El terror explicado a través de sus tres grandes arquitectos. Tres maestros, tres visiones, un mismo legado de horror

Ningún género narrativo ha evolucionado tanto a lo largo de la historia como el terror, que se adapta a los tiempos como un inmortal vampiro. Grandes figuras lo han encumbrado, clásicos atemporales para llenar enciclopedias. Sin embargo, existen tres autores cuyas contribuciones cambiaron el terreno de juego de formas nunca vistas y, sobre todo, que se influyeron entre sí de un modo indisoluble.

Edgar Allan Poe, que se centró por primera vez en explorar la psique humana. H. P. Lovecraft, que hizo evolucionar la narrativa psicológica de Poe y planteó la filosofía del cosmicismo. Stephen King, que admiraba los horrores innombrables de Lovecraft y nos los trajo a un mundo a pie de calle.

Tres formas de narrar muy propias, que impactaron a la sociedad, engendrando legiones de imitadores, suscitando un sinfín de adaptaciones audiovisuales. Tres autores que se retroalimentan, que no podrían existir unos sin los otros. Aquí descubrirás cómo y por qué se convirtieron en leyendas.

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«Cubre con una tela tu retrato ovalado, encierra en el desván al color que vino del espacio y apaga el motor de ese coche asesino de los años cincuenta. Es hora de adentrarse en el mundo de tres maestros ―tres dementes, tal vez― que cimentaron el horror literario como las tres patas de un monstruo alienígena. Es hora de conocer al triángulo del terror.»


Si te gusta la literatura de terror, este libro, sí o sí, lo tienes que tener.

-Monmislilith

Un libro que se disfruta desde el primer momento. Una lectura amena que conecta a tres autores clave y muestra cómo sus ideas, obsesiones y miedos fueron encajando unas con otras hasta construir el imaginario que seguimos consumiendo hoy. No necesitas ser un experto ni haber leído toda su bibliografía para disfrutarlo. Ideal tanto para fans del terror como para quienes quieren empezar a entender el género sin perderse en tecnicismos.
-Frikotaku



¿Quieres leer las primeras páginas para ver si te atrae? Aquí la tienes:

INTRODUCCIÓN: TRES ES MULTITUD

¿Puede haber género narrativo más eterno que el terror? ¿Acaso no empezaron todas las historias de la misma especie humana como macabros cuentos de advertencia en torno a la hoguera? Siendo una temática tan ancestral, es de lógica que el terror haya evolucionado como ningún otro género, adaptándose siempre a los tiempos como un inmortal vampiro, para no perecer jamás.

Por supuesto, ha habido grandes figuras que lo han encumbrado, clásicos atemporales por los que nunca pasa el tiempo, llegando tal vez a su punto álgido con el emblemático Frankenstein de Mary Shelley y, ochenta años más tarde, el Drácula de Bram Stoker, mucho más mediocre que el anterior, pero de similar importancia histórica. Autores de terror que hayan pasado a los anales de la literatura los tenemos, por suerte para los amantes de los sustos, a puñados: Mary Shelley, Richard Matheson, Shirley Jackson, Clive Barker, Tanith Lee, Robert Bloch… Sin embargo, si nos pusiéramos a pormenorizar la obra de todos ellos, de ahí no saldría un libro, sino una enciclopedia para la que necesitarías despejar tres o cuatro estantes de casa. Entonces, ¿con cuántos nos quedamos?

Tres es el número mágico.

Tres es la cifra que teje las trilogías literarias, las comidas del día, los colores lumínicos, las brujas que atormentaban a Macbeth, el juego de piedra, papel y tijera o los integrantes de Nirvana. Y, sobre todo, tres son los autores que puedes embutir en un ensayo sin dejarte gran cosa en el tintero.

