Críticas

Reseña | La Lego película 2: Todo es fabuloso

5-2-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

¿Te gustó la Lego-Película? Pues probablemente te gustará la Lego-Película 2, subtitulada en un alarde de humor como “La segunda parte”. Sólo con este subtítulo ya nos hacemos una clara idea de que la cosa va a estar cargada de risas.

Tan divertida y loca como la primera, una película para todos los públicos que los más pequeños disfrutarán y con la que los adultos se reirán a carcajadas. Su tono infantil y desenfadado no la exime de una enorme dosis de humor ácido y cargado de mala baba que llenaba la sala de cine de risas incontrolables, con algunos chistes de humor muy fácil y otros tremendamente inteligentes y bien pensados.

Tranquilos, papis y mamis, todo lo adulto es lo suficientemente sutil como para que ningún niño capte el humor negro y sarcástico con el que sus padres se desternillarán. Pero la película es lo bastante alocada y llena de aventuras para que esto no afecte al disfrute infantil.

Si algo negativo se le puede achacar es que el plot twist del final de la primera entrega fue tan potente que dejó un listón demasiado alto. En la primera entrega nos encontrábamos con un mundo loco y absurdo que no entendíamos y que parecía como si lo hubiera escrito un niño, hasta que al final nos sorprendía descubrir que, en efecto, todo lo que pasaba eran las aventuras imaginadas de un niño jugando con las maquetas de su padre –el grandioso Will Ferrell-. Lo que quizás hace que esta nueva entrega esté ligeramente por debajo es que, una vez conocida la sorpresa de la anterior, ya no tenemos ese elemento de incomprensión que nos mantenía en vilo toda la película. Desde el principio ya sabemos que toda esta locura la desata la imaginación de un niño y eso le resta misterio. Pero en esta ocasión también hay cierto giro de guión muy interesante que, aun sin ser tan chocante como el de la primera, te deja un buen sabor de boca.

Además, la acción, las risas y la genialidad visual compensan con creces cualquier defecto que la película pudiera tener. Los increíbles decorados de Lego vuelven a dejar con la boca abierta: no olvidemos que, aunque la película esté realizada mediante animación 3D, todo está diseñado en base a construcciones de Lego que se pueden llegar a hacer, lo cual en mi humilde opinión les suma muchísimo mérito a esos titanes que son los diseñadores de producción de esta obra. Construir el mundo de Mad Max con Legos y que quede tan real es, simplemente, impresionante.

La cantidad de guiños y referencias frikis a películas, cómics, videojuegos y demás es apabullante, quizás incluso más que en la primera entrega –lo que se agradece enormemente, dado que es una de las bazas más divertidas de esta saga-.

Esta vez hay que hacer especial hincapié en Batman, que afortunadamente tiene mucho más protagonismo que en la primera parte. Hay un montón de desternillantes referencias a su mundo de cómic y a los actores que lo han interpretado a lo largo de las décadas, con incluso algún pequeño cameo que puede hacerte soltar una lagrimita de nostalgia. “¡Necesitamos a Batman!”, grita el alcalde en una escena, “¡Los de Marvel ya no nos cogen el teléfono!

Sí, tiene las –tan odiadas por los adultos– escenas musicales de toda película de animación para niños. Pero están cargadas de humor y de comentarios cínicos y despectivos de los propios personajes, convirtiendo esas escenas que podrían haber sido altamente pastelosas en divertidas parodias de cualquier película de Disney.

A título personal, os recomiendo que si podéis la veáis en versión original, para no perderos las voces de la cantidad de famosos que aparecen, algunos como protagonistas y otros como breves cameos: Tenemos a Rosa de Brooklyn 99 en uno de los papeles principales, a la jueza de The Good Place, a los mismísimos Moss y Richmond de The IT Crowd –Los Informáticos-, Bruce Willis, Jonah Hill, Chaning Tatum, Jason Momoa, Cobie Smulders o Ralph Fiennes, entre otros.

Will Arnett. Sobre todo, Will Arnett.

Porque Will Arnett es probablemente el mejor Batman que haya habido jamás.

Todo es fabuloso.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | The Woods (volumen 8): La batalla final

30-1-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Un instituto de Wisconsin desaparece de repente y se teletransporta con todos los alumnos y profesores a una lunade otra galaxia, que al principio puede parecer un hermoso paraíso natural, pero en seguida descubrimos que es una cruda jungla asesina llena de terribles bestias y guerreros implacables. Así empezaba esta interesante historia, The Woods, en la que el genial guionista James Tynion IV nos va metiendo poco a poco en la compleja psique de un grupo de adolescentes, enfrentados a los horrores de la naturaleza alienígena para los que no están preparados.

Poco a poco íbamos descubriendo que en esa luna había más de lo que parecía. Empezando por esas extrañas fuentes de energía que enloquecen al que se acerque demasiado y lo consumen por completo. Siguiendo por el hecho de que otros humanos de nuestro mismo planeta, de muy variadas civilizaciones, habían sido trasladados allí siglos atrás por motivos desconocidos y ahora tratan de sobrevivir como pueden en un mundo salvaje y tribal, un poco al estilo de la serie Los 100.

En este nuevo volumen –que no es el último, pese a su título– se recopilan los capítulos 29 a 32 de esta magnífica y refrescante serie.

Después del enfrentamiento contra Isaac en la Ciudad Negra, que tuvo como sorprendente resultado el retorno de Sanami a la Tierra, el resto de protagonistas la dan por muerta.Karen Jacobs es ahora la gran protagonista, tras un impresionante arco de transformación del personaje que la ha llevado de ser esa niña pánfila sin personalidad que era en el primer capítulo a convertirse en una especie de Xena + Lara Croft + Todos los personajes del Assassin’s Creed juntos.

Harta de tanta muerte sin sentido y forzada a madurar demasiado pronto, Karen ha decidido llevar la batalla hasta las puertas de los japoneses antes de que sean ellos quienes les masacren de nuevo. Acompañada de sus fieles Ben y Sander, se infiltrará en el cuartel enemigo para intentar llegar hasta el cada vez más psicótico general Taisho.

Mientras tanto, Sanami tendrá que enfrentarse a su vuelta a la normalidad y los padres de los protagonistas al sorprendente descubrimiento de la existencia de civilizaciones alienígenas –más que nada porque Sanami se ha llevado con ella al adorable monito espacial Doctor Robot– y de que sus hijos en realidad no han muerto –aunque bueno, a estas alturas del cómic, pocos quedan ya-. Las habituales sorpresas y giros inesperados de guión no se harán esperar, como es habitual en esta serie.

Acción a raudales, paisajes preciosos y mucho, mucho drama psicológico pueblan las páginas de este nuevo volumen, como no podía esperarse menos de esta obra. Publicado originalmente por Boom Studios en América, aquí nos lo trae en un agradable formato de tomos de grosor medio Medusa Cómics.

Las ilustraciones de Michael Dialynas siempre asombran, combinando su estilo marcadamente indie con un preciosismo visual impresionante. Ese mundo de tonos morados, verdes y azules en el que Dialynas nos hace revolcarnos es una delicia visual, lo que no empequeñece la sensación de miedo y angustia que pretende –y logra– provocar el excelente guión de Tynion.

Sólo podemos esperar con ansia el próximo volumen de esta agradable sorpresa narrativa.

Una verdadera joya del cómic independiente, visualmente precioso e intelectualmente delicioso a partes iguales.

