Richards se hacía notar en el mundo. Si algo está claro es que el universo necesita siempre a los 4 Fantásticos. Y no me refiero necesariamente al universo Marvel.

El arranque de esta nueva etapa nos llega de manos del brillante guionista Dan Slott –uno de los pesos pesados del cómic estadounidense de lo que va de siglo– y el dibujo de la siempre espectacular Sara Pichelli, que se ha ganado con honores un puesto entre los dibujantes más admirados del momento. Completan el número una historia corta dibujada por el fascinante artista italiano Simone Bianchi y una tira cómica del siempre divertido Skottie Young.

Aunque aún es pronto para poder analizar la obra a fondo, este primer número ya muestra un poco por dónde van a ir los tiros. Y, francamente, parece un camino agradable. Al ser un primer capítulo de presentación de la nueva era, se centra más en mostrarnos en qué momento emocional de sus vidas está cada personaje y aún no podemos meternos de lleno en las clásicas tramas 4F de aventuras locas y desenfadadas –excepto por un breve flashback que nos muestra una aventura sencilla y divertida de tiempos mejores-. Pero, aunque sea de un modo muy esbozado, ya empieza a augurar los elementos que conformarán la obra, que son los pilares básicos que siempre han tenido los cómics de los 4 Fantásticos, los que los hacen imprescindibles como faro luminoso en un mundo oscuro: Aventura, viajes espaciales, descubrimientos fascinantes, lazos familiares, algo de drama emotivo y sobre todo un elenco imprescindible de secundarios de lujo.

Y es que el bueno de Slott ha sabido incluir ya en el primer capítulo a todos los secundariosimportantes de los 4F, aunque en algunos casos sea de forma más anecdótica que en otros, pero sabiendo que mostrarlos ni que sea un leve instante ya va a dejar claro al lector que éste va a ser un cómic clásico de la franquicia. Alicia Masters –el eterno amor de La Cosa-, Wyatt Wingfoot –el mejor amigo de la Antorcha-, los macarras de la calle Yancy, Medusa, Crystal, Hulka –siendo Dan Slott, no podía dejar de incluir a su personaje más querido-, Willie Lumpkin –nuestro cartero favorito– y, por supuesto, el Doctor Muerte, probablemente el villano más carismático de Marvel –y de lo que no es Marvel-.

Los diálogos de Slott son siempre brillantes y su forma de narrar no admite queja alguna, como ya nos lo demostró en su legendaria etapa de Hulka –She-Hulk by Dan Slott volúmenes 1 y 2, 2004 a 2006, uno de los cómics más divertidos que vais a poder encontrar jamás-. Y en este nuevo inicio de los 4 Fantásticos no parece que vaya a defraudarnos en absoluto. Sólo tenéis que ver a Johnny Storm haciendo de Ferris Bueller en una hilarante escena de este número para que os quede claro que esto es puro Slott. Oh, y no sé a vosotros, pero a mí la splash-page de la página 22 me ha arrancado una sincera lagrimita.

Sólo podemos esperar al próximo número con ansia y altas expectativas. Porque “el mejor cómic del mundo” –como reza el propio subtítulo de la serie– ha vuelto por todo lo alto y promete estar a la altura de sus mejores épocas, las originales de Stan Lee y Jack Kirby en los 60 o la era de Pacheco, Larroca, Davis y otros grandes en el Fantastic Four volumen 3 de 1998 a 2003.

Y es que, como decía la tía Petunia: ¡Es la hora de las tortas, verdaderos creyentes!

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | La increíble Patrulla X de Whedon (V2): Clásico instantáneo

14-1-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Antes de empezar, debo advertiros de que soy tan extremadamente fanático de todo lo que escribe Joss Whedon que la crítica que vais a leer probablemente no sea del todo imparcial. Pero, sinceramente, cualquiera que se haya dedicado al guión o al menos conozca un poco de este arte debería sentirse en la obligación moral de admirar a este genio.

Este nuevo volumen de Marvel Integral de tapa dura recopila la segunda mitad de la serie Astonishing X-Men vol. 3, del número 13 (2006) al 24 y el Giant-Size Astonishing X-Men (2008), con el que Whedon se despidió de su estancia en la franquicia.

Las tramas secundarias que Whedon había ido planteando levemente en sus dos primeros arcos argumentales –números del 1 al 12, recopilados en el anterior tomo de Marvel Integral-, y que no sabíamos muy bien adónde se dirigían, confluyen aquí en una historia apoteósica dividida en dos arcos. Para cualquier conocedor de la obra de Whedon, está claro que nada pasa nunca porque sí y que cualquier pequeño detalle tiene ramificaciones esenciales en el futuro.