Y esos tres autores serán Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft y Stephen King ―prometo desquitarme de tanta testosterona en futuros libros―. ¿Por qué ellos? Para estudiar el terror, necesitamos a tres personas que hayan cambiado el juego de la literatura como nadie más lo ha hecho; que hayan impactado a la sociedad, engendrando miríadas de imitadores; que hayan suscitado un sinfín de adaptaciones audiovisuales. ¿Y quién podría haber marcado más la deriva narrativa que estos tres maestros? Sí, todos los fans del terror veneramos Frankenstein, pero la obra de Shelley es muy variopinta y no se centró en este género, sino que saltaba entre la ciencia-ficción, el drama social, las aventuras, la novela histórica, la autobiografía… ¡incluso contribuyó a enciclopedias sobre literatura! Y aquí hemos venido a hablar de gente que haya engendrado una amplia base de historias de espanto.

Poe fue el primero en ver que el terror gótico, basado en escenarios siniestros y golpes de efecto, ya no funcionaba y que había que centrar la trama en lo emocional, en la exploración de la psique humana. Lovecraft se nutrió de esa narrativa psicológica y la hizo evolucionar, generando un estilo basado en parte en el pánico a la propia demencia, además de inventar el subgénero del horror cósmico que marcaría la literatura escalofriante del siglo XX. King, gran admirador de Lovecraft, tomó estos inabarcables conceptos cósmicos y se propuso trasladarlos a un plano mucho más cotidiano, para que la existencia de maldades sobrenaturales que escapan a la comprensión se nos hiciera aún más asfixiante al darle plausibilidad; y, por si fuera poco, sublimó la idea común de sus dos predecesores de inspirarse en sus propios miedos reales a la hora de escribir ―y hay que tener en cuenta que tanto él como Lovecraft se caracterizan por tenerles fobia a una miríada de cosas distintas―, generando metáforas fantásticas al respecto.

Lovecraft era tan fanático de Poe que incluso decidió escribir una novela ambientada en la Antártida, En las montañas de la locura, que reflejara la única obra larga de su ídolo bostoniano, La narrativa de Arthur Gordon Pym de Nantucket, y la pobló de guiños, como el uso de la misteriosa expresión de Poe «tekeli-li». Por su parte, King admira tanto a Lovecraft que inspiró en él un sinfín de ideas, escribió algunos relatos ambientados en el lore de los mitos de Cthulhu e incluso llegó a asegurar que uno de los muchos nombres de Randall Flagg, el villano recurrente de varios de sus libros, era Nyarlathotep, como el personaje prácticamente idéntico de la cosmología lovecraftiana. Si algo antagoniza a estos dos últimos, es su diferencia lingüística: mientras que Lovecraft se esmeró en construir un lenguaje soberbio, pulcro y elegante para transportarnos a mundos de fantasía oscura que un uso prosaico del idioma no era capaz de representar, King procuró traer ese ambiente siniestro a un plano más cotidiano, sin excesos gramaticales. El primero trataba de dejarnos claro que sus terroríficas narraciones tenían lugar en un mundo de horrores para los que el lenguaje común se quedaba corto; el segundo, que esas abominaciones también es posible hallarlas en el mundo de nuestro día a día, del que no podemos escapar, y ni siquiera un escudo de lenguaje pomposo como el de Lovecraft nos va a proteger de ellas.

Estamos ante los tres escritores de terror que más han influido a cuantos les sucedieron, generando cada uno de ellos una forma de escribir muy propia, que caló como la más terca lluvia en la sociedad y en las artes narrativas. Es imposible dedicarse a dicho género literario ―o siquiera a su equivalente cinematográfico― sin antes conocer bien a esta tríada de genios. Por eso, a lo largo de este libro, estudiaremos a fondo sus estilos narrativos, qué elementos aportaron a la novela de terror y cómo se influyeron unos a otros.

Cubre con una tela tu retrato ovalado, encierra en el desván al color que vino del espacio y apaga el motor de ese coche asesino de los años cincuenta. Es hora de adentrarse en el mundo de tres maestros ―tres dementes, tal vez― que cimentaron el horror literario como las tres patas de un monstruo alienígena. Es hora de conocer al triángulo del terror.

«Dijo el cuervo: Iä, iä, Pennywise fhtagn.»

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