Artículo de Jöse Sénder

Críticas

Reseña | La increíble Patrulla X de Whedon (V2): Clásico instantáneo

14-1-2019

Publicado originalmente en Docpastor.com

Antes de empezar, debo advertiros de que soy tan extremadamente fanático de todo lo que escribe Joss Whedon que la crítica que vais a leer probablemente no sea del todo imparcial. Pero, sinceramente, cualquiera que se haya dedicado al guión o al menos conozca un poco de este arte debería sentirse en la obligación moral de admirar a este genio.

Este nuevo volumen de Marvel Integral de tapa dura recopila la segunda mitad de la serie Astonishing X-Men vol. 3, del número 13 (2006) al 24 y el Giant-Size Astonishing X-Men (2008), con el que Whedon se despidió de su estancia en la franquicia.

Las tramas secundarias que Whedon había ido planteando levemente en sus dos primeros arcos argumentales –números del 1 al 12, recopilados en el anterior tomo de Marvel Integral-, y que no sabíamos muy bien adónde se dirigían, confluyen aquí en una historia apoteósica dividida en dos arcos. Para cualquier conocedor de la obra de Whedon, está claro que nada pasa nunca porque sí y que cualquier pequeño detalle tiene ramificaciones esenciales en el futuro.

Empezamos por todo lo alto: la gran villana de la primera mitad de la historia es nada menos que Cassandra Nova, la psicótica y peligrosa hermana gemela de Xavier. Probablemente estemos hablando de la enemiga más poderosa y temible que hayan tenido jamás los X-Men –donde incluso Magneto o Mister Siniestro podían llegar a mostrar compasión o a comedirse en sus planes malignos, Cassandra Nova es una bestia asesina y retorcida sin el menor atisbo de ética y moral-. No olvidemos que ella solita perpetró laMasacre de Genosha, exterminando a 16 millones de mutantes en apenas unos minutos. En esta nueva historia, Cassandra vuelve más terrorífica que nunca y manipula la mente de Emma Frost para que sea ella quien destruya a la Patrulla-X, mostrándonos lo poderosa que puede llegar a ser la Reina Blanca cuando lo logra en un santiamén.

Imagen del tomo anterior.

La segunda parte de la historia se desarrolla en Breakworld, el planeta cuyos profetas aseguraban que algún día sería destruido a manos de Coloso. Los X-Men van allí en una desesperada misión suicida junto a la agencia de defensa planetaria S.W.O.R.D., para intentar evitar que los gobernantes del planeta disparen una súper-arma contra la Tierra. Una vez allí, comenzarán a deshilar poco a poco una enrevesada conspiración política y religiosa.

Whedon es famoso no sólo por sus brillantes diálogos y sus frases demoledoras, sino sobre todo por su forma única de tratar la psicología de los personajes y adentrarse en su interior como ningún otro guionista sabe hacer, que es lo que hace grandes a todas sus obras. En esta serie ha querido dejar como secundarios a Lobezno o a la Bestia, dos personajes ya muy explotados por otros autores, y centrarse en explorar más los recovecos de otros menos manidos: Coloso –que en este volumen llega incluso a hacer un chiste, para asombro de todos-, Gatasombra –no es ningún secreto y el propio Whedon lo ha admitido abiertamente en más de una ocasión: su personaje televisivo estrella, Buffy Summers, está claramente inspirada en la adorable mutante rebelde y listilla que atraviesa paredes– y, sobre todo, su pareja favorita –que debería ser la favorita de todos-, Cíclope y Emma Frost. Cíclope y Coloso siempre habían sido mostrados como dos buenazos simplones y un tanto planos de personalidad, hasta que llegó Whedon, vio su potencial desaprovechado y decidió darles un giro, brusco pero completamente lógico, que aún a día de hoy sigue vigente.

Hablemos de Cíclope. Se acabó por fin el eterno boy scout tan bueno y justo como insoportable. En la etapa anterior, la de Grant Morrison, ya pudimos empezar a ver a un Scott que dudaba de Xavier y empezaba a plantearse que su camino de autocomplacencia podía estar equivocado. En el Astonishing de Whedon por fin asistimos a sutransformación en el justiciero malote que siempre debió ser. Y, como pasa en cualquier obra escrita por Whedon, no es gratuito, no es por la cara, todo responde a motivos lógicos y una vez leído sólo puedes pensar: “pues, claro, este cambio en la forma de comportarse de Cíclope es perfectamente plausible e incluso inevitable, no podía haber sido de otro modo”. Al fin y al cabo, estamos ante un héroe trágico que desde los 15 años fue cargado con la responsabilidad de liderar a un grupo de superhéroes, privado de la diversión de la adolescencia y manipulado cruelmente por el hombre al que seguía y admiraba, ese Charles Xavier que en los últimos 30 años se han esforzado en mostrarnos cada vez más que de buena persona no tenía ni un pelo –sí, broma gratuita-. Cíclope está desencantado, los cimientos de todo en lo que había creído se tambalean, su gran amor ha muerto –por enésima vez– y ahora se da cuenta de que su vida va mucho mejor junto a alguien como Emma Frost, mucho más ambigua y oscura que la insoportablemente puritana Jean Grey.

Algunos de los momentos de chulería de Scott a lo largo de la era Whedon nos dejan con la boca abierta: si en el número anterior ya alucinamos con ese momentazo en el que se quita de en medio a un Centinela de un solo disparo –“Quiero a esa cosa fuera de mi césped”– y hasta un impresionado Lobezno tuvo que admitir que a veces Scott sabe ganarse su respeto, en este nuevo volumen los momentos Bruce Willis de Scott Summers van en un crescendo de genialidad que roza lo legendario –“Yo no tengo garras”-. La etapa Whedon es clave para comprender cómo aquel niñato serio y aburrido de los primeros cómics de X-Men en los 60 acabó convirtiéndose en el temible activista mutante anti-sistema de los últimos años, que vivía al margen de la ley, que creó un grupo secreto de asesinos sin remordimientos –los X-Force de Lobezno-, que molaba más que ningún otro superhéroe, que rozaba más la personalidad de Punisher que la del Capitán América, que hasta llegó a convertirse en el nuevo Fénix o a declarar la guerra a los Inhumanos.

La otra gran protagonista es Emma Frost. Whedon ha visto que Emma es uno de los personajes más interesantes, carismáticos y psicológicamente profundos que hayan poblado las páginas de Marvel y ha sabido sacarle el jugo. Una antigua supervillana que se pasó al lado de los buenos por simple y puro desencanto hacia su antiguo grupo y por pasión amorosa animal hacia Cíclope –los supervillanos en busca de redención siempre suelen ser los personajes más interesantes, véanse Pícara o Magneto-. La única superviviente de la masacre de Genosha, que se salvó de casualidad cuando su mutación secundaria –transformación en diamante– se manifestó por primera vez durante el bombardeo y vio morir a todos sus alumnos delante de ella. Ahora se enfrenta a la culpa del superviviente, que la destroza por dentro por muy dura que quiera aparentar ser –sólo hay que ver que, cuando está bajo el control de Cassandra Nova, una de las alucinaciones que la acompañan y atormentan es la de Cabeza Nuclear Negasónica Adolescente, la alumna que murió en sus brazos-. Y, sobre todo, a su soledad autoimpuesta, a esa idea tan profundamente arraigada que tiene de que no se merece ni la amistad ni el amor, porque está convencida de que debería haber muerto en Genosha. Ya se lo dice ella misma a Kitty Pryde en uno de esos magistrales momentos suyos en que mezcla su habitual orgullo con un leve toque de auto-desprecio muy sutil: “Soy un diamante, soy por definición mi mejor amiga”.