Empezamos por todo lo alto: la gran villana de la primera mitad de la historia es nada menos que Cassandra Nova, la psicótica y peligrosa hermana gemela de Xavier. Probablemente estemos hablando de la enemiga más poderosa y temible que hayan tenido jamás los X-Men –donde incluso Magneto o Mister Siniestro podían llegar a mostrar compasión o a comedirse en sus planes malignos, Cassandra Nova es una bestia asesina y retorcida sin el menor atisbo de ética y moral-. No olvidemos que ella solita perpetró laMasacre de Genosha, exterminando a 16 millones de mutantes en apenas unos minutos. En esta nueva historia, Cassandra vuelve más terrorífica que nunca y manipula la mente de Emma Frost para que sea ella quien destruya a la Patrulla-X, mostrándonos lo poderosa que puede llegar a ser la Reina Blanca cuando lo logra en un santiamén.

Imagen del tomo anterior.

La segunda parte de la historia se desarrolla en Breakworld, el planeta cuyos profetas aseguraban que algún día sería destruido a manos de Coloso. Los X-Men van allí en una desesperada misión suicida junto a la agencia de defensa planetaria S.W.O.R.D., para intentar evitar que los gobernantes del planeta disparen una súper-arma contra la Tierra. Una vez allí, comenzarán a deshilar poco a poco una enrevesada conspiración política y religiosa.

Whedon es famoso no sólo por sus brillantes diálogos y sus frases demoledoras, sino sobre todo por su forma única de tratar la psicología de los personajes y adentrarse en su interior como ningún otro guionista sabe hacer, que es lo que hace grandes a todas sus obras. En esta serie ha querido dejar como secundarios a Lobezno o a la Bestia, dos personajes ya muy explotados por otros autores, y centrarse en explorar más los recovecos de otros menos manidos: Coloso –que en este volumen llega incluso a hacer un chiste, para asombro de todos-, Gatasombra –no es ningún secreto y el propio Whedon lo ha admitido abiertamente en más de una ocasión: su personaje televisivo estrella, Buffy Summers, está claramente inspirada en la adorable mutante rebelde y listilla que atraviesa paredes– y, sobre todo, su pareja favorita –que debería ser la favorita de todos-, Cíclope y Emma Frost. Cíclope y Coloso siempre habían sido mostrados como dos buenazos simplones y un tanto planos de personalidad, hasta que llegó Whedon, vio su potencial desaprovechado y decidió darles un giro, brusco pero completamente lógico, que aún a día de hoy sigue vigente.

Hablemos de Cíclope. Se acabó por fin el eterno boy scout tan bueno y justo como insoportable. En la etapa anterior, la de Grant Morrison, ya pudimos empezar a ver a un Scott que dudaba de Xavier y empezaba a plantearse que su camino de autocomplacencia podía estar equivocado. En el Astonishing de Whedon por fin asistimos a sutransformación en el justiciero malote que siempre debió ser. Y, como pasa en cualquier obra escrita por Whedon, no es gratuito, no es por la cara, todo responde a motivos lógicos y una vez leído sólo puedes pensar: “pues, claro, este cambio en la forma de comportarse de Cíclope es perfectamente plausible e incluso inevitable, no podía haber sido de otro modo”. Al fin y al cabo, estamos ante un héroe trágico que desde los 15 años fue cargado con la responsabilidad de liderar a un grupo de superhéroes, privado de la diversión de la adolescencia y manipulado cruelmente por el hombre al que seguía y admiraba, ese Charles Xavier que en los últimos 30 años se han esforzado en mostrarnos cada vez más que de buena persona no tenía ni un pelo –sí, broma gratuita-. Cíclope está desencantado, los cimientos de todo en lo que había creído se tambalean, su gran amor ha muerto –por enésima vez– y ahora se da cuenta de que su vida va mucho mejor junto a alguien como Emma Frost, mucho más ambigua y oscura que la insoportablemente puritana Jean Grey.

Algunos de los momentos de chulería de Scott a lo largo de la era Whedon nos dejan con la boca abierta: si en el número anterior ya alucinamos con ese momentazo en el que se quita de en medio a un Centinela de un solo disparo –“Quiero a esa cosa fuera de mi césped”– y hasta un impresionado Lobezno tuvo que admitir que a veces Scott sabe ganarse su respeto, en este nuevo volumen los momentos Bruce Willis de Scott Summers van en un crescendo de genialidad que roza lo legendario –“Yo no tengo garras”-. La etapa Whedon es clave para comprender cómo aquel niñato serio y aburrido de los primeros cómics de X-Men en los 60 acabó convirtiéndose en el temible activista mutante anti-sistema de los últimos años, que vivía al margen de la ley, que creó un grupo secreto de asesinos sin remordimientos –los X-Force de Lobezno-, que molaba más que ningún otro superhéroe, que rozaba más la personalidad de Punisher que la del Capitán América, que hasta llegó a convertirse en el nuevo Fénix o a declarar la guerra a los Inhumanos.

