Críticas

Por qué ‘Charmed’ es un reboot decente para pasar el rato

25-10-2018

Publicado originalmente en Batseñales.

Monstruos y risas. Tampoco pedíamos más.

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Últimamente –o más bien en todo lo que llevamos de siglo– Hollywood nos está bombardeando con toda suerte de remakesreboots, secuelas y precuelas innecesarias, como un grito de socorro de alguien que se ha quedado sin ideas y no se le ocurre nada nuevo que contar, teniendo que recurrir a historias que ya estaban hechas y a intentar exprimirlas a ver si dan algo de dinero. La dinámica “para qué vamos a crear algo nuevo si ya tenemos trabajos hechos por otros” ha llegado a unos niveles un tanto agobiantes. Pero de vez en cuando te encuentras con uno de esos reboots que se toman poco en serio a sí mismos y te sacan una sonrisa o incluso varias, como el de Cazafantasmas o el que ahora nos ocupa: Embrujadas 2.0 (¡Ahora con ración extra de demonios!)

Seamos sinceros, ‘Embrujadas’ nunca fue una obra maestra de la televisión, una obra de culto que haya quedado grabada en el inconsciente colectivo como un referente de la calidad artística o del guión espectacular, como puedan haberlo sido ‘Twin Peaks‘, ‘Expediente X’ o ‘24‘, por citar algunos clásicos atemporales. ‘Embrujadas‘ era una serie procedimental más, con su parte de culebrón y sus historias autoconclusivas que se repetían bastante. Los personajes te podían llegar a caer bien –algunos más que otros– pero no llegabas a amarlos porque eran muy simples y poco trabajados –excepto Piper, Piper era genial– y, si había alguna trama horizontal de temporada, probablemente les había salido sin querer. Por supuesto que sus protagonistas derrochaban carisma –aunque quizás sea la nostalgia la que me haga decir esto-, pero el guión de la serie no destacaba por su calidad. Si nos la tragábamos sin falta cada tarde y si aún la recordamos con cariño y nostalgia es porque somos unos frikis.

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Por eso este reboot –o remake, nunca entendí la diferencia– tampoco es que haga daño al recuerdo de la original. Aporta alguna cosa nueva –pocas– y no hace que el fan acérrimo de la serie original se indigne y llore de rabia, más que nada porque el fan acérrimo de la original probablemente ni siquiera exista.

Veamos rápidamente algunos puntos a favor de esta nueva versión del “clásico” (¿?) de los 90 y principios de los 2000:

Diversidad

Probablemente su mayor punto a favor sea la diversidad que hay en la serie y sobre todo la forma en que parecen usarla a lo bestia para burlarse de cualquier broflake ofendido por ver a minorías raciales o al colectivo LGTBQ tener algún papel en películas o series. Muchos disfrutamos cada vez que vemos conseguir un papel a alguien a quien hasta ahora no se lo habrían permitido –Jodie Whittaker en ‘Doctor Who’, Nia Nal en ‘Supergirl– ni que sea por pensar en la cara de desesperación e impotencia que se les debe poner a estos especímenes de la era Neanderthal y reírnos de ellos. Y está claro que el equipo creativo de la serie no sólo ha querido representar la diversidad en su obra, como es lógico y normal en pleno siglo XXI, sino además aprovechar para burlarse de esas criaturas prehistóricas que ya echaban espuma por la boca en cuanto se supo que iban a hacer un remakeprotagonizado por tres mujeres de raza negra –pues como se enteren de que además una de ellas es lesbiana, preveo un boom económico entre los cirujanos cardiovasculares de todo el mundo-. Y por si alguno de ellos conseguía ver un capítulo entero sin ir a buscar su capuchón blanco y su soga, además tenemos alegatos feministas y jocosas pullas anti-Trump cada dos por tres, para disuadirlos del todo.