Lobezno queda relegado a un papel más bien cómico en esta serie –qué más da, ya protagoniza al menos otras doscientas series a la vez-, pero nos deja momentos tan gloriosos como aquella página del volumen 1 en la que reflexionaba sobre lo mucho que le gusta la cerveza mientras luchaba contra un monstruo gigante. En este volumen, por ejemplo, esa página silenciosa en la que Kitty y Coloso entran en la cocina después de haber consumado por fin su relación, Lobezno los mira a los dos de reojo sin hablar y al final suspira por lo bajini “ya era hora” es una verdadera obra maestra.

En esta etapa, Whedon nos introducenuevos personajes de su propia creación. Personajes que han calado tanto entre el público que a día de hoy, años después de la marcha del bueno de Joss, siguen siendo clave en las nuevas historias mutantes. Hisako Ichiki, aliasArmadura, la entrañable pre-púber mutante que resulta ser mucho más dura de lo que nadie se esperaba, que acaba siendo ascendida a miembro de los X-Men y personalmente entrenada por el propio Logan, el único que da la talla cuando el resto de profesores se le quedan pequeños. La agente Abigail Brand, directora de S.W.O.R.D., probablemente el único personaje de Marvel que es capaz de vacilarle a la mismísima Maria Hill sin morir ni quedar en ridículo -y cuya tórrida relación con Hank McCoy es tan inesperada como divertida-Peligro, la personificación robótica y psicótica de la sala de entrenamiento de Xavier, mostrará nuevas facetas en esta nueva etapa.

Tampoco faltan las estrellas invitadas de alto calibre, desde Spider-Man hasta los 4 Fantásticos o el Doctor Extraño, que si bien tienen papeles muy secundarios, nos dejan momentos divertidísimos. Y no nos olvidemos del retorno de uno de los personajes más añorados y queridos del entorno mutante: Lockheed, el achuchable dragón alienígena mascota de Kitty Pryde.

Whedon es un genio, esto es así y no hay lugar a dudas. Y como tal, algunas de las situaciones que utiliza en sus guiones son tan emblemáticas que a veces acaba por repetirlas en otras obras, aunque dándoles el giro que necesitan para que no nos parezcan una estafa sino algo innovador y perfecto. En este volumen, todo buen fan de su obra magna Buffy Cazavampiros va a detectar rápidamente dos situaciones que el maestro del guión ya utilizó en la legendaria serie y que aquí repite en momentos muy puntuales y breves –quizás de forma involuntaria, quizás como guiño a sus fieles seguidores-: uno es el de la conversación mental entre Buffy y Willow en el último capítulo de la serie, que primero se nos muestra como una conversación normal y luego se vuelve atrás y volvemos a verlo pero conociendo ahora nueva información que le cambia totalmente el sentido –un recurso narrativo que admito encontrar fascinante-. Otro es el del principio del capítulo “The body”, donde un personaje parece haber salvado la situación y logrado un final feliz y de repente se interrumpe la acción y descubrimos que sólo se lo estaba imaginando –llorad al recordar esta escena, buffymaníacos, llorad-.

El dibujo de John Cassaday es siempre espectacular y, pese a estar encabado en un estilo muy mainstream, ha sabido encontrar su propia voz de modo que cualquier viñeta suya resulta inconfundible –y exquisita-. Siempre acompañado, por supuesto, del color de la increíble Laura Martín.

Esta edición de lujo a cargo de Panini contiene jugosos extras al final. El más interesante es sin duda el repaso a la colección de guiños que han ido apareciendo a lo largo del cómic, que son perfectamente analizados y desarrollados para que lleguen con seguridad a cualquier lector que no sea tan extremadamente friki como Joss Whedon –es decir, el 99,9% de la humanidad-.

Siendo una obra de hace tan sólo una década, la era Whedon en el Astonishing X-Men ya se ha convertido en un clásico atemporal de Marvel a la altura de los más míticos de la historia de la editorial –Inferno, la Guerra Kree-Skrull, las Secret Wars o la Caída de los Mutantes, por citar sólo algunos que todo buen marvelita recuerda con nostalgia-. Este volumen nos deja algunas páginas tan emblemáticas que quedarán en el recuerdo para siempre, sin nada que envidiar a Spider-Man quitándose la máscara en Civil War o a los Vengadores descongelando al Capitán América en el legendario número 4 de la colección.

‘Nuff said, sólo me queda dejaros en manos del carismático badass supremo Scott Summers y su “a mí, mi Patrulla-X”.

Artículo de Josë Sénder.

Críticas

Reseña | Aquaman, ¿pero cuántas pelis acabo de ver?

19-12-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

Me vais a tener que perdonar que escriba esta crítica en tono humorístico, pero después de ver Aquaman no existe otra forma posible de explicarla.

Estamos ante una de esas películas tan rematadamente malas que acaban dando la vuelta y convirtiéndose en brillantes comedias auto-paródicas, como el Howard el Pato de los 80, aunque salvando las distancias –ya le gustaría a James Wan-.

Es una cinta muy correcta y decente para el bajo nivel al que nos tiene acostumbrados el DCEU, pero que sería simplemente mala si fuese de cualquier otra productora. Como película épica de superhéroes, es nefasta. Pero como comedia tonta de aventuras en plan La Momia, Tras el Corazón Verde o la trilogía The Librarian, es divertidísima.

No me malinterpretéis, Aquaman está muy bien rodada y la dirección de Wan es impecable, con una planificación excelente y grandes momentos visuales. Pero el CGI utilizado ya ha envejecido mal incluso antes del estreno. Es imposible ver esas volteretas de Nicole Kidman o el movimiento de los atlantes al nadar sin intentar pulsar la barra espaciadora para omitir la escena cinemática de videojuego de principios de los 2000 que creemos estar viendo. Afortunadamente, el carisma de Jason Momoa y Amber Heard lo compensa con creces.

Y es que el casting, si obviamos al villano, es en un 90% genial. Es muy evidente que Momoa y Heard han sido seleccionados para alegrar la vista al público sean cuales sean nuestras preferencias –y cada cinco minutos tienen una pose sexy empapada y gratuita en plan anuncio de colonia que lo demuestra-. Pero además lo hacen muy bien, tienen mucha química y una vena cómica genial que hace que nos riamos con ellos y no de ellos. Willem Dafoe está estupendo pese al peinado que le han puesto –porque es Willem Dafoe, básicamente, y puede hacer lo que le dé la gana que siempre lo hará bien-. Aunque aquí tiene cara todo el rato de no entender muy bien dónde se ha metido y querer que le den ya el cheque para irse a casa. El pobre hace lo que puede con los diálogos que le han dado. Dolph Lundgren Nicole Kidman también están geniales, pese a tener papeles pequeños. Y probablemente Michael Beach, que interpreta al padre de Black Manta, sea el que se lleva la palma interpretativa, pese a lo poco que sale.

La trama no es nueva ni original: Un borrachuzo hiper-musculado y buscabroncas –pero de gran corazón– tiene que reclamar el trono ante su malvado y envidioso hermano pequeño. Para ello, deberá empuñar un arma mágica que sólo aquel que sea digno podrá levantar. Sí, probablemente Kenneth Brannagh y Chris Hemsworth estaban sentados en el cine viendo la peli y pensando “¿pero por qué me suena tanto esta historia?