La otra gran protagonista es Emma Frost. Whedon ha visto que Emma es uno de los personajes más interesantes, carismáticos y psicológicamente profundos que hayan poblado las páginas de Marvel y ha sabido sacarle el jugo. Una antigua supervillana que se pasó al lado de los buenos por simple y puro desencanto hacia su antiguo grupo y por pasión amorosa animal hacia Cíclope –los supervillanos en busca de redención siempre suelen ser los personajes más interesantes, véanse Pícara o Magneto-. La única superviviente de la masacre de Genosha, que se salvó de casualidad cuando su mutación secundaria –transformación en diamante– se manifestó por primera vez durante el bombardeo y vio morir a todos sus alumnos delante de ella. Ahora se enfrenta a la culpa del superviviente, que la destroza por dentro por muy dura que quiera aparentar ser –sólo hay que ver que, cuando está bajo el control de Cassandra Nova, una de las alucinaciones que la acompañan y atormentan es la de Cabeza Nuclear Negasónica Adolescente, la alumna que murió en sus brazos-. Y, sobre todo, a su soledad autoimpuesta, a esa idea tan profundamente arraigada que tiene de que no se merece ni la amistad ni el amor, porque está convencida de que debería haber muerto en Genosha. Ya se lo dice ella misma a Kitty Pryde en uno de esos magistrales momentos suyos en que mezcla su habitual orgullo con un leve toque de auto-desprecio muy sutil: “Soy un diamante, soy por definición mi mejor amiga”.

Lobezno queda relegado a un papel más bien cómico en esta serie –qué más da, ya protagoniza al menos otras doscientas series a la vez-, pero nos deja momentos tan gloriosos como aquella página del volumen 1 en la que reflexionaba sobre lo mucho que le gusta la cerveza mientras luchaba contra un monstruo gigante. En este volumen, por ejemplo, esa página silenciosa en la que Kitty y Coloso entran en la cocina después de haber consumado por fin su relación, Lobezno los mira a los dos de reojo sin hablar y al final suspira por lo bajini “ya era hora” es una verdadera obra maestra.

En esta etapa, Whedon nos introducenuevos personajes de su propia creación. Personajes que han calado tanto entre el público que a día de hoy, años después de la marcha del bueno de Joss, siguen siendo clave en las nuevas historias mutantes. Hisako Ichiki, aliasArmadura, la entrañable pre-púber mutante que resulta ser mucho más dura de lo que nadie se esperaba, que acaba siendo ascendida a miembro de los X-Men y personalmente entrenada por el propio Logan, el único que da la talla cuando el resto de profesores se le quedan pequeños. La agente Abigail Brand, directora de S.W.O.R.D., probablemente el único personaje de Marvel que es capaz de vacilarle a la mismísima Maria Hill sin morir ni quedar en ridículo -y cuya tórrida relación con Hank McCoy es tan inesperada como divertida-Peligro, la personificación robótica y psicótica de la sala de entrenamiento de Xavier, mostrará nuevas facetas en esta nueva etapa.

Tampoco faltan las estrellas invitadas de alto calibre, desde Spider-Man hasta los 4 Fantásticos o el Doctor Extraño, que si bien tienen papeles muy secundarios, nos dejan momentos divertidísimos. Y no nos olvidemos del retorno de uno de los personajes más añorados y queridos del entorno mutante: Lockheed, el achuchable dragón alienígena mascota de Kitty Pryde.

Whedon es un genio, esto es así y no hay lugar a dudas. Y como tal, algunas de las situaciones que utiliza en sus guiones son tan emblemáticas que a veces acaba por repetirlas en otras obras, aunque dándoles el giro que necesitan para que no nos parezcan una estafa sino algo innovador y perfecto. En este volumen, todo buen fan de su obra magna Buffy Cazavampiros va a detectar rápidamente dos situaciones que el maestro del guión ya utilizó en la legendaria serie y que aquí repite en momentos muy puntuales y breves –quizás de forma involuntaria, quizás como guiño a sus fieles seguidores-: uno es el de la conversación mental entre Buffy y Willow en el último capítulo de la serie, que primero se nos muestra como una conversación normal y luego se vuelve atrás y volvemos a verlo pero conociendo ahora nueva información que le cambia totalmente el sentido –un recurso narrativo que admito encontrar fascinante-. Otro es el del principio del capítulo “The body”, donde un personaje parece haber salvado la situación y logrado un final feliz y de repente se interrumpe la acción y descubrimos que sólo se lo estaba imaginando –llorad al recordar esta escena, buffymaníacos, llorad-.

