Un repaso a lo que convirtió a esta serie en un fenómeno de masas

25 años después de su estrenoBuffy, cazavampiros sigue siendo una de las series más exitosas de la historia. Uno de los puntales de la cultura pop contemporánea, con una base de fans que nada tiene que envidiar a los Trekkies. La única serie que puede alardear de haber generado un cambio tan profundo en el modelo narrativo que incluso cimentó la forma de hacer televisión en el siglo XXI. Sin ella, a día de hoy, no tendríamos Juego de tronosBreaking Bad ni The Walking Dead.

No es un libro común. No es uno de esos manuales en los que se enumeran personajes y se rememoran escenas emblemáticas, sin aportar nada nuevo a quien ya haya visto la serie. Se centra en explicar, de forma amena y llena de curiosidades, qué hizo a Buffy tan especial, por qué llegó a convertirse en una obra de culto, cómo afectó no sólo al modelo de producción audiovisual sino incluso a la sociedad. Qué puntos fuertes la llevaron a destacar entre sus competidoras del momento, qué locos atrevimientos realizaron sus guionistas y directores que casi vuelven locos a los productores -pero más aún al público- y, sobre todo, cómo una en apariencia simple «comedia de superhéroes» logró impactar de formas insospechadas al mundo que la rodeaba.

Buffy, cazavampiros no es solo la serie que cambió para siempre la vida de muchos. Es la serie que cambió el mundo.

DIVULGACIÓN – Series – 2022 – Dolmen Editorial


«Buffy nunca se irá de nuestras vidas. Cada vez que se estrene una nueva serie sobre una mujer con habilidades extraordinarias que intenta no tener que sacrificar su felicidad para anteponer el bienestar del mundo; cada vez que veamos una historia de fantasía pensada para simbolizar problemáticas sociales; cada vez que un producto adolescente lo protagonicen los nerds y no los populares; cada vez que una serie combine de forma orgánica las tramas episódicas autoconclusivas con los arcos de temporada complejos… Buffy Summers estará ahí detrás, sonriendo desde la siguiente bocacalle y guiñándonos un ojo por encima del hombro, satisfecha de su aportación.»


Una gozada para todos los fans. Gracias, Jöse Sénder, un regalo este libro.

-Blog Libros y Literatura

Un viaje nostálgico que me ha recordado mucho de lo que hizo tan grande a esta serie.

-Revista cultural La Soga

Después de leerlo no puedo estar más satisfecho de haber podido leer un libro que me ha demostrado por qué me gustaba tanto esta serie. (…) Un libro imprescindible sobre el Buffyverso.

-Via News

Recoge los entresijos, curiosidades y detalles del show, además del impacto que este tuvo en los medios audiovisuales tanto por sus tramas como por su manera de relatar la historia.

-Blog Mifuga en Instagram

Un libro interesante no solo para los fans de la serie, que se enterarán de cosas interesantísimas, sino también para el que esté interesado en la industria cinematográfica, porque casi ninguna de las series actuales existiría de no haber sido por la revolución que supuso “Buffy, cazavampiros”, que de verdad cambió el mundo tanto en lo referente al cine como a nivel social.

-Blog Anika entre libros

Exhaustivo, hiperbólico -al título me remito-, ameno, redactado con humor, con subapartados de Top Ten, anécdotas y datos rigurosos, lo mejor que se puede decir de él es que no solo analiza la serie y el fenómeno Buffy, sino que lo hace transmitiendo la ilusión y pasión por el proyecto. Y eso es lo que convierte a este libro en una joyita.

-Blog Hombre de Bronze

El libro está completísimo, es de fácil lectura y tiene muchos detalles que no se ven en otros libros sobre la serie.

-Cliente Amazon

Libro genial para los fans de la serie. Muy bien escrito y con multitud de datos que desconocía. ¡Imprescindible!

-Cliente Amazon

El libro es una maravilla, visualmente y a nivel de estructura.

-Programa ‘En Serie’ de À Punt Ràdio (Valencia)

Presentación en FNAC Barcelona – Diciembre 2022


¿Quieres leer la primera página para ver si te atrae? Aquí la tienes:

Buffy y yo

Finales de los noventa.

Una turbulenta época en la que nos fascinaba el rock indie, bebíamos Radical con sabor a frutos del bosque, lucíamos camisas de franela y nos matábamos por el merchandising de Fido Dido.

Acabo de salir del instituto y estoy en casa de un amigo, esperando a que se duche y se arregle para ir a tomar algo. Hace aparición su madre, que se dirige con gesto apresurado al televisor.