Realmente es como Thor de Kenneth Brannagh pero al revés: si en aquella las escenas ambientadas en Asgard eran geniales y las ambientadas en la Tierra sobraban, aquí las partes que pasan en Atlantis son un soberano –pun intended– aburrimiento, mientras que las que pasan en la superficie –con un desatado Jason Momoa haciendo el chorras- son pura diversión.

El intento de Loki en Aquaman –el hermano celoso del protagonista que hace maldades no se sabe muy bien por qué– probablemente sea el villano con menos carisma de la historia del cine. Ni Jesse Eisenberg en BvS ni el pobre James Marsters en Dragon Ball Evolution consiguen hacerle sombra en este aspecto. Afortunadamente hay otro villano, Black Manta algo así como el robot cabezón de La Guía del Autoestopista Galáctico-, cuyo traje es tan divertido y entrañable que dan ganas de achucharlo y que además nos brinda una brillante secuencia de montaje musical al más puro estilo ochentero.

Las escenas que pasan en Atlantis no sólo son aburridas e insufribles debido a su fracasado intento de epicidad, sino que encima los diseñadores del CGI parece que sabían cuándo empezar pero no cuándo parar. Da la sensación de que hayan entrado a un bazar chino y hayan arramblado con todos los objetos brillantes que iban encontrando sin hacer distinciones, se los hayan dado a un diseñador de máquinas tragaperras puesto de ácido hasta las trancas y, tras ayudar a Ned Flanders a colocar las luces de navidad, le hayan dicho “la gente ha pagado para ver cositas brillantes que se mueven, no quiero un solo plano en el que haya menos de doscientas”.

Esta sobreexplotación del kitsch más barroco y sobrecargado está apoyada además por el vestuario: Los Stormtroopers raveros que sirven al malo parecen sacados de una versión de bajo presupuesto de un videoclip de Daft Punk. Por no hablar de la colección de armaduras del propio villano, que nos retrotrae a aquellos muñecos excesivamente brillantes de los Caballeros del Zodiaco de los 80, me pregunto si de forma intencionada o –aún más divertido– sin darse ni cuenta.

Hay posturitas épicas de superhéroe por doquier. Demasiadas, de hecho, forzadísimas y alargando demasiado los planos. Aunque hay que admitir que ver a Jason Momoa –en las escenas en las que ya va disfrazado de mazorca humana para el carnaval de un colegio de Alcobendas– haciendo coreografías de posturitas kawaii a lo Sailor Moon antes de cada batalla, vale mucho la pena. Es divertidísimo ver al propio Momoa aguantándose la risa, sin tomárselo en serio y pasándoselo en grande.

Desgraciadamente, hay momentos de la película que intentan ser dramáticos y profundos pero que más bien provocan vergüenza ajena: actores que -sin saber muy bien ellos mismos por qué– se quedan mirando al vacío mientras recitan una interminable hilera de clichés a lo Paulo Coelho, que parecen sacados del Facebook de un adolescente intensito.

Pero no todas las escenas “serias” son nefastas. Hay, por ejemplo, una escena en que miles deMurlocs del World of Warcraft atacan un barco derivando en una persecución submarina, con un CGI mucho más comedido, planificación estupenda y que visualmente les ha quedado preciosa. También ciertas persecuciones de Mera por los tejados de un pueblecito italiano, que parecen sacadas del Tomb Raider o el Assassin’s Creed, han resultado muy bien rodadas, divertidas y espectaculares de ver.

Algo que le agradezco a la película es que no tiene un tono claro. Esto suele ser algo negativo, porque no sabes a qué atenerte. Pero en una película tan absurda, dispar y carente de guión, es divertido que cada escena sea una película totalmente distinta, aparentemente ordenadas al azar. Y además así se evita que haya escenas que se salgan de tono, porque no hay un tono del que puedan salirse.

Tengo tres teorías distintas acerca de esta disparidad:

1: Empezaron a rodar una película que pretendía ser seria y profunda, tras cuatro escenas rodadas James Wan se dio cuenta de que le estaba saliendo un tostón y pidió que la reescribieran en clave de humor.

2: Wan les pidió a todos sus amigos y familiares que dijesen los títulos de sus películas y videojuegos favoritos y se propuso homenajearlos absolutamente todos en apenas dos horas y media.

3: Bajo el efecto de una gran cantidad de drogas, los guionistas –probablemente, relacionados con los hermanos Wayans de la saga Scary Movie– se iban gritando chorradas unos a otros y no descartaban absolutamente ninguna.

Sea como sea, el resultado es un batiburrillo alocado y divertidísimo que podría resumirse como: Kenneth Brannagh’s Thor vs Indiana Jones vs La Momia vs Los Goonies vs Sea Quest vs Viaje al Centro de la Tierra –la de Brendan Fraser- vs Excalibur vs Sailor Moon vs Caballeros del Zodiaco vs Videoclips de Daft Punk vs Howard el Pato.

Y de hecho, si le quitases las partes aburridas y visualmente agotadoras que suceden en Atlantis y le pusieras a Brendan Fraser y el delfín del Sea Quest como secundarios cómicos, te quedaría unacomedia de aventuras de estilo 80s/90s divertidísima.

Sólo os diré que al salir del cine el amigo con el que iba, aún en shock, me ha preguntado “¿pero cuántas pelis acabamos de ver?”, a lo que le he tenido que responder “¡TODAS!”

Además, en un plano sale un pulpo que toca la batería. A mí con eso ya me han ganado.

Una película muy recomendada si te apetece echarte unas risas locas sin tomártela en serio. No tan recomendada si eres un amante de los guiones brillantemente escritos o si sufres de epilepsia en cualquiera de sus niveles de intensidad.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | Mary Poppins Returns: Vuelve la Disney de los 60

12-12-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

La saga de libros de Mary Poppins, de Pamela Lyndon Travers, comprende 8 novelas independientes, publicadas entre 1934 y 1988. En ellas, la misteriosa niñera-bruja que da título a la colección vive distintas aventuras mientras cuida a diferentes niños, a veces relacionados con los anteriores, a veces no. La primera entrega de la saga fue adaptada al cine en la célebre película de 1964, con Julie Andrews y Dick Van Dyke. Pero el personaje de Mary Poppins era tan distinto en la película al de la novela que a Travers no le sentó nada bien y se negó a dar permiso para que se adaptasen al cine el resto de entregas mientras ella viviera. Pamela murió en 1996 y ahora, en 2018, por fin se ha podido adaptar a la gran pantalla la segunda novela de la saga,Mary Poppins Returns (1935), que en este caso sí es una secuela directa de la primera.

La historia en este caso gira en torno a los dos niños de la primera entrega, Jane y Michael Banks, que ya son adultos. Michael es un viudo con tres hijos y cargado de problemas económicos en plena era de la Gran Depresión, cuya familia necesitará una vez más la ayuda de su antigua niñera, que a día de hoy aún no tenemos claro si es una bruja, un hada o un Timelord.