El dibujo de John Cassaday es siempre espectacular y, pese a estar encabado en un estilo muy mainstream, ha sabido encontrar su propia voz de modo que cualquier viñeta suya resulta inconfundible –y exquisita-. Siempre acompañado, por supuesto, del color de la increíble Laura Martín.

Esta edición de lujo a cargo de Panini contiene jugosos extras al final. El más interesante es sin duda el repaso a la colección de guiños que han ido apareciendo a lo largo del cómic, que son perfectamente analizados y desarrollados para que lleguen con seguridad a cualquier lector que no sea tan extremadamente friki como Joss Whedon –es decir, el 99,9% de la humanidad-.

Siendo una obra de hace tan sólo una década, la era Whedon en el Astonishing X-Men ya se ha convertido en un clásico atemporal de Marvel a la altura de los más míticos de la historia de la editorial –Inferno, la Guerra Kree-Skrull, las Secret Wars o la Caída de los Mutantes, por citar sólo algunos que todo buen marvelita recuerda con nostalgia-. Este volumen nos deja algunas páginas tan emblemáticas que quedarán en el recuerdo para siempre, sin nada que envidiar a Spider-Man quitándose la máscara en Civil War o a los Vengadores descongelando al Capitán América en el legendario número 4 de la colección.

‘Nuff said, sólo me queda dejaros en manos del carismático badass supremo Scott Summers y su “a mí, mi Patrulla-X”.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | Los Vengadores Vs. La Patrulla-X

22-8-2017

Publicado originalmente en Docpastor.com

Soy fuego y vida encarnados. Ahora y para siempre, soy Fénix”.

Una de esas frases míticas que marcaron un momento clave en la historia de Marvel Comics y que todo buen lector está deseando volver a oír. Creedme, si lo que os gustan son las frases épicas y emblemáticas, en este doble tomo de Panini vais a ir bien servidos.

¿Qué pasa cuando el Fénix, uno de los mayores enemigos de la humanidad, se convierte en la última esperanza para salvar de la extinción a la raza mutante? ¿Qué pasa cuando unos intentan usarlo al fin para hacer el bien pero otros, demasiado pagados de sí mismos y seguros de su superioridad moral, no les dan la oportunidad y deciden tacharlos de villanos y destruirlos? Ésta es la historia de Scott Summers y Steve Rogers, tratando de salvar el mundo, cada uno a su manera, con el inevitable enfrentamiento entre las dos potencias superheroicas más grandes del universo Marvel destruyendo toda posibilidad de hacer algo bueno.

V vs X (Los Vengadores contra la Patrulla-X) es una de esas macrosagas imprescindibles para comprender los grandes cambios en el status quo del universo Marvel, como lo fueran Desunidos, Civil War o Invasión Secreta. La historia, orquestada en grupo por algunas de las mentes más brillantes del cómic americano –Bendis, Aaron, Brubaker, Waid, Fraction y Hickman- es interesante, está llena de giros argumentales espectaculares y de grandes momentos llenos de epicidad y emoción.

¿Tiene cosas malas? Sí, tiene algunos defectos que es imposible pasar por alto. Por encima de todo, el maniqueísmo con el que obran los Vengadores en esta saga, con esos aires de superioridad moral y de menosprecio a cualquier superhéroe que no sea uno de ellos. Podríamos decir que la culpa de todo el conflicto la tienen ellos –especialmente el Capitán América- por su rápido juicio moral contra Cíclope, por no confiar en su capacidad de liderazgo y no apoyarle en su intento de salvar a toda una especie de la desaparición. Desde el minuto uno, deciden tacharlo de terrorista y lanzarse de cabeza a impedir sus planes, no le dan ninguna oportunidad de demostrarles que intenta hacer el bien, impidiendo así que pueda salir algo bueno de ello. Y el hecho es que sí que sale algo bueno.