               ―De prisa, va a empezar Buffy ―me dice, instándome a que la acompañe.

No tengo la menor idea de a qué se refiere.

               ―La que mata a los vampiros. ―Es toda la explicación que tiene a bien darme, como si tuviera que entender de qué demonios me está hablando.

Me siento en el sofá, resignado a soportar, por mera educación en casa ajena, alguna horterada antediluviana que le aseste a mi adolescencia una letal puñalada de aburrimiento. Da comienzo el episodio Amends, el décimo de la tercera temporada de Buffy, cazavampiros, el primer episodio de aquella insólita serie sobre el que jamás posaría mis ojos.

En la pantalla de tubo de última tecnología, un misterioso vampiro llamado Angel ―que, pese a ser un chupasangre, parece un tipo majo― es atormentado por visiones de personas a las que asesinó siglos atrás y acaba por intentar suicidarse, sentándose a ver salir el sol la mañana de Navidad. Una chica que derrocha carisma por cada poro de su piel, aunque supuestamente se dedica a matar vampiros, paradójicamente se desvive para salvar a este. Una enigmática criatura que dice ser la personificación del Mal como concepto aparece para atar cabos sueltos sobre tramas enrevesadas que me suenan a chino y comenzar a tejer otra que no se desarrollaría hasta cuatro temporadas después.

Cuando mi amigo está al fin listo para que nos vayamos, le digo que cierre el pico y se siente, que no pienso salir de allí hasta que se termine esa maravilla que me tiene atornillado al asiento.

Desde entonces, ya no puedo pensar en otra cosa. Vuelvo a casa y el resto de las series del momento me parecen vacías, estúpidas y predecibles. Ninguna tiene la inexplicable y adictiva mezcla de comedia, tragedia, terror y existencialismo que me dejó con la boca abierta durante sesenta inolvidables minutos ―para colmo, aquel especial de Navidad era más largo de lo habitual―. Ninguna tiene personajes tan bien escritos, evoluciones tan interesantes, alegorías tan acertadas, momentos tan hilarantes seguidos de puñetazos emocionales tan intensos.

Ninguna es Buffy.

Veinticinco años después, con muchas más arrugas y mucho menos pelo, con una carrera de cine y audiovisuales a mis espaldas en la que consumí muchísima cultura narrativa, sigo sin encontrar una obra de ficción que me haya llegado a impactar al mismo nivel.

Y me maravillo al contemplar la poderosa obra de culto que sigue siendo hoy. Las legiones de fans que enloquecen por la serie a un nivel que roza lo trekkie. Los chavales que eran demasiado jóvenes para haberla visto en su momento ―o que no habían nacido siquiera― y aun así han llegado a adorarla de forma religiosa a posteriori. La serie ha crecido casi tanto como sus personajes, expandiéndose en todas direcciones y dando lugar al llamado buffyverso en sus numerosos cómics, que han superado ya la friolera de cuarenta reediciones. Hay incluso universidades que estudian el fenómeno Buffy y sus aportaciones a la lucha por la igualdad de género o a la forma de escribir guiones en las dos últimas décadas.

Muy lejos de haber quedado obsoleta, como otras series de su época, sigue siendo el epicentro de la cultura friki, amén de uno de los puntales básicos de la narrativa audiovisual del siglo XXI, sin la cual prácticamente no tendríamos nada de lo que ahora disfrutamos.

Una superheroína adolescente que lucha contra monstruos clásicos del cine de terror. Un modo de narrar que nunca se había usado, pero que se ha imitado hasta la saciedad desde entonces. Criaturas sobrenaturales como metáforas sociales. Fantasía y acción en un producto televisivo mainstream. Empoderamiento de la mujer. Reivindicación del marginado social frente al cliché de los populares.

«La que mata a los vampiros», decía la madre de mi amigo. Nunca olvidaré esa sencilla frase, porque fue la primera vez que oí hablar de Buffy. Y, para mí, «¿cuándo fue la primera vez que oíste hablar de Buffy?» viene a ser un poco el «¿dónde estabas tú cuando el hombre llegó a la luna?» de la era posmoderna.

 

Buffy, cazavampiros no es solo la serie que cambió para siempre mi vida y la de muchos otros.

Es la serie que cambió el mundo.

 

Jöse Sénder. Sunnydale, Barcelona.

Si te ha gustado y quieres seguir leyendo, el libro está disponible en la web de Dolmen y en Amazon.

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