Es una película para niños, al más puro estilo de los clásicos Disney de imagen real de los años 60, como la Mary Poppins original, La Bruja NovataChitty Chitty Bang Bang y demás grandes mitos infantiles de entonces. Recuerda poderosamente a aquella época cinematográfica, tanto en el plano visual como en el tipo de historia contada. Si estáis buscando una obra adulta, profunda y oscura como las de ahora, ya os podéis ir a ver una de Nolan. Mary Poppins Returns es como siempre debieron de ser las películas infantiles: tonta, divertida y alegre.

Sí, también tiene su leve trasfondo de drama social muy suave y sutil, para que los adultos que la vean puedan reflexionar un poco –la historia transcurre en la época de la depresión económica, hay banqueros despiadados y una de las protagonistas es una sindicalista, así que ya os podéis imaginar por dónde van los tiros-, pero esto se muestra a un nivel muy, muy secundario, como en su día se mostraba la lucha feminista de la madre de los Banks o la pobreza de las calles londinenses frente a la opulencia del banco.

La trama no es nada del otro mundo y sus escasos giros de guión son altamente previsibles desde el minuto uno pero, de nuevo, es una película para niños que no pretende trastocar la mente del espectador, sino simplemente hacer pasar un rato entretenido a los más pequeños.

La estética visual y la ambientación de la época –en este caso, el Londres de los años 30-, como suele suceder en las películas de Rob Marshall, está muy lograda y se le nota mucho mimo y atención al detalle, para asegurarse de que nos sumergimos de lleno en la historia por completo. Tanto, que casi estaba esperando ver a David Tennant y Billie Piper saliendo de una cabina azul para echar una mano a esos hambrientos niños londinenses.

En algunos momentos, sin embargo, se emplea una estética más creepy, casi de película de terror, que se sale de tono y, aunque visualmente sea espectacular, puede resultar un cierto problema en una película que se supone que está dirigida a niños. En la escena de la primera aparición de Mary, al principio de la cinta, pensaba que estaba viendo un nuevo remake de It, con ese niño pequeño de mirada siniestra –que encima se llama Georgie– corriendo tras su cometa en medio de un huracán y con una música lúgubre que sólo puede acompañar a la aparición de un payaso asesino, más que a la de una niñera entrañable. Afortunadamente, esos momentos son escasos en la película y no creo que vayan a traumatizar a ningún niño. No mucho, al menos.

Tenemos las inevitables escenas de animación, como sucediera en los clásicos Disney de los 60, que constituyen una grata sorpresa, ya que están realizadas íntegramente en 2D y con un estilo tradicional de las películas de aquella época, con sus animalitos parlantes en la campiña inglesa que parecen sacados tal cual de La Bruja Novata. Estoy seguro de que, si nos fijamos bien, algunos de ellos deben ser claras referencias a aquellas obras.

Del reparto es difícil tener alguna queja, en este caso la directora de casting, Tiffany Little Canfield, se ha lucido. Era difícil encontrar a alguien que diera la talla de Julie Andrews, pero Emily Bluntcumple su papel a la perfección. El personaje de Mary Poppins en sí, no nos engañemos, es bastante repelente e insoportable, la típica institutriz británica estirada y tiquismiquis al estilo Señorita Rottenmeyer de Heidi. Si no tuviera superpoderes de bruja y llevase a los niños a hacer cosas divertidas de vez en cuando, ningún niño del mundo la aguantaría. Pero Blunt ha sabido captar esta personalidad ególatra y repipi del personaje como lo hizo Andrews en la original. Lin-Manuel Miranda, que interpreta al lamparero Jack, tiene un asombroso talento para cantar a velocidades inimaginables que harían retorcerse de envidia a cualquier rapero.

Ben Wishaw –quizás lo recordéis por interpretar a Q en Skyfall- es Michael, el niño orejón de la película original, y su parecido con éste e incluso a ratos con el padre de los Banks es asombroso. En serio, miradle bien los ojos. Emily Mortimer como Jane Banks es uno de los mayores aciertos de la película y es una verdadera pena que no tenga un papel más principal y que casi todo el peso recaiga en su hermano. Es una nueva versión de su madre, la activista sufragista, pero en este caso es una sindicalista convencida que lucha por los derechos de la clase obrera. Meryl Streep como la prima rusa de Mary es divertidísima, mostrando esa vena cómica suya que siempre agradecemos. Losniños lo hacen muy bien, aunque el pequeño Georgie resulta bastante terrorífico –¿por qué habla, mira y se mueve como un adulto enfadado? Da la sensación de ser un hechicero de 200 años encerrado en el cuerpo de un niño, que de un momento a otro va a empezar a girar la cabeza hablando en arameo con voz de Kiefer Sutherland-. Y en cuanto al villano de la película, pues esColin Firth, ¿qué más hace falta saber? Este señor nunca hace nada mal. Mención especial también a la breve aparición de algunos apreciados secundarios de la película de 1964, como el almirante Boom –el vecino loco que disparaba cañones desde la azotea– y su ayudante el Señor Bitácora.

Aparte de los ya sabidos y anunciados cameos, como el de Dick Van Dyke, hay otro totalmente inesperado hacia mitad de la película, con una de las actrices originales –no diré cuál– que ni siquiera aparece en los créditos ni en la ficha de IMDB y que, si no llega a ser porque me dio la sensación de que aquella escena tan gratuita podía ser un cameo y busqué una foto de la actriz en cuestión para ver qué cara tiene hoy en día, no lo habría podido detectar.

En esta entrega de la saga, los deshollinadores son sustituidos por los técnicos de las lámparas de aceite de las calles de Londres, los lampareros, que vienen a jugar el mismo papel. Tienen incluso una coreografía que recuerda poderosamente a la mítica de las chimeneas, aunque la canción que la acompaña diste mucho de ser tan genial como el mítico “Chim Chimney” de entonces. Y es que Rob Marshall –Chicago, Into the Woods– tiene una gran maestría dirigiendo musicales y sus coreografías nunca defraudan.

Y hablando de canciones, aunque no estemos ante un remake sino simplemente una adaptación de otra de las novelas de la saga, es inevitable compararla con su predecesora en ocasiones, sobre todo estando tan llena de pequeño guiños a ésta. Las canciones de esta nueva entrega de la saga no son a priori tan carismáticas e inolvidables como las del capítulo anterior, excepto quizás un par de ellas que son algo más pegadizas. Pero claro, esta apreciación puede ser subjetiva porque, inevitablemente, todos hemos crecido con la Mary Poppins de los años 60. Quién sabe si dentro de 50 años la gente recordará las canciones de Emily Blunt como ahora recordamos las de Julie Andrews. A este respecto cabe recalcar el acierto con que, en ciertos momentos en que algún personaje hace mención a algo que pasó en la entrega anterior –la señora de las palomas, lo desordenados que eran Michael y Jane de pequeños, cosas así-, suena brevemente y de forma muy sutil una versión instrumental de las canciones de la anterior, listo para provocar ese puntito de nostalgia hacia una película que marcó a gran cantidad de generaciones de niños, desde 1964 hasta ahora.