La Patrulla-X parece ser la gran villana de esta obra, cometiendo crímenes tan abominables como acabar con el hambre, la sequía, la pobreza y las guerras en todo el mundo. Los defensores del sistema actual no pueden permitir tal afrenta y deciden pararles los pies antes de que hagan algo aún peor, como… no sé, ¿salvar bebés de foca de ser apaleados? En cierto punto, los guionistas se dan cuenta de que los supuestos villanos les están quedando demasiado buenos y deciden dar un giro dramático para que los “buenos” tengan razón: a Los Cinco Fénix –Cíclope, Emma Frost, Namor, Coloso y Magik- se les va el poder de las manos y se vuelven malos y megalómanos de la noche a la mañana. Un tratamiento un tanto pobre que ensombrece lo que podría haber sido. Y es que a veces parece que la única forma de hacer una de estas obras en que los héroes se enfrentan entre sí es demonizando a uno de nuestros ídolos y convirtiéndolo en un desalmado villano así por las buenas –Wanda Maximoff en Desunidos, Tony Stark en Civil War, Emma Frost en Inhumanos vs la Patrulla-X, o Cíclope aquí-. Pero, en este caso, nunca lograron convencer a los lectores: Cíclope es ahora mucho más querido por todos, incluso por sus antiguos detractores ahora reconvertidos en fans –entre los cuales me cuento- gracias a esta obra.

Pero estos defectos de la trama no estropean un producto que es, por todo lo demás, brillante. La narrativa es, como ya decía antes, épica. La historia te mantiene siempre enganchado sin poder dejar de leer lo que va a suceder a continuación. Las escenas de acción son espectaculares. Y algunos momentos cargados de emotividad de nivel superior quedarán para siempre en el recuerdo, como el valor inconmensurable de Spiderman en la escena en que se enfrenta él solito a los hermanos Rasputin para dar tiempo a escapar a sus amigos, el horrible asalto a Wakanda por parte de Namor, o cada escena que protagoniza por Hope Summers –la verdadera heroína de esta historia-. Y, sobre todo, el crudo enfrentamiento entre Scott y Xavier que, al igual que pasó en Secret Wars con Reed Richards y Victor Von Muerte, es a lo que en realidad se reduce todo.

El choque -¿o quizás combinación?- de las tres fuerzas mágicas más poderosas del universo Marvel –el Fénix, la Magia del Caos de la Bruja Escarlata y el Puño de Hierro- es una de las partes más interesantes de la historia, una de las elecciones de guión más jugosas y acertadas que nos depara este fantástico tomo. Y al fin tenemos ocasión de conocer el verdadero origen de Hope Summers, su valía, su heroísmo y su objetivo en el cosmos marvelita. V vs X es uno de esos casos en que las consecuencias de su conclusión se dejarán ver con mucha fuerza en los cómics durante muchos años, desde el nuevo equipo de Imposibles Vengadores hasta esas camisetas que muchos aún lucimos orgullosos con la consigna “Ciclope tenía razón”.

En cuanto al apartado gráfico, puede chocar que la primera mitad de la obra esté dibujada por John Romita Jr, un autor con un estilo un tanto indie o underground al que un evento de estas proporciones podría venirle grande, pero os aseguro que sabe estar a la altura. Y, sin duda, se resarce con creces con el siempre alucinante Oliver Coipel dibujando la segunda mitad del evento, que le viene a este maestro como anillo al dedo –con cierta ayudita del veterano Adam Kubert-.

Una obra que, sin lugar a dudas, hará las delicias de todo buen Marvel Zombie y que vale la pena leer y disfrutar de principio a fin. El Fénix es vida, el Fénix es muerte, el Fénix es renacimiento. Su historia nunca termina y cada vez que vuelve nos aporta algo nuevo. Porque, como dice Scott Summers, líder revolucionario y visionario del futuro, “Siempre tiene que haber destrucción antes del renacimiento”.

Artículo de Jöse Sénder.

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Reseña | ‘La Imposible Patrulla-X: Dios ama, el hombre mata’ (1982)

16-8-2018

Publicado originalmente en Batseñales.

Claremont es mi pastor, nada me falta.

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Hace poco os hablábamos de la colección Marvel Graphic Novels que surgió en los 80 como respuesta a esa nueva oleada de pseudo-intelectuales que consideraban que el cómic de superhéroes era para niños y llamaban erróneamente “novela gráfica” al cómic de autor por miedo a ser reconocidos como frikis. De toda esta colección de maravillas narrativas, hubo una que brilló con luz propia y que aún hoy, 36 años después, sigue siendo la primera respuesta de una gran cantidad de amantes del noveno arte cuando les preguntas por su cómic favorito: ‘La Imposible Patrulla-X: Dios ama, el hombre mata‘, obra cumbre de la narrativa del maestro Chris Claremont con alucinante dibujo de Brent Anderson.