Crafteo

Uno de los problemas de la serie original es que los malos eran muy fáciles de vencer. Sí, mucho drama y mucho “oh, un demonio, qué miedo”, pero al final bastaba con recitar unas cuantas rimas las tres a la vez y gritar hasta la saciedad “el poder de tres” y ya está, el malo se desvanecía como si Thanos hubiera chasqueado los dedos. Ahora se lo tienen que currar un poco más y las podemos ver recolectando elementos difíciles de conseguir para hacer sus pociones, poniéndose en peligro e investigando a fondo cómo vencer a cada demonio específico, que no hay dos iguales. Lo que en el mundo del videojuego se conoce como craftear. También es divertido y refrescante observar la modernización de la serie y cómo nos demuestran que –como nos enseñó Jenny Calendar en ‘Buffy Cazavampiros‘, pero más 2018– lo místico no está reñido con lo tecnológico. ¿Que necesitamos un espejo para atrapar a un monstruo con un hechizo de la antigüedad? Pues nada, aquí tengo la app espejo del iPhone y santas pascuas.

Los personajes

En apenas dos capítulos quizás no ha dado tiempo a conocer a los personajes a fondo, pero ya se ven más trabajados que en la original –vale, sí, excepto Piper-. El nuevo ángel de este reboot, Harry, tiene unos trescientos litros de carisma más que Leo –medida aproximada, consultar tabla periódica de medidas de carisma en Luces Blancas– y encima es británico, siempre un punto a favor. Las tres protagonistas no representan los mismos personajes de la anterior, pero sí que es evidente que están muy influidas por éstas, tanto en sus poderes como en su personalidad: Mel es Piper, Maggie es Phoebe y Macy es Paige, eso está claro desde el minuto uno. Todo un detalle que hayan empezado directamente con la trama de las dos hermanas que descubren que tienen una tercera y hayan obviado del todo la existencia del personaje menos querido de la serie original, Prue. Además, aquella trama era interesante, pero a las alturas de la serie que la pusieron ya parecía metida con calzador, así que es todo un acierto haber metido ese plot twist nada más empezar. Y la verdad es que ver dos capítulos seguidos y no amar locamente a Macy –la nueva Paige– parece una tarea imposible.

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También tiene algunos puntos débiles, por supuesto:

Lo que falta

Sólo llevamos dos capítulos, así que es probable que la serie gane dimensión y el elenco de personajes se amplíe más adelante, como sucedió ya en la serie original. Pero de momento el reparto es reducido y familiar. Se echa de menos a personajes muy míticos, sobre todo a Cole/Balthazor, el héroe/villano enamorado de Phoebe al que interpretaba Julian McMahon (‘Nip/Tuck’) y que nos tenía en vilo con sus idas y venidas entre el bien y el mal. Tampoco aparecen de momento otros personajes que en la original llegaban varias temporadas más adelante y daban vidilla a la historia, como Chris –el hijo de Piper y Leo venido del futuro, interpretado por Drew Fuller– o Billie –la aprendiz de bruja que tomaban bajo su tutela las hermanas Halliwell y que no era otra que Kaley Cuoco (Penny de ‘Big Bang Theory’)-. Pero démosles tiempo para ir ampliando la historia y a sus personajes, de momento no han hecho más que empezar.

La historia en sí

Al igual que su predecesora, la nueva ‘Embrujadas‘ no es más que una comedia ligera con monstruos, que no pasará a la historia como una serie legendaria que siente las bases de una nueva forma de hacer televisión ni nada parecido. Lo de mezclar una historia de cazadores de monstruos con una profundidad psicológica y dramática que haga historia, me temo que sólo se le daba bien a Joss Whedon y su equipo de guionistas de ‘Buffy Cazavampiros’ –que si ahora están casi todos en ‘Daredevil’, por algo será-.

‘Charmed (2018)’ no es una de esas series profundas que devoras con ansia esperando a saber qué pasará en el próximo capítulo y que llenan cualquier vacío espiritual con sus historias complejas y alucinantes. Pero es entretenida. Te echas unas risas. Y hace un buen uso de los cliffhangers para enganchar. ¿Qué más se le puede pedir a un producto así? Bueno, sí… ni que sea un pequeño cameo de Holly Marie Combs.