Nos encontramos, pues, ante una película infantil sin pretensiones de profundidad, como las que se hacían antes, con el aire del cine de los 60 y un sello Disney muy fuerte. ¿Pasará a la historia como un clásico instantáneo? Es difícil saberlo: antes se hacían menos películas y era más fácil que una de estas características arrasara, ahora hay una oferta abrumadora de cine infantil y juvenil y es más habitual que una película pase desapercibida. Pero no será por falta de méritos. Mi recomendación es que, si tenéis hijos pequeños, les pongáis en casa la película original del 64 y luego los llevéis a ver esta nueva entrega, para que la disfruten al máximo posible.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | Joker: Quien ríe el último (Volumen 1)

11-12-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

En este tomo recopilatorio de las andanzas del Joker de principios de los 2000, nos encontramos ante una chocante irregularidad de un capítulo a otro en cuanto a calidad narrativa. Heterogeneidad causada en su mayor parte por el inmenso error de haber incluido toda una saga escrita por uno de los guionistas con menos talento de la historia del cómic: Chuck Dixon. Si analizamos fríamente la obra de este escritor, dejando de lado juicios de valores sobre su polémica figura, nos topamos con una marcada e indiscutible tendencia hacia lo simplemente lamentable. No se trata ya sólo de los habituales elementos misóginos y ultraconservadores que caracterizan la obra de Dixon, que están presentes a lo largo de toda la parte de este cómic escrita por él –incluso aunque la mayoría de veces no vengan a cuento de nada y parece que los haya metido con calzador para desahogarse y poder seguir persiguiendo su sueño utópico de un mundo anclado para siempre en la década de 1930-. Es que ya desde un principio sus diálogos parecen escritos en post-its desde el cuarto de baño, que ya es más o menos a lo que nos tiene acostumbrados. Una trama floja se puede compensar con unos diálogos brillantes. Pero eso es algo de lo que el bueno de Chuck no parece haber oído hablar.

Estoy de acuerdo en que en el mundo del arte es importante separar al autor de la obra y valorar su trabajo sin tener en cuenta su trasfondo personal, que no es justo juzgar una obra literaria por tu opinión sobre el autor. Pero, en el caso de Dixon, es realmente difícil leer algo suyo sin tener presente su polémica y condicionar nuestro juicio a ésta. El autoproclamado líder del movimientoComicsgate –una conocida iniciativa para erradicar la diversidad en el cómic, impidiendo a mujeres o a personas de razas no blancas poder dedicarse profesionalmente al arte de la historieta o ser siquiera representados en ésta– se ha convertido en una figura muy controvertida en la actualidad, debido a sus declaraciones de corte radicalmente intolerante y a su discurso de odio extremista Trump-style a todo lo diferente, provocando que acabasen por echarlo de la mismísima DC Comics por ser demasiado de ultraderecha –algo así como que te echen de Irlanda por beber demasiado, para entendernos-. Se hace una ardua tarea valorar su –ya de por sí deficiente– trabajo como guionista cuando conoces un poco su historia.

La trama central del volumen que nos ocupa –la miniserie “Joker: Last laugh”, de la que el resto de números que componen el tomo son complementos secundarios– gira en torno a un motín carcelarioorganizado por el Joker, que crea un suero que convierte a la gente en copias de él mismo y lo utiliza en todos los villanos que están encerrados con él en la prisión de máxima seguridad de La Losa. Un planteamiento harto interesante que podría haber dado mucho juego y complejidad psicológica de haber estado escrito por un buen guionista. Todos estaremos de acuerdo en que el Joker es un villano carismático, profundo y altamente interesante, uno de los mejores que ha dado DC y que por algo se ha convertido en uno de los más queridos por todos los fans. Por eso mismo, resulta chocante que alguien haya sido capaz de escribirlo de una forma tan insulsa, aburrida y desprovista de cualquier atisbo de carisma o gracia, pero Dixon se ha puesto manos a la obra y lo ha logrado. Por primera vez, alguien ha conseguido mostrar a un villano tan divertido como el Joker con el mismo nivel de interés que la historia de un funcionario de tráfico yendo a comprar el pan.

En cuanto al dibujo en toda esta primera saga central, lo más amable que se le puede decir es que es muy de la época. Pete Woods tiene un estilo muy de fanzine amateur de los 90 y los colores, que parecen pensados exclusivamente para causar una matanza de epilépticos a nivel mundial, no ayudan a disimularlo. Hay una escena, calcada de un capítulo de los Simpson, en que el célebre villano pasa en un minuto por las 7 fases del duelo cuando le dicen que se está muriendo –“yo qué voy a morir, yo qué voy a morir”– y que da la sensación de que tu primo de 14 años que tiene un fanzine de fotocopias grapadas con sus colegas haya querido hacer un imaginativo mash-up entre Homer Simpson y el Joker.

Afortunadamente, no todo es malo en este tomo, ya que muchos de los capítulos que acompañan a la trama central como complementos son exponencialmente mejores que ésta –que tampoco era muy difícil, la verdad-:

  • El número de Nightwing dibujado por el mucho más profesional Staz Johnson, por ejemplo, supone un salto cualitativo con respecto a Woods y un cómic casi disfrutable, pese al guión de Dixon.
  • Se incluye un breve episodio escrito y dibujado por Walt Simonson que resulta agradable a la vista y hace que todo valga la pena.
  • El episodio de Canario Negro, pese a ser también de Dixon, resulta algo más aceptable que la saga principal e incluso algo entretenido, debido a que se compone principalmente de mucha acción trepidante, con lo que apenas da tiempo a que sus extremadamente tópicos y olvidables diálogos –escasos, por suerte– nos estropeen la totalidad de la historia.
  • El dibujo de Roger Robinson para el episodio de Gotham Knights que se incluye hacia la mitad de este volumen, mucho más noir, así como el de Shawn Martinbrough en Detective Comics, mucho más indie, son interesantes y estéticamente tienen mucha calidad.
  • Y, sobre todo, incluye el Young Justice 38, con guión del mítico Peter David, que parece haber venido con la misión de salvar nuestro amor y respeto hacia los cómics después de que hayamos cometido el catastrófico error de haber leído algo escrito por Chuck Dixon. El capítulo de David es una delicia ingeniosa e inteligente, plagada de su característico humor metalingüístico, de ése al que ya nos tiene acostumbrados en Spider-Man, X-Factor o Hulka. Es además un capítulo dibujado por Todd Nauck, que también tiene un estilo muy de los 90, pero en el buen sentido: un amerimanga juvenil, fresco y desenfadado, pero comedido y agradable a los sentidos, sobre todo después de haber llorado de indignación ante las viñetas de Pete Woods.
  • Y el fugaz cameo del Batmito, la verdad es que hace ilusión.

La encuadernación de este tomo está muy cuidada y es preciosa de ver, como no se esperaba menos de la habitual gran labor editorial de ECC. La portada es una ilustración del legendario Brian Bolland, lo que se agradece enormemente después de haber visto los interiores de Pete Woods.

Estamos, pues, ante un tomo muy irregular, que recopila 18 cómics distintos cuya temática común gira en torno a una trama principal, la de los diversos supervillanos infectados por el suero del Joker y cómo cada uno de ellos afecta a la serie en la que participa. Una idea –a priori, llamativa y fascinante– a la que se saca mucho mejor partido en algunos episodios que en otros. Un tomo que contiene algunos capítulos bastante decentes e interesantes, pero que desgraciadamente quedan eclipsados por la insoportable y soporífera labor de Dixon en la saga central.

Un volumen recomendable para acérrimos completistas de las historias de Batman y todo su cosmos, de los que quieran tener hasta la última rareza relacionada con sus personajes, pero para muy poca gente más allá de eso.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | El Asombroso Spider-Man 142: Venom Inc

19-11-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

El volumen 142 de los mini-tomos del Asombroso Spider-Man contiene el más reciente crossover con Venom, la saga “Venom Inc”, publicada a medias entre ambas series en febrero y marzo de 2018 –fechas de USA, claro, en España acaba de salir-.