Marvel siempre ha sido una editorial muy ligada al ámbito político y de una ideología marcadamente progresista, desde sus primeras historias del Capitán América luchando contra los nazis hasta la creación de un grupo de superhéroes marginados por prejuicios raciales como fueron los X-Men, creados para ser la metáfora perfecta de la exclusión social y que han acabado ilustrando historias muy críticas sobre el racismo, la homofobia y la xenofobia. A día de hoy, estamos más que acostumbrados a que las historias de superhéroes Marvel sean excusas para hablar de los problemas políticos del mundo –la saga ‘Asedio’ como metáfora del horror de la administración Bush y sus ataques a Oriente Medio, la saga ‘Invasión Secreta’ para hablar de que el verdadero culpable del terrorismo islámico fue el gobierno estadounidense, etc.-, pero al principio eran mucho más sutiles y comedidos. Hasta que llegó Claremont, claro.

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Claremont llegó en 1975 y se encontró con que una fracasada serie llamada X-Men, que supuestamente hablaba del racismo, estaba en realidad protagonizada por cinco chicos blancos estadounidenses y protestantes, cosa que decidió cambiar. Así, dio luz a su nueva iteración del supergrupo mutante, en la que creó lo que podríamos llamar el primer casting inclusivo de la historia: una africana, un irlandés, un canadiense, un alemán, una chica judía, un japonés, un nativo americano y un soviético que, a diferencia de los que se habían representado hasta la fecha, jamás se arrepintió ni renegó del comunismo. Y a principios de los 80, en la era de Ronald Reagan, en la que el fascismo y el racismo estaban más desatados que nunca –a excepción de, quizás, a día de hoy-, cuando la televisión estaba infestada de telepredicadores evangelistas que utilizaban la exaltación fundamentalista de la Biblia como excusa para llevar a cabo cualquier acto xenófobo, el bueno de Chris se dio cuenta de que el mundo necesitaba un cómic que concienciase sobre el tema.

Dios ama, el hombre mata no es un cómic de superhéroes. Es un tratado sobre el racismo y el fundamentalismo religioso. Sobre el conservadurismo casposo y retrógrado imperante en los Estados Unidos –y un poco en todas partes, para qué nos vamos a engañar, que aquí en España hoy en día lo estamos petando también-. Y, sobre todo, es un debate filosófico sobre la paradoja de la tolerancia del filósofo Karl Popper (1902-1944), la que nos dice que, si toleramos a un intolerante, estaremos destruyendo la verdadera tolerancia. Claremont nos habla de la tergiversación de la verdad en los medios por parte de los portavoces del fascismo, de la facilidad que tiene el amplio público para tragarse cualquier mentira si ésta ayuda a alimentar su miedo y su odio, de cómo para los medios de comunicación es más importante generar morbo y tensión para ganar dinero que respetar algún tipo de principio ético.

  La historia gira en torno al reverendo William Stryker, un telepredicador fanático racista que, sin más superpoder que su capacidad para la demagogia, arenga a sus fieles para exterminar a la “inferior” raza mutante en nombre de Dios y de la Biblia. Claremont crea aquí al que probablemente sea el supervillano más escalofriante que hayamos visto en un cómic. Porque es completamente real. Porque no es un loco enmascarado que usa sus poderes para dominar el mundo ni lanza robots asesinos en las calles, sino un demagogo televisivo con gran poder de convicción, como los que tenemos en el mundo real. La escena de su discurso en televisión pone la piel de gallina, por su semejanza con la de políticos de derechas y tele-evangelistas radicales a los que hemos visto mil veces fomentando el odio y el terror. Todos hemos visto a algún Stryker en la vida real. Y dan mucho más miedo que un millón de Doctores Muerte.

  Es muy importante para esta historia mostrar los diferentes puntos de vista de los integrantes del equipo protagonista, desde la inocencia y el optimismo de las más jóvenes e ingenuas Gatasombra y Magik, que son las que más sufren la sorpresa y el horror de lo que está pasando –es curioso que Illyana aún pudiera ser considerada ingenua e inocente en esa época, ahora que se ha convertido en una de las más sanguinarias y siniestras del universo Marvel– hasta la resignación furiosa de los más viejos y cínicos, que siempre han sospechado que llegaría un día así, como Lobezno, Tormenta o Magneto. Hasta la eterna fe de Xavier en su propio sueño de convivencia pacífica se tambalea, llegando a fantasear con unirse a Magneto, tal es su decepción con las bajezas de la especie humana. Rondador Nocturno y Gatasombra son personajes marcadamente religiosos –él cristiano, ella judía– que están viendo con impotencia y frustración como personas de su propia fe utilizan y retuercen ésta para impulsar un genocidio afín a sus intereses. El optimismo de Kitty es tan desesperado como la fe ciega de Kurt y ambos serán puestos a prueba duramente. Kurt puede ser el buenazo comprensivo y puro, pero en esta ocasión llegará al límite de su propia humanidad.