Continúa la impecable andadura de Dan Slott en la serie del trepamuros y no defrauda ni un solo momento. Para cualquier lector de cómics, Slott es uno de los pesos pesados del mundo secuencial, uno de los mejores guionistas de la era actual, un genio de los diálogos y los desarrollos de acontecimientos, como demuestra en esta divertida historia llena de conversaciones hilarantes sin dejar de lado una trama interesante y repleta de acción. Probablemente, uno de los mejores autores que hayan pasado por las páginas de Spider-Man. Ya lleva más de una década y, sinceramente, ojalá no se vaya nunca. Bueno, a no ser que se vaya para volver a escribir a Hulka, su obra cumbre indiscutible, entonces se lo permitiremos.

Es difícil seguir la pista a la vida de Spider-Man, debido a todas sus series propias, crossovers con otros héroes y participaciones en cómics grupales como los de Vengadores. Como breve introducción, al comienzo de esta historia tenemos a un Peter Parker que vuelve a ser pobre después de la quiebra de su gran empresa, ha vuelto al Daily Bugle y encima lo ha dejado con su más reciente pareja, Pájaro Burlón –bueno, lo han “medio dejado”, porque siguen compartiendo piso y por lo que vemos en esta trama de vez en cuando aún se dan algún homenaje, ejem-. Volvemos al clásico Spider-Man desgraciado y perdedor que los fans exigen tener siempre y protestan cuando las cosas le van un poco mejor –un poco sádicos, ¿no? Pobre hombre, dejadlo disfrutar de vez en cuando-. En este arco argumental, Spidey tendrá que aliarse con los diversos héroes simbióticos Eddie Brock, Flash Thompson y Manía– para hacer frente a un nuevo villano, Maníaco.

Hay que reconocer que, cada vez que tenemos una historia en la que tienen protagonismo los simbiontes, se nos presenta a Spider-Man como un verdaderocapullo intolerante que se niega en rotundo a darles un poco de confianza. Da hasta un poco de rabia, la verdad. Aunque eso causa momentos hilarantes como ése en que Flash le comenta que deje de tratar así al simbionte, que es un abusón, a lo que Peter responde “Increíble, Flash Thompson me acaba de llamar abusón a mí”. Mención especial a que el Spider-Man fusionado con un simbionte se comporta y habla de forma muy, muy similar a la de Masacre. Quizás nos sirva para poder describir al bueno de Wade Wilson cuando alguien nos pregunte quién es: “Imagínate cómo sería Peter Parker con un simbionte… insoportable, ¿verdad? Pues ése es Masacre”.

Quizás lo curioso de este cómic es que el propio Spider-Man tiene poco protagonismo y se lo comen otros grandes personajes que lo eclipsan por completo, como Flash Thompson, Manía o la siempre deslumbrante Felicia Hardy. Siempre se agradece la aparición de la Gata Negra y en esta saga está especialmente espléndida –aunque cuesta un poco seguir la pista de cuándo es buena, cuándo es mala y cuándo es… “caótica neutral”-. Se hace bastante hincapié en esta ocasión en sus poderes de manipulación de la suerte, similares a los de Dominó o los de Longshot, que muchos guionistas suelen olvidar. Es tremendamente divertido que, cada vez que la Gata aparece, el resto de héroes se vuelvan medio tontos por ella, como le pasaba a Iron Fist en el nuevo Defensores de Bendis. Hasta el simbionte de Eddie se pone romántico cuando ve a Felicia, y eso que no es más que un montón de moco negro asexuado del espacio. ¿Tendrá acaso la Gata Negra un superpoder secundario que seduce a todo aquel que se le acerca, como Spider-Woman? ¿O es simple encanto natural?

En cuanto a Venom, personaje central de la historia, confieso que no soy nada fan de él y que me aburre sobremanera cualquier historia en la que participe. Y me refiero a Eddie Brock, por supuesto. En cambio, Flash Thompson me parece un personaje interesante, divertido y del que nunca tengo suficiente. Por eso, esta historia podría haberme aburrido como acérrimo anti-fan de Venom, pero el maravilloso estilo de guión de Slott y el gran protagonismo de Flash –su primera aparición como el nuevo Anti-Venom blanco, espectacular– han hecho que ignore por completo la presencia de Brock y disfrute de una gran historia.

En el apartado gráfico, tenemos a Ryan Stegman, con un estilo visual muy impactante que recuerda al amerimanga noventero al más puro estilo Madureira, pero en una versión modernizada y más acorde con la época actual. En uno de los episodios, lo sustituye Gerardo Sandoval, con un estilo tan parecido al de Stegman que el cambio no molesta en absoluto. En ambos casos, sus hipérboles anatómicas y sus exagerados ángulos cortantes son una verdadera delicia visual.

El volumen se completa con una breve y simpática historieta de una página a cargo del mítico Fred Hembeck en la que Spidey hace alusiones humorísticas a cierto superhéroe de una editorial rival, conocido por ser oscuro, soso, con capa y cuernecillos. Ejem.

No estamos ante una de esas ocasionales tramas que cambian por completo la historia de Spider-Man, como la muerte de Gwen Stacy, la saga del clon o algunas otras historias puntuales. Pero tenemos una aventura divertida, interesante y llena de simbiontes variados dándose de tortas con nuestra araña favorita en medio de todo el fregado. Y encima escrita por el genio Dan Slott, lo cual la hace altamenterecomendable.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | Mocha Dick: una de ballenas

12-11-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

Francisco Ortega al guión y Gonzalo Martínez al dibujo nos traen esta nueva revisión de la leyenda real que inspiró el clásico atemporal de la literatura de Herman Melville, Moby Dick.

El viejo pastor Caleb Hienam rememora su juventud, en la que se enfrentó a la terrible ballena gigante conocida como Mocha Dick. En el siglo XIX, el joven Caleb se embarca en un barco pesquero con la misión de capturar a la temible bestia legendaria y allí traba amistad con un indígena llamado Leftraru, junto al que conocerá la amistad, los peligros de la naturaleza y las tragedias de la humanidad.

La historia tiene un estilo narrativo muy propio delromanticismo –no, no me refiero al “romanticismo” en plan Crepúsculo, sino al movimiento artístico decimonónico-, centrada en la idea de la pequeñez del ser humano frente a lo inconmensurable de las fuerzas de la naturaleza.

Se echa de menos tener a unos personajes algo más trabajados con los que puedas llegar a encariñarte, puesto que la obra está al servicio de la trama de la pesca de la ballena y se pasa muy por encima de los personajes y sus conflictos vitales. Pese a ello, el nativo Leftraru es un personaje interesante y da cierto juego, aunque podría dar mucho más.

El dibujo resulta un tanto amateur, pero es claro, conciso y sirve perfectamente a la historia que está narrando, sin dificultar su comprensión en ningún momento. La edición, a cargo de Planeta, es impecable y su portada es preciosa.

Mocha Dick es un cómic recomendable sobre todo para amantes de la historia, ya que hace hincapié en los indios Mapuche, su interesante historia, cultura y costumbres. Probablemente no sea una obra para todos los públicos, puesto que es difícil que atraiga a un lector que no sea un fanático de la temática –la pesca de ballenas– o de las curiosidades histórico-culturales.