Y para humanidad, la de Magneto, que se nos muestra en este cómic –y en la inmensa mayoría, desde entonces– como el más humano, complejo y lleno de matices. Magneto es el personaje que está ahí para decir las duras verdades que nadie quiere oír, para decirnos que los buenos son demasiado buenos y que jamás se debe tolerar al intolerante, que un racista asesino no se merece la libertad de expresión y que, cuando se trata del fascismo y de la aniquilación del que es o piensa diferente, la equidistancia no es una opción aceptable. Al fin y al cabo, desde el principio del cómic vemos a estos fanáticos religiosos matando a niños a sangre fría en nombre de su ideología, para dejarnos claro la clase de monstruos que son. El propio Magneto nos dice que él ya ha vivido “un genocidio en nombre de Dios” y que hará todo lo que esté en su mano para evitar que vuelva a suceder.

Aunque el tema central de la historia sea el ya mencionado fanatismo religioso como excusa para el racismo y la xenofobia, Claremont es Claremont, así que aprovecha para abrir jugosos debates filosóficos sobre multitud de temas sociales –casi podría decirse que cada tres frases te mete una que podría dar pie a un libro entero de filosofía o a un especial de cualquier tertulia política televisiva en la que corre la ginebra a borbotones-. Hay que resaltar especialmente el brillante discurso de Magneto sobre la libertad y las dictaduras, cerca del final del cómic. Es impecable, es perfecto.

El dibujo de Brent Anderson es el característico de la colección Marvel Graphic Novels, mucho más cuidado, más “serio y adulto” que el habitual en los cómics de superhéroes –al menos, en los de la época-, siguiendo el estilo que usó Starlin en “La muerte del Capitán Marvel” o Mike Mignola en “Doctor Strange & Doctor Doom: Triumph and torment”. Muestra un trazo mucho más detallista, tira muchísimo del claroscuro de estilo noir –y, a todo esto, no creo que el impresionante parecido físico de William Stryker con Charlton Heston sea fruto de la casualidad… ejem-.

Dios ama, el hombre mata” es una obra de culto recomendada no sólo para los amantes del cómic sino también para cualquier lector interesado en los debates políticos, éticos y filosóficos sobre la libertad y sus límites. Nos dice que en esta vida no hay nada seguro, ninguna verdad irrefutable, salvo, quizás, la de que Magneto tenía razón y la de que Chris Claremont es Dios.

Críticas

Reseña | ‘El Inmortal Puño de Hierro’ de Ed Brubaker y Matt Fraction (2006)

24-9-2018

Publicado originalmente en Batseñales.

Mira, Netflix, así es como se escribe un Puño de Hierro.

Si hay una saga que ha definido a Puño de Hierro y lo ha elevado al primer orden del cosmos superheroico como ninguna otra, es sin duda ‘El Inmortal Puño de Hierro‘ de 2006. Una macrosaga de 14 episodios surgida al combinar a dos de los guionistas más legendarios de la Marvel del siglo XXI: Ed Brubaker y Matt Fraction. Es la saga esencial para conocer a Danny Rand y admirarlo como personaje, pese a su deficiente adaptación de Netflix.

Hay que empezar diciendo, para los que no estén familiarizados con el personaje, que no tiene absolutamente nada que ver con su contrapartida de imagen real y que es uno de los superhéroes Marvel peor adaptados a la pequeña o la gran pantalla –junto a DraxMantis Pícara-. Sin culpar al más que decente Finn Jones, el guión de la primera temporada era tan difuso y mal enfocado que nos presentaba a un personaje totalmente alienado y sin relación alguna con la forma de ser y actuar su fuente original. Danny Rand es un uno de esos héroes del tipo graciosillo a la vez que fanfarrón, que no puede dejar de soltar chascarrillos mientras reparte leña –en la línea de Ojo de HalcónSpider-Man, Dientes de Sable o Buffy-, pero combina este rasgo con un alto componente espiritual y metafísico. Danny es la paradoja andante: es el friki supremo obsesionado con los cómics y la cultura nerd, pero a la vez posee una inmensa profundidad psicológica y carga emocional proveniente del entorno espiritual zen en el que fue criado. La gente no suele confiar en su buen juicio a la hora de tomar decisiones debido a que es un bufón –en palabras textuales de Jeryn Hogarth en esta misma saga: “¿Sabes cuáles son las cuatro palabras más terroríficas del idioma inglés? Danny tiene un plan”-. Pero siempre acaba salvando el día y demostrando una madurez que él mismo se empeña en disimular, como veremos en esta historia.