Pero sin duda, si eres un fanático de Moby Dick, de las historias de pesca y de los rudos lobos de mar enfrentados al horror de la naturaleza salvaje que les supera con creces, es probable que devores esta novela gráfica al grito de AAARRRR, MARINEROS.

Artículo de Jöse Sénder.

 

Críticas

Reseña | Regreso a Perdición: El final de la saga más famosa del género negro.

9-5-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

En 2002, Sam Mendes llevó a la gran pantalla Camino a la Perdición, con Tom Hanks y Paul Newman, llamando la atención sobre la novela gráfica original de Max Allan Collins y garantizándole un gran éxito, como suele suceder cuando un cómic es adaptado de forma exitosa al cine.

En aquella ocasión se nos narraba la vida del mafiosoMichael O’Sullivan y, en esta tercera y –suponemos– última entrega de la saga familiar, se nos relata la de su nieto, Michael Satariano Jr. Nuestro protagonista consigue ser liberado de un campo de prisioneros en Laos y volver a Estados Unidos, después de haber sido dado por muerto por su familia durante años. Pero al volver se encuentra con que es el último superviviente de su linaje familiar –o eso le dicen– y que tiene que acogerse al programa de protección de testigos. Para que le dejen llevar una vida tranquila, antes tendrá que hacer unos cuantos encargos para el gobierno americano. Y sí, por encargos nos referimos, obviamente, a asesinatos a sueldo, atando cabos sueltos de operaciones encubiertas de la CIA aliada con la mafia, para acabar con cualquiera que pueda dar fe de dicha alianza apócrifa.

Esta nueva entrega está ambientada entre finales de la década de los 60 y mediados de la de los 70. Como sucediera con sus antecesoras, lo importante no es tanto la historia principal en sí –que es bastante sencillita, por no decir manida-, sino cómo Collins aprovecha para hablarnos del trasfondo histórico y sociopolítico de la época.

Vemos así, entre otros temas, el impacto que tuvo la guerra de Vietnam en la población civil; los últimos estertores del sistema de la mafia clásica de los años 40 y su obligada modernización encarándose más hacia el ámbito de los productores de Hollywood –y, la verdad, no podrían haber elegido mejor momento para hablarnos de la putrefacción y la vida turbia de algunos productores, con todo lo que se está descubriendo últimamente-; el shock que supuso el asesinato del presidente Kennedy y de su hermano; o la extrema corrupción del gobierno de los Estados Unidos.

El apartado gráfico corre a cargo de Terry Beatty –quién mejor para ilustrar un cómic de gángsters que alguien que se apellida como Dick Tracy-, que realiza un trabajo extraño y llamativo, en un punto difuso a medio camino entre el lápiz y la tinta, que puede chocar al principio, pero que facilita la lectura rápida del cómic.

Lo mejor de Regreso a Perdición es que, pese a ser una secuela, está enfocada como una historia independiente y se puede leer sin necesidad de conocer las entregas anteriores, que al fin y al cabo ya se resumen rápidamente en apenas un par de viñetas con todo lo que necesitamos saber para poder disfrutar de esta historia sin perdernos. Es la historia de un personaje nuevo, con unos antecedentes nuevos, con nuevos objetivos y nuevos obstáculos, no una mera continuación de algo que hubiera quedado sin cerrar.

Artículo de Jöse Sénder.

Críticas

Reseña | Crepúsculo de Howard Chaykin: Dioses en el espacio.

7-5-2018

Publicado originalmente en Docpastor.com

En los años 50 y 60, debido en parte al gran éxito del cine de ciencia-ficción que surgió como un síntoma de la paranoia anticomunista estadounidense, se pusieron de moda también en el cómic las historias de héroes espaciales. Historias inocentes, sencillas, infantiles y que pecaban de una ingenuidad tal que a día de hoy las miramos por encima del hombro y hacemos una mueca conmovida mientras pensamos “ay, criaturillas”. Los héroes del espacio que poblaban estas historias sencillas fueron cayendo en el olvido con el auge de los superhéroes y nunca más volvió a oírse de ellos.

Hasta que, en los 90, Howard Chaykin decidió recuperarlos. Y a la vez no. Chaykin creó una historia en la que rescataba a los santurrones espaciales de los viejos tiempos –Tommy Tomorrow, Manhunter 2070 y otros- y les daba la vuelta completamente, para dar pie a una obra fría, destructiva y poderosamente adulta. Recuerda a labor que realizara Gaiman por la misma época, rescatando héroes olvidados, pero en este caso enfocada al por entonces moribundo apartado espacial de DC.

En Crepúsculo –por favor, no confundir con cierta saga literaria del mismo nombre y una calidad infinitamente inferior-, se nos narra una epopeya futurista en que la humanidad se ha expandido más allá de las estrellas, ha alcanzado la inmortalidad y, con ella, la más absoluta y deleznable decadencia de su sociedad.

Con esta excusa, Chaykin aprovecha para hablarnos de temas como el racismo, la explotación sexual, las guerras por dinero, la lucha de clases y la bajeza del ser humano. Pero, por encima de todo, habla de la religión y de cómo el hombre siente una necesidad obsesiva de encontrar algo a lo que adorar, de cómo las antiguas deidades van cayendo en el olvido cuando encontramos otras nuevas que nos complazcan más.

La historia es compleja, llena de una cosmología tan rica en detalles y matices como densa y difícil de digerir. No es una lectura ligera para una tarde tonta, hace falta ponerle ganas y concentrarse para captar todos los hilos que conforman este inconmensurable tapiz cósmico e histórico. Pero, una vez dentro de la historia, vale la pena. Crepúsculo es, más que una simple miniserie de cómic en tres partes, un sesudo ensayo para la humanidad. Y esto inevitablemente no es apto para todos los estómagos, pero aquellos que disfruten con una historia complicada que abarca más de lo que tiene tiempo de contar disfrutarán como enanos.

El antiguo héroe perfecto Tommy Tomorrow se convierte aquí en un escalofriante villano de corte ario y neonazi, que pone la piel de gallina. Incluso los protagonistas, los “buenos” de la historia, tienen su lado turbio, nadie acaba de caerte especialmente bien en una historia que se empeña en contarnos que no existen los héroes y que todo el mundo tiene algo de villano en su interior. Excepto Brenda Tomorrow. Es imposible no amarla. Y además, sospecho que su impresionante parecido visual con Sigourney Weaver no es casual y que obedece a la cualidad de fan de los autores.

El dibujo de José Luis García-López es espectacular, como cabía esperar de él. Limpio, claro y a la vez capaz demostrar la suciedad y el hacinamiento de una forma realista y detallada. Sus portadas son verdaderas obras de arte. El color del interior del cómic es quizás un poco demasiado estridente y chillón para una obra de cariz más tétrico, pero los que leímos cómics en los 90 ya estamos acostumbrados a ello y esto no es nada en comparación con algunas otras obras de la época.

Estamos ante una obra para pensar, para conocer a fondo el comportamiento del ser humano en sociedad y horrorizarnos ante él. Una historia sorprendentemente adulta y oscura, para ser una obra de DC que no se encuentra enmarcada dentro de la línea Vertigo.

Os dejo con una frase del personaje con el nombre más impronunciable de la obra, F’Tatatita: “Eres bastante listo. Para ser un bípedo, quiero decir. Pero alguien que espera gratitud de un gato es un auténtico gilipollas”.

Artículo de Jöse Sénder.