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La historia ahonda en la parte mística del cómic, en la mitología de la ciudad celestial de K’un-Lun. No sólo trata del presente Iron Fist, sino que entremezcla de forma muy interesante las historias de sus predecesores en el puesto. Cobra mucha importancia la figura de Orson Randall, el extremadamente carismático antihéroe que fue Iron Fist en la primera guerra mundial, pero también la de Wu Ao-Shi, la Reina Pirata de la Bahía de Pinghai, que ocupó el puesto en el siglo XVI, así como de algunos otros que han ostentado tan llamativo título. También se arroja luz sobre la historia de Wendell Rand –el padre de Danny– y su fallido intento de conseguir el poder del dragón, así como del origen de la fortuna familiar de los Rand. Dividida en dos arcos argumentales y un breve interludio, podría parecer que narra tramas inconexas, pero se trata de una historia-río en la que hay que leer todas las partes para ver cómo confluyen en la costa final.

En el primer arco de 6 números, “La última historia de Iron Fist”, nos centramos en la amenaza de un Davos más terrorífico que nunca, ahora aliado con Hydra, se nos habla de la rivalidad entre los dos antiguos amigos, se muestra por primera vez el punto de vista del villano y el porqué de su odio hacia el héroe. El capítulo 7 es un interludio enteramente dedicado a narrar la historia de la Reina Pirata de la Bahía de Pinghai y es sencillamente precioso.

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Y el impresionante segundo arco, “Las siete capitales del cielo”, que comprende los episodios del 8 al 14, gira en torno a la magia de K’un-Lun –y las otras seis ciudades místicas de ese misterioso paraíso oriental en el que se crió el bueno de Danny-, así como en sus respectivos campeones, las Siete Armas Inmortales. Torneos de artes marciales al estilo ‘Dragon Ball’ –pero con la magia oriental que caracteriza esta serie– como telón de fondo sobre el que se teje una trama de conspiraciones internas y el origen de una revolución de género y de clase en el seno de K’un-Lun. Brubaker y Fraction combinan de forma única la crudeza urbana de las historias de Iron Fist, uno de los héroes “de barrio” de Marvel, con el misticismo que envuelve a todo lo relacionado con su origen. El enfrentamiento entre los dos dragones de la vida de Danny Rand: el dragón literal de K’un-Lun contra el dragón simbólico de Hydra.

Estamos, pues, ante una gran multitud de tramas que, lejos de estorbarse unas a otras, convergen en un complejo tapiz en el que cada hilo cobra sentido conforme se va avanzando en la historia. Una historia plagada de personajes interesantísimos, como la misteriosa sirvienta enmascarada de Lei Kung o el Príncipe de los Huérfanos –en serio, ¿habíais oído alguna vez un nombre tan chulo?-.  Aparecerán también, obviamente, Luke Cage y Colleen Wing, los mejores amigos de Danny, así como su eterno amor Misty Knight.

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Al dibujo está el inconfundible David Aja, dibujante español con cinco premios Eisner a sus espaldas, de un estilo rompedor, indie y reconocible a la legua. Adora el claroscuro y sabe utilizarlo de forma dramática sin abusar de él. Sus composiciones de página son siempre interesantes y sorprendentes, por no hablar de los diseños de portada, que tienden a lo maravilloso. Si acaso se le puede sacar una pega es que en algunos números se introducen páginas extra dibujadas por otros artistas de estilos muy distintos al de Aja y esto puede molestar a la lectura y sacarte momentáneamente de la historia.

Los que hayáis visto la segunda temporada de la serie de Netflix habréis apreciado el inmenso salto cualitativo que ha habido con respecto a la primera, la mejora en los guiones y la realización. Aunque Danny siga distando mucho de ser el de los cómics, está un mundo más cerca de serlo que una temporada antes. En la nueva entrega de la serie hay toneladas de foreshadowing sobre la cosmología de K’un-Lun y la leyenda inmortal del Puño de Hierro, que para el espectador neófito que no haya leído los cómics pueden pasar por alto –e incluso dificultar el disfrute de la serie, porque se mencionan muchas cosas que luego no se resuelven, presumiblemente como planting para la tercera temporada-. Pero todas esas cosas están relacionadas con esta masterpiece de BrubakerFraction y Aja, por lo que podríamos decir que no sólo es la saga imprescindible para conocer al Inmortal Puño de Hierro, sino también para apreciar como se merece la mejora de la serie y lo interesante de la sutil subtrama que se abre en este nuevo bloque. La historia perfecta para adorar a Danny Rand si nunca has leído un cómic